NOTAS

Tenéis este sitio para que podáis resolver entre vosotros las cuestiones que "conviene saber del tema 1". Según me habéis dicho algunos, os ayudaría poder trabajar de modo análogo a Antropología I.

En este otro sitio, podéis resolver lo que corresponde al tema 2.

lunes, 17 de mayo de 2010

La serenidad

Todo llega a su fin: también los comentarios a estos dos magníficos libros.

Paso a señalar algunos lugares de interés de este último capítulo.
1. Consta en este capítulo la intimísima relación existente entre el "carácter inmanente del ser vivo" y "el vivir ético", es decir, la relavancia antropológica de esa nota metafísica de todo ser vivo.
2. Realismo ético: libertad con un punto de partida y libertad que configura la propia vida. Estas tesis superan con mucho la propuesta roussoniana relativa a la espontaneidad de la libertad; como también la falacia de la libertad como autonomía, en su referencia al orgien (partimos de algún sitio), y en su referencia al fin (nos dirigimos a la relación interpersonal, a la no-autonomía, a la no-independencia).
3. Responsabilidad, superación de toda frivolidad, necesidad imperiosa de "decidir atendiendo a lo real": "la propia actividad a lo largo del tiempo adopta la forma de destino. Quien no desee esto no podrá actual. Pero esto tampoco le servirá de nada porque la omisión se le convertirá en destino".
4. Las cosas más relevantes de nuestra propia biografía no son "elegidas", sino que "nos las encontramos". Cierto que nuestras decisiones son relevantes, pero se entrecurzan con otras tantas circunstancias no elegidas. O desesperamos de la relevancia de nuestras decisiones -todo queda sumido en el devenir histórico que está fuera de mi dominio-, o "acepto", "asumo" el sentido de lo que no elijo, pero "encuentro en el camino".
La cuestión es ¿Qué postura adoptar ante lo que "sucede"? Fanatismo, cinismo y serenidad.

En cuanto al cinismo, en primero os dije (creo) que los cínicos me dan miedo. La perspectiva que adopté respecto al cínico era la de su capacidad de mentir con la palabra y con el cuerpo. Aquí la mentira es "posición existencial" frente a la realidad. Tal vez se entienda aún más por qué hay que "huir" del cínico -Spemann propone combatirlo si se dedica a hacer daño-.

48 comentarios:

Anónimo dijo...

Ana I. Guijarro Prieto (Ed. Infantil)

Voy a comenzar haciendo una introducción de este último tema, para posteriormente analizar, las distintas posturas que se pueden adoptar ante lo sucedido.

Cuando el individuo actúa, procede de una determinada manera, es él, el que debe de dar respuesta de la actividad o comportamiento que ha llevado a cabo. Ese acto pasa a convertirse en ese momento en algo irrevocable que para bien o para mal ya forma parte de él.
Cuando actuamos ya hemos elegido nuestro destino, pues toda acción que protagonizamos, la ejecutamos con un fin, es decir, hacemos algo lleno de significado dentro de lo que las circunstancias nos permite. En función de la acción que se lleve a cabo, así será la influencia que provocará en nosotros, pues al fin y al cabo, toda actividad acaba configurándonos. Todo lo que hacemos nos modela de manera irrevocable.

Ante cualquier hecho acontecido podemos adoptar tres posturas diferentes:
1. El fanático: defensor de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos. Es el revolucionario, el que no reconoce límites morales a su proceder.
2. El cínico: no adopta el partido del sentido contra la realidad, sino el de realidad contra el sentido; renuncia al sentido. Cree en el derecho del más fuerte.
3. Y finalmente la serenidad: es la actitud razonable del hombre frente al destino. Es aquel que acepta voluntariamente lo que el no puede cambiar: la actitud de quien acepta los límites. Quien no acepta el destino no puede aceptarse a si mismo.

Bajo mi punto de vista, creo que la forma más adecuada de proceder se corresponde con la serenidad, me viene a la cabeza un cierto paralelismo entre lo que dicho estado defiende, y lo que de pequeños nuestros padres nos inculcaron. Cuando somos pequeños nos enseñan que hay unos límites que no podemos sobrepasar. Límites que bajo mi punto de vista, forman parte de la educación recibida, y que son los que con el paso del tiempo se van fraguando y nos van permitiendo asumir voluntariamente los límites que nos presenta la realidad y que no podemos modificar. Y es que no podemos llamar a este hecho resignación, pues cuando tenemos resignación ante algo inevitable, es un proceder humano.

Un saludo para todos, y mucha suerte en los exámenes.

Vanessa Yebes González dijo...

Vanessa Yebes González
Lengua Extranjera.

Actuar es algo inherente al ser humano, en la vida la toma de cualquier decisión supone actuar en un sentido u otro.
Nuestras acciones interactúan con la realidad y con las acciones de los que nos rodean.
De este modo, el fin de nuestras decisiones puede cambiar. Es por esto que debemos ser capaces de asimilar la marcha de los acontecimientos.
No supone una resignación, desde el punto de vista negativo, simplemente es la aceptación de las posibilidades que nos puede dar el futuro, desde un punto de vista no catastrófico.
Si pensar que nuestras acciones no tienen importancia porque no está de nuestra mano lo que puede traernos la vida, nos resignaríamos a ver los acontecimientos pasar por encima de nosotros sin poder construir nuestro futuro o participar de él, hasta la muerte.
para las personas esto sería imposible, cualquier decisión que tomemos condiciona nuestro futuro.

Sara Martínez Hernández dijo...

Hola!

Voy a hacer un pequeño resumen de este tema.
Hemos podido comprobar que cuando el hombre actúa, se configura a sí mismo mediante la acción.Por ello, como dice el autor "para el hombre no existe ninguna accióm que no tenga presupuestos, que venga de la nada y conduzca a la nada, eso significa ya haber aceptado unas condiciones dadas". Podemos ver como el destino influye en el hombre sin que este pueda hacer nada para remediarlo, pues no podemos controlar las consecuencias de nuestras acciones a largo plazo. Actuar conlleva también sufrimiento. Por ello, hay tres formas de enfrentarse a lo que sucede:
Fanático: aquel que considera que no existe más sentido que el que nosotros damos.

Cínico: aquel que renuncia la sentido y considera la acción desde el acontecer mecánico.

La serenidad: actitud razonable del hombre hacia el destino, con la que acepta voluntariamente lo que no puede cambiar.Esto es realmente importante pues quien no acepta el destino, no puede aceptarse a sí mismo, y esto es clave para llevar ua vida feliz.

Por último cabe destacar un apunte que hace el autor: " Los mayores tienen la tarea de introducir a los jóvenes en su mundo de valores hasta que puedan comprenderlo, de modo que desarrollen sus capacidades de identiifcación y puedan entender su actividad independiente como un proseguir la tarea de los anteriores".

Saludos!

Raquel Chacón Chavarría E.Infantil Titulados de Madrid dijo...

Hola a todos. Aquí os dejo mi resumen del último capítulo.
-Cada vida humana es más bien un todo de sentido. Es el mismo individuo quien tiene que responder de su comportamiento en un sentido absoluto.
-Cada una de nuestras acciones ejerce un influjo indirecto sobre nosotros mismos configurándonos. Pertenece a una vida justa tener la clara conciencia de que todo lo que hacemos nos modela de forma irrevocable. La propia actividad adopta la forma de destino. Sin embargo no sabemos lo que a la larga se sigue de nuestras acciones. Actuar significa despreocuparse de sí y de las propias intenciones.
-El fanático es aquel que está afincado en la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos. Es el revolucionario que no reconoce límites morales a su proceder, porque parte de la idea de que sólo gracias a éste adquiere sentido el mundo.
-El cínico no adopta el partido del sentido contra la realidad, sino el de realidad contra el sentido; renuncia al sentido. Considera la acción bajo el aspecto del acontecer mecánico.
-Una acción con sentido sólo puede darse si nos situamos en una relación positiva con la realidad que nos depara el marco de nuestra acción.
-La serenidad es la actitud razonable del hombre frente al destino. Quien no acepta el destino, no puede aceptarse a sí mismo. Pero no significa pasividad sino afirmación de una realidad que merece que se le ayude modificándola.

Estefanía Montoro García (titulada Ed. Infantil) dijo...

Hola a tod@s, en este último comentario del curso voy a destacar las tres maneras en las que podemos situarnos en relación con lo que sucede, estas son:

1.Fanatismo, afincarse en la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos.
2.Cinismo, adoptar el partido de la realidad contra el sentido, renunciando a este. Creer en el derecho del más fuerte.
3.Serenidad, actitud razonable del hombre frente al destino; la actitud de aquel que acepta voluntariamente, como un límite lleno de sentido, lo que él no puede cambiar. La persona serena actúa con firmeza, pero ha aceptado la marcha de las cosas, que posibilita a la vez su actividad y su posible fracaso.

El libro de Spaemann concluye con una frase de Espinosa que quiero destacar “La felicidad no es el premio de la virtud, sino la virtud misma”.

Un saludo y suerte en los exámenes.

Unknown dijo...

A la 3ª postura del hombre frente al destino, la denominamos serenidad. Es aquella en la que el hombre acepta voluntariamente, como un límite lleno de sentido, lo que él no puede cambiar; es la actitud de quien acepta los límites.

Quien no acepta el destino, no puede aceptarse a si mismo. Y sin amistad consigo mismo, no puede darse una vida recta.

Epicteto y Séneca alabaron la aceptación del destino como la liberación definitiva del hombre, y decían que quien asume voluntariamente lo que de todos modos sucede, nada le puede suceder en contra de su voluntad, es libre. El ideal del sabio estoico era la apatía, la ausencia de dolor y de pasión. Pero esta actitud, recorta la dimensión humana del compromiso apasionado, e incluso lleva a actuar por pura razón moral, lo que resulta contradictorio teniendo en cuenta que los estoicos aceptaban también la naturaleza.

La doctrina cristiana enseña también la serenidad ante el destino, pero a diferencia de los estoicos, es más realista y ese realismo consiste en que los límites de la subjetividad natural son delimitados de acuerdo con la realidad. El cristiano no se queda impasible.

Dios es origen y garante de las exigencias morales, y además es señor de la historia, es decir, Dios es honrado también con nuestros fracasos y además garantiza la armonía definitiva de nuestras intenciones con la marcha del mundo.

La persona serena actúa con firmeza pero acepta la marcha de las cosas, que posibilita a la vez su actividad y su posible fracaso, ya que sabe que no es por él y por su actividad por lo que el sentido penetra en el mundo.

La serenidad no significa pasividad, sino afirmación de una realidad que merece que se le ayude modificándola, y esta aceptación de la realidad es la condición para que el hombre pueda vivir amistosamente consigo mismo y con sus semejantes.

Aceptamos el mundo tal y como nos lo entregaron los mayores, y los jóvenes reciben la herencia que se les entrega y prosiguen esos propósitos. Por tanto, los mayores tienen la misión de introducir a los jóvenes en su mundo de valores, y los jóvenes sólo pueden actuar con sentido si se sitúan en una relación positiva con la realidad inacabada con que se encuentran.

En conclusión, pertenece a las fundamentales obligaciones del hombre para con sus iguales, el facilitarles la serena aceptación del destino.

Un saludo a todos.

Lourdes Marcos (Ed. Primaria)

Unknown dijo...

Buenas tardes. Soy Lourdes Marcos.

Hoy toca hacer el resumen del último capítulo del libro de Ética (Spaemann). Cap. VIII

El tema de la serenidad aparece raramente en la Ética moderna, ya que la Ética tiene que ver con actos que dependen de nosotros. No obstante, es importante que el hombre mantenga una correcta relación con aquello que sin su intervención es, como es. Ya Hegel escribió que el principio de la ciencia moral es el respeto que debemos tener al destino.

La dignidad del actuar humano reside en que no forma parte de un acontecer más amplio como si fuese un simple elemento inconsciente. Cada vida humana es más bien un todo de sentido. Es el mismo individuo quien tiene que responder de su comportamiento en un sentido absoluto; lo que hace aquí y ahora o deja de hacer, es algo irrevocable y forma parte de su vida para siempre y como tal, tiene que responder de ello.

Quien actúa, no tiene la posibilidad de elegir entre relacionarse o no con la realidad, sino que lo hace ya al actuar (o no actuar) aceptando ya el destino.

No existe acción alguna para el hombre que no tenga presupuestos, esto es haber aceptado ya unas condiciones dadas.

A diferencia de los animales, el hombre al actuar modifica a la vez las condiciones que enmarcan su comportamiento: esto es lo que llamamos historia. Pero esto, sólo lo pueden hacer a condición de que acepten previamente determinado marco de su actividad (quien no puede o no quiere hacerlo, seguirá siendo un niño). A estas determinadas condiciones, pertenece nuestra biografía.

No sólo la realidad es como es sin nosotros, sino que, en alguna medida, nosotros somos como somos sin poderlo modificar. Nuestro “ser así” no es algo fijo que determina nuestra actividad, sino que viene configurado por nuestras continuas acciones, aunque tampoco nuestra continua actividad comienza de cero. Cada una de nuestras acciones ejerce un influjo indirecto sobre nosotros mismos configurándonos.

Por tanto, pertenece a una vida justa, tener conciencia clara de que todo lo que hacemos (o dejamos hacer) nos moldea de forma irrevocable: la propia actividad a lo largo del tiempo, adopta la forma de destino.

Cada uno de nosotros somos destino para otros, lo mismo que otros son destino para nosotros. Y no tenemos en la mano ese destino. Por eso, actuar significa desairarse de sí (despreocuparse de sí mismo y de los propios intereses).

Como la vida de cada hombre es un todo de sentido, tendremos que situarnos en una consciente relación con lo que sucede, e incorporarlo al sentido de nuestra vida. Hay tres posturas:
- fanatismo
- cinismo, y
- serenidad.

Fanático es aquel que está afincado en la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos. Fanático es el revolucionario que no reconoce límites morales a su proceder.

El cínico no adopta el partido del sentido contra la realidad, sino el de la realidad contra el sentido, es decir, renuncia al sentido. Cree en el derecho del más fuerte. Se parece tanto al fanático que en la práctica se confunden.

Lo mismo que al escéptico radical, al cínico tampoco se le puede abordar con argumentos, pero sí se le debe combatir cuando otros se convierten en sus víctimas. Puede ayudarle quien le hace experimentar los valores y el amor, pero sólo si él quiere y consigue ver que el cinismo es una enfermedad que priva al hombre del sentido de la vida.

David Fdz Titulados L.E. dijo...

Hola a todos, una vez leído este ultimo capitulo me gustaría comentar varias cosas.
En el texto aparece:
"la Ética tiene que ver con los aspectos que dependen de nosotros"

Pero en este aspecto creo yo que también con cosas que no podemos controlar y que mediante nuestra manipulación podemos llegar a hacerlas funcionar o desarrollarlas de un modo u otro.
la muerte no la podemos controlar..cuando viene viene, pero podemos hacer que los últimos momentos sena de un determinado modo u otro.Lo mismo que con el dolor,si está,está pero se puede moldear o camuflar,manipular, y es ahí en las formas con que se haga donde a mi entender entra el tema de la ética.

También comenta más adelante :
"los hombres, modifican a la vez las condiciones que enmarcan su comportamiento"
"No solo la realidad es como es, sin nosotros, sino que , en alguna medida, nosotros mismos somos como somos sin poderlo modificar".

Supongo que se refiere a que si tanto decides a actuar como a pasar de todo ya has elegido una opción, es imposible mantenerse al margen y que con cada acto, nuestro comportamiento se va modelando aunque somos como somos ¿no?y la realidad es como es¿pero aquí nuestro comportamiento se modela por si solo o realmente nos lo modelan? ya que la educación va dirigiéndonos por unos caminos y no otros.

Fanatismo:El que no sale de la idea de que no existe mas sentido del que nosotros damos o ponemos.
Cínico:El que no adopta el partido del sentido contra la realidad, sino el de realidad contra el sentido.( esto no lo entiendo muy bien...seguiré los siguientes comentarios a ver si me aclaro)
Serenidad: Actitud razonable del hombre frente al destino.Osea que este lo acepta y acepta sus limites, pero entonces es destino y da igual lo que hagamos , es como si digamos estuviera ya escrito ¿no? aunque con cada acto variemos nuestro futuro, pero una variación peculiar porque es cuestión del destino ¿no es un poco contradictorio?
Un saludo.

Encarna Hernando Morgado. Ed. Primaria dijo...

Hola a todos y todas. En este último capítulo se habla entre otras cosas de las consecuencias que tienen nuestros actos en la realidad que nos rodea. Lo que queda claro es que lo que hagamos, ya sea para bien o para mal, formará parte siempre de nuestra vida. Cuando actuamos se tiene que aceptar el destino, ya que el hombre cuando actúa, modifica las condiciones que marcan su comportamiento. Nosotros no somos así por nada, somos como somos porque actuamos de una determinada manera, por este motivo, considero que hay que tener claro nuestras acciones ya que están van a condicionar no solo a nosotros, sino también a los que están a nuestro alrededor. La actuación puede ser de tres maneras: la del fanático: sólo existe lo que él piensa, no tiene límites, actúa así porque tiene la convicción de que lo que hace está bien, fanáticos son los terroristas, los nazis. Luego está el cínico, que aunque siendo contrarios, se pueden llegar a confundir, yo tampoco entiendo del todo lo que nos dice el capítulo, lo que si entiendo es que el cínico actúa según la ley del más fuerte, éste, siempre estará y actuará al lado del fuerte, aunque el fuerte no actúe de forma correcta. Y por último, está el sereno, que es el que tiene verdaderamente una actitud razonable frente al destino. Es el que sabe y conoce sus límites y sabe hasta dónde puede llegar. Es el que está feliz consigo mismo y por lo tanto estará feliz con los demás. De acuerdo con el autor de que el hombre no puede renunciar a las pasiones, éstas forman parte de la naturaleza humana. Las pasiones tienen que ver con el compromiso. Se hace necesario mantenerse sereno ante lo que nos viene. Importante también la idea de que la resignación no es un fastidio, efectivamente, es aconsejable que seamos capaces de aceptar nuestro fracasos, solo aceptándolos podemos intentarlo otra vez. Sereno no tiene que ver con pasivo. Los adultos, los mayores es decir, los padres, los profesores, los abuelos… son los encargados de enseñar los valores a los pequeños, deben de dejar a los siguientes una buena herencia. Un hombre sereno es un hombre feliz, y un hombre feliz siente la necesidad de comunicar su felicidad. Un saludo a todos y todas y sobre todo mucha suerte en los exámenes.

Marta Olaso L.E. dijo...

Hola a todos.Comprendo claramente este punto del libro y me parece interesante que el hombre relacione su forma de ser con el destino que surge ante nosotros de muy diversas formas.Creo que no somos del todo conscientes de lo que atraemos y provocamos con nuestras actitudes,hechos y comentarios hacia lo que nos rodea.
Podemos influir enormemente en provocar las cosas que nos ocurren y tener la capacidad de vivir experiencias que nos afectan en mayor o menor medida pero que no nos destruyen, tenemos confianza para actuar aprendiendo a aceptar el destino como un claro aprendizaje para avanzar en nuestra evolución.
Aceptamos los límites pero no somos meros expectadores de lo que nos ocurre.Podemos,a través de la serenidad,tomar decisiones mucho más positivas para nosotros y consecuentemente para los demás que si adoptamos una postura cínica o fanática.Estos individuos se evaden de la realidad pisando y machacando al prójimo como único camino para dar sentido a una realidad que no entienden y que hay que combatir sin más.
Aceptamos el destino con menos dolor cuando hay calma y serenidad que deben ser como pilares sólidos en nuestro interior.El hombre es frágil y poco amigo de sí mismo.Es fundamental tener confianza y actuar con firmeza y constancia.
Intentar cambiar las cosas siguiendo la buena conciencia que trabajamos en los capítulos anteriores, pero aceptando que si las cosas no salen como esperamos, el fracaso es parte de nuestro aprendizaje y que el sufrimiento será siempre menor desde una postura positiva y serena.

Carolina García Abel. E. Primaria dijo...

Hola a todos.
Soy Carolina García Abel de E. Primaria.
Este es el último comentario que hacemos de los libros leídos. He de decir, que la lectura de los mismos me ha resultado complicada, ya que no estoy acostumbrada a leer este tipo de lecturas. Por otro lado, no dejo de pensar en el significado del bien y del mal (y todo lo que conlleva), no sólo para mí sino para los demás.
Respecto a este capítulo señalaré diferentes ideas que me llaman la atención:
- El ser humano es un todo con sentido.
- Cada acción humana nos va marcando y formando, nos modela.
- Las acciones determinan nuestro destino.
- Nuestras acciones influyen en lo que nos rodea y en quien nos rodea, al igual que todo ello influye en la acción.
Se puede adoptar tres posturas diferentes ante cualquier hecho:
- El fanático: defensor de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos. Es el revolucionario, el que no reconoce límites morales.
- El cínico: no adopta el partido del sentido contra la realidad, sino el de realidad contra el sentido. Cree en el derecho del más fuerte.
- La serenidad: es la actitud razonable del hombre frente al destino y lo acepta. Es aquel que acepta los límites.
Ni que decir tiene que la postura aceptable es la serenidad. Los límites, la aceptación del destino, el respeto al otro, la educación por parte de los mayores, la firmeza, aceptación de la realidad, vivir amistosamente con tus semejantes y contigo mismo.
De las ideas de la serenidad resaltaré la de la educación por parte de los mayores. Los mayores tienen la tarea de introducir a los jóvenes en la realidad, para lo cual tienen que mostrarles el camino, enseñarles valores para que puedan comprenderlo, deben de dejarles un mundo para que ellos puedan continuar con esta herencia para mostrársela a otros. El carácter de continuidad de la vida generación tras generación nos da a entender la actuación humana sobre una realidad inacabada.
Suerte en los exámenes y…a ser felices!.

Anónimo dijo...

BEATRIZ MARTÍNEZ GALLEGO

¡Hola a todos y todas!

Voy a definir los términos, fanático, cínico y serenidad:

Fanático: Es aquella persona que está afincada en la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos. Si conoce el hecho de quien actúa se enfrenta a la hegemonía del destino y se niega a aceptarlo. Podemos decir que es un revolucionario que no reconoce límites morales a su proceder, porque parte de la idea de qué sólo gracias a éste adquiere sentido el mundo.
Cínico: Es lo contrario al fanático, este no adopta el partido del sentido contra la realidad, sino el de realidad contra el sentido, es decir renuncia al sentido. Considera la acción bajo el aspecto del acontecer mecánico, cree en el derecho del más fuerte. Una persona cínica la podemos lo podemos definir como inaferrable porque ha tomado de antemano el partido de la realidad falta de sentido.

Serenidad: es una actitud de aquel que acepta voluntariamente, como un límite lleno de sentido, lo que él no puede cambiar, la actitud de quién acepta los límites . En definitiva es la actitud razonable del hombre frente al destino,

Un saludo y mucha suerte en los exámenes.

Eva BeltránCordero. (Leng. extranj.) dijo...

Hola a tod@s,
Este es el último comentario del curso, el cual me ha parecido, al igual que los demás muy interesante, y aquí os dejo algunas de mis reflexiones e ideas principales del tema.

Yo pienso que en cada uno de nosotros, está escrito un destino, o sea lo que está sucediendo es un guión o una película que ya fue filmada, y la estamos repasando.

Nosotros somos los únicos responsables de nuestro comportamiento, en sentido absoluto, es decir, asumimos las consecuencia de nuestras acciones.
Las cosas nos influyen y marcan nuestro destino. Lo que decimos, vivimos y hacemos, queramos o no, nos van a marcar para toda la vida.

Pero debemos preguntarnos, si la realidad es como es, y nosotros somos como somos, es decir, ya que tenemos marcado un destino. ¿Qué postura debemos adoptar ante dicha realidad?.
Hay tres posturas:
- fanatismo
- cinismo, y
- serenidad.

El fanático: Es la persona que piensa que solamente existen sus ideas; defensor de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos.
El cínico: Cree más en la realidad que en el sentido ; renuncia al sentido. Cree en el derecho del más fuerte.
Y finalmente la serenidad: Si aceptamos la realidad con serenidad, podremos vivir bien con los demás y con nosotros mismos. Es la actitud más razonable del hombre frente al destino, frente a aquello que no se puede cambar.
La persona serena acepta el éxito y el fracaso. La serenidad es una propiedad del hombre feliz ( que acepta el destino).

Pero, yo me pregunto, ¿Y como ser feliz?Para ser feliz hay que hacer lo que a uno le gusta, lo cual está escrito en nuestro destino. A partir de allí hay que ser coherente con eso que está escrito para cada uno de nosotros. El opuesto a ser coherente es ser contradictorio lo cual es ir contra lo que está escrito para cada uno de nosotros.
Por lo tanto sería conveniente enseñar a los niños a ser personas serenas y a convivir con la serenidad y a aceptar el éxito y el fracaso en su vida.

Un saludo a todos, y suerte con los examenes.

EVA

Beatriz López Marcos dijo...

Las ideas principales de este capítulo son las siguientes:
-La Ética versa sobre los actos realizados por el hombre, el cual debe responder de su actuación.
-Debemos obrar teniendo en cuenta que deberemos soportar las consecuencias de nuestros actos.
-Existen tres posibilidades de situarnos frente a los acontecimientos: fanatismo, cinismo o serenidad. Esta última es la actitud de quien acepta lo que le ocurre, dándole sentido. No es pasividad ante lo que ocurre sino aceptar una realidad dándole una visión nueva.
- Si no aceptamos lo que nos ocurre, no seremos felices porque no aceptándolo, no nos aceptamos a nosotros mismos.
- La doctrina cristiana no es la actitud de los estoicos (no les afecta nada, ni lo bueno ni lo malo, así evitan sufrir). El cristiano no se queda impasible, le afecta, pero le da sentido.
-Cuatro conceptos que se relacionan: Alegría- Serenidad- Virtud- Felicidad.
-Me quedo con una frase del final: “La felicidad no es el premio de la virtud, sino la virtud misma” (Espinosa)

KIKI dijo...

CAPÍTULO VIII: Spaemann.
Parece mentira que ya estemos a estas alturas de curso, se me ha pasado volando.
Me gustaría decir que este último capítulo me ha gustado bastante ( y eso que al principio la lectura de este libro me resultó muy difícil) y me ha hecho recordar y pensar sobre los capítulos anteriores. Y es que desde que empezamos el capítulo I hemos ido hablando sobre lo bueno y lo malo, lo relativo del bien y el mal, la verdad, justicia, felicidad…y hemos acabado este capítulo VIII con una frase de Espinosa donde creo que se resumen muchas de las cosas que hemos visto y dice “la felicidad no es el premio de la virtud, sino la virtud misma”.
De este último capítulo destacaría lo siguiente:
- Cada vida humana es más bien un todo de sentido. Es el mismo individuo quien tiene que responder de su comportamiento en un sentido absoluto.
- Los hombres al actuar, modifican las condiciones que enmarcan su comportamiento. Esto es lo que llamamos historia.
- A esas condiciones pertenece no sólo el cuadro exterior de nuestra actividad, sino también nuestro modo de ser, nuestra naturaleza, nuestra biografía. No sólo la realidad es como es, sin nosotros, sino que, en alguna medida, nosotros mismos somos como somos sin poderlo modificar.
- En una vida justa hay que tener la clara conciencia de que todo lo que hacemos – cada palabra, cada gesto, cada lectura, cada emisión de televisión, cada omisión- nos modela de manera irrevocable. Puede cambiar la valoración de lo sucedido, podemos abrir un nuevo camino, pero nunca será ya como antes. La propia actividad a lo largo del tiempo adopta la forma del destino (que razón tiene el autor, ya que si nos paramos a pensar un minuto sobre este punto o los anteriores veremos como hagamos lo que hagamos el pasado no se va a borrar ni cambiar, por lo que tenemos que tener en cuenta que en nuestras vidas hasta el mínimo hecho que suceda va a dejar una huella, por eso es tan importante que actuemos en consecuencia durante absolutamente cada instante de nuestras vidas, bueno ¡esa es mi opinión claro!).
- Fanático: aquel que está afincado en la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos. Revolucionario que no reconoce límites morales a su proceder. Tiene espuma en la boca.
- Cínico: no adopta el partido del sentido contra la realidad, sino el de realidad contra el sentido. Cree en el derecho del más fuerte. Tiene ironía en la boca.
- La resignación ante lo inevitable es verdaderamente humana sólo si lo inevitable se muestra realmente como tal. Jesucristo “ …no se haga mi voluntad sino la tuya”.
- La persona serena actúa con firmeza pero ha aceptado la marcha de las cosas, que posibilita a la vez su actividad y su posible fracaso, ya que sabe que no es por él y por su actividad por lo que el sentido penetra en el mundo.
- La serena aceptación de la realidad es, la condición para que el hombre pueda vivir amistosamente con sus semejantes y consigo mismo; la condición, por tanto de una vida feliz, y la condición para que el sentido subjetivo de la vida no sea desmentido por la realidad.

Un saludo a todos y nos vemos en el examen. ¡Mucha suerte!.

raquel diez vega dijo...

La serenidad es la actitud razonable del hombre frente al destino. Es aquel que acepta voluntariamente lo que el no puede cambiar: la actitud de quien acepta los límites. Quien no acepta el destino no puede aceptarse a si mismo.

Desde mi punto de vista, el destino no está escrito, no es algo invariable, sino que, cada persona va creando su “camino” debido a la consecuencia de mis actos. Entiendo que cualquier acción (incluso involuntaria) de una persona, puede cambiar lo que entendemos como destino. Aceptar el destino es aceptar las consecuencias de nuestros actos.

Mayte Beltrán dijo...

Buenas tardes a todos,

Spaemann, durante su libro, ha hablado de cuestiones fundamentales de la Ética: relación entre el bien y el mal, la justicia, la educación, la formación, la responsabilidad y la conciencia siempre desde el prisma de que son actos que dependen del ser humano. En este capítulo, el autor, da un giro y pretende tratar la actitud a seguir ante lo que no podemos cambiar, actitud a la que llama serenidad.
La dignidad del actuar humano está basada en que cada persona tiene un sentido. Los hombres, en general, somos los que hacemos la historia porque modificamos las condiciones que nos rodean a través de nuestro comportamiento y, en particular, cada persona construye su propia biografía en tanto que toma decisiones o tomar la decisión de no tomarlas. Pero hay siempre algo que se le escapa al ser humano: no está en su mano el controlar las consecuencias a largo plazo de lo que hace. Y no solo eso, tampoco puede controlar las cosas más importantes, como morirse.
Por tanto, lo que le queda es tomar una actitud ante lo que no puede cambiar: puede engañarse a sí mismo afanándose en actuar como si no existiera más sentido en la vida que el que el ser humano le da con su actuación (fanatismo), puede pensar que la vida carece de sentido, ser un escéptico y actuar sin ningún tipo de moral (cinismo) y puede decantarse por la Ética recta tomando una actitud razonable ante la vida: es la actitud serena. Tomar esta posición significa el aceptar los límites humanos y la marcha de las cosas, pero también, actuar con firmeza conscientes de que lo que hacemos tiene un sentido.

Saludos cordiales,
Mayte Beltrán

Sergio dijo...

Sergio Francisco Arribas – 2º L.E. Titulados

Bueno, llegamos al final del libro, lo cual está muy bien; lo “malo” es que esto significa que nuestros destinos se acercan inexorablemente a los exámenes, que dan miedo, así todos tan en pelotón. Pero habrá que estar serenos, obtener rendimiento del tiempo que nos queda y afrontarlos con fuerza.
Aprovecho esto para decir que no me acaba de quedar clara la actitud cínica o la fanática sin irme a ejemplos extremos o aislados. Al leer el texto, podemos interpretar que nos encontramos con cínicos y fanáticos en el autobús o comprando el pan, pero yo entiendo que todos durante nuestra vida actuamos con cinismo o fanatismo a veces; es decir, no conseguimos la serenidad suficiente para aceptar las cosas que nos encontramos por el camino. Sin embargo, no consigo ahora mismo pensar en un ejemplo donde se pueda reflejar estos tres tipos de actuaciones ante el mismo suceso. Si alguien es capaz, le estaría agradecido.

Uno de los problemas principales que estoy observando para la comprensión de este tipo de textos es el significado de las palabras. Es frecuente que una palabra, por diversas razones, se utilice habitualmente de manera distinta al significado original, o al antiguo, o al más fiel etimológicamente, o en definitiva al que quería expresar el autor. Y este es en mi opinión el caso de la palabra destino. En el propio diccionario RAE su significado principal tiene que ver con lo inevitable, pero especialmente como predeterminado o escrito. Y este no es a mi juicio el destino del que habla Spaemann en el texto. Él se refiere a lo que nos vendrá sin poderlo evitar, sí, pero también a lo que nosotros provocamos con nuestros actos y a lo que ya sucedió antes de existir nosotros o antes de llegar a un nuevo lugar o situación. Me parece además, que no tiene nada que ver con lo predeterminado en el sentido misterioso o mágico.

Es por ello por lo que el hombre, que sabe que se modela a sí mismo y a su propio destino con cada uno de sus actos, cuando ha hecho todo lo posible por conseguir una meta o ha obrado correctamente, tiene que aceptar lo que le resulta negativo e inevitable (porque no lo puede cambiar). Será desde luego la manera en la que sufrirá menos, con resignación.

Me parece muy importante la matización que se hace sobre la resignación, y es que lo inevitable tiene que mostrarse realmente como tal. Sólo puede mostrarse a aquel que ha llegado hasta el límite y no ha dejado de intentar algo ni por miedo a darse un golpe. De ahí que la resignación no sea un fatalismo. Creo que a menudo decimos “por lo menos lo he intentado” o “al menos tengo la conciencia tranquila” cuando no llegamos a una meta, pero efectivamente no nos sentimos fracasados.

“Ninguna ayuda o actividad social puede tener otro sentido que ayudar a los hombres a descubrir que vale la pena vivir” Esta frase, junto a lo comentado justo antes, también me han hecho pensar sobre las miserables condiciones de vida en muchos lugares y cómo las afrontan allí las personas. Por un lado, es a mi juicio destacable, ese hincapié en ayudar a poder vivir serenamente, más que explícitamente decir ayudar a comer o a vestir, ya que allí “se dan condiciones de vida en que ese descubrimiento es casi imposible”. Pero por otro lado, también me ha llamado la atención respecto a lo que muchas veces oímos sobre la gente, por ejemplo, de India. Que no tienen nada pero son felices, que es porque realmente no necesitan tantas cosas materiales, etc. Pero me pregunto si no es realmente que no necesiten vivir en mejores condiciones o que estén “acostumbrados”, sino que luchan cada día, pero aceptan serenamente lo que no pueden cambiar. Y por ello, son felices, ya que como dice Spaemann “la serenidad es una propiedad del hombre feliz”.

Julia Pineda Romero dijo...

La ética tiene que ver con los actos que dependen de nosotros, es el mismo individuo quien tiene que responder de su comportamiento en sentido absoluto, incluso si actúa sin querer ver las consecuencias de sus actos, deberá responder de ello. Todos nuestros actos son momentos parciales de un amplio acontecer que para nada esta en nuestras manos.
El que actúa se relaciona con la realidad por el hecho de actuar, al comenzar a actuar ha aceptado ya el destino. Al actuar, hay que hacer algo que este lleno de significado, algo que sea razonable en las condiciones actuales y que nosotros no hemos escogido, es decir habrá que actuar lo mejor que permitan esas circunstancias y a lo mejor lo que hay que hacer es intentar cambiar esas condiciones.
Todo lo que hacemos nos modela de una forma irrevocable, podremos valorar lo que hemos hecho, abrir nuevos caminos…, pero lo que hemos hecho ya no podemos cambiarlo; quien actúa no tiene el futuro en la mano y solo puede obrar si esta dispuesto a aceptar el dolor que le depara el futuro, nosotros no podemos controlar las consecuencias a largo plazo de nuestra actividad, no sabemos lo que a la larga se sigue de nuestras acciones, lo único que podemos esperar es que los que vienen detrás acepten y prosigan de alguna manera nuestras intenciones.
Actuar significa siempre separarse de si y de nuestras propias intenciones aunque ello nos produzca sufrimiento, no existe una frontera clara entre lo que es actuar y sufrir ya que el mismo sufrimientos es también una forma de acción.
El fanático es aquel que piensa que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos, no reconoce límites morales en su forma de proceder ya que piensa que gracias a este proceder adquiere sentido el mundo.
Por el contrario el cínico es el que considera la acción bajo el aspecto del acontecer mecánico, cree en el derecho del más fuerte. El cinismo es una enfermedad que priva al hombre del sentido de la vida.
La serenidad es la actitud del hombre frente al destino, es la actitud de aquel que acepta voluntariamente lo que el no puede cambiar, la actitud de quien acepta los limites. Para los estoicos, aceptaban el destino como la liberación definitiva del hombre, quienes asumen voluntariamente lo que de todas formas nos va a suceder, nada de lo que ocurra va a ser en contra de su voluntas, de esta manera caen en una ausencia de dolor y de pasión, lo que llamamos apatía.
Los cristianos enseñan también la serenidad ante el destino pero con mayor realismo que consiste en que los limites de la subjetividad natural son delimitados de acuerdo con la realidad, la persona serena en este sentido no engaña, no se queda impasible, ni le da lo mismo es éxito o el fracaso de sus propósitos, por ello, sus fracasos no son tan dramáticos.
La resignación ante lo inevitable es verdaderamente humana pero solo si lo inevitable se muestra realmente como tal, no podemos resignarnos sin luchar, debemos llegar hasta el limite y así la resignación no será un fracaso como tal sino que estará lleno de sentido.
En toda buena intención es el bien el que se impone.
La persona serena actúa con firmeza, acepta la marcha de las cosas lo cual posibilita al mismo tiempo su actividad y su posible fracaso ya que sabe que no es por el y por su actividad por lo que en sentido penetra en el mundo.
La serena aceptación de la realidad, es la condición para que el hombre pueda vivir amistosamente con sus semejantes y consigo mismo.
La persona que es feliz siente la necesidad de comunicar su felicidad, irradia alegría que es contagiosa siendo una alegría participada y por tanto doble felicidad.
La serenidad es una propiedad del hombre feliz.

Vanessa Lucas dijo...

Vanessa Lucas Barrado
Lengua extranjera
Titulados Madrid

Buenas tardes a todos, voy a comentar el capítulo final, en principio habla de que todo individuo ha de responder por su comportamiento y sus actos, ya que todo lo que hace forma parte de su vida y de él.
Nuestra manera de actuar va marcando nuestra biografía, y no somos de una manera determinada ya fijada, sino que nosotros decidimos cómo actuar, y nos hacemos a nosotros según nuestras acciones. Como dice Spaemann "todo lo que hacemos nos modela de manera irrevocable".
Hay que tener en cuenta, por otro lado, que aunque actuemos con una intención determinada no podemos controlar ni el exterior ni las consecuencias a largo plazo y eso es algo que se debe asumir.
Nuestras acciones tienen que tener algún sentido y ésto sólo es factible si se tiene una relación positiva con la realidad, y se está preparado para lo que el destino nos depare. Esta actitud se denomina serenidad, que es aceptar lo que no se puede cambiar el que no lo acepta no puede aceptarse a sí miso.
La persona con serenidad confía en sí misma y en sus acciones, acepta la realidad como es. Ésto es lo que se quiere conseguir en los niños y lo que los mayores han de transmitirles.

Un saludo.

María Estefanía Perales dijo...

Buenas noches:

Parece que esto se acaba y es nuestro último comentario de la asignatura, a mí se me ha pasado muy rápido y parece que fue ayer cuando empezamos el curso.
El título del capítulo ocho es serenidad o actitud ante lo que no podemos cambiar, voy a comentar algunos aspectos sobre el tema.
Los hombres simplemente por el hecho de actuar aceptan por ello su destino aunque no lo piensen, y esto quiere decir algo y no pueden elegir. Todas las acciones vienen de algún sitio y van a algún sitio, y nos van modelando a lo largo de nuestra vida.
La realidad es como es y nosotros somos como somos sin poder modificarlo. Pero estoy de acuerdo en que mucha gente cuando no se comportan de manera correcta se excusan diciendo la frase “es que yo soy así”. No me parece bien porque parece que con eso ya está todo resuelto, y creo que se puede cambiar algo para mejorar la actitud y que sea diferente.
Podemos distinguir tres formas de actuar ante lo que sucede: fanatismo, cinismo y serenidad.
-Fanatismo: Es cuando una persona está cerrada en la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos. Es un revolucionario que no reconoce límites morales a su proceder.
-Cinismo: Es cuando una persona adopta el partido de la realidad contra el sentido, renuncia al sentido. Cree en el derecho del más fuerte.
-Serenidad: Actitud razonable del hombre ante el destino, actitud de quien acepta los límites. La persona que no acepta el destino no puede aceptarse a sí mismo.
De las tres posturas yo también elegiría la serenidad ya que no es tan extrema como la del fanatismo y el cinismo, y me parece la más correcta para afrontar con éxito las distintas situaciones que van apareciendo en la vida.
Suerte, un saludo.

Barbara Marina Martens dijo...

Probablemente no hay una virtud que hoy en día haya enloquecido más como la virtud del amor. En el nombre del amor puede justificarse prácticamente cualquier actuación, aunque sea algo abominable (EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS).
NOS FALTA LA NOCION DE LO BUENO.
Uno se hace egoísta cuando elige el propio interés, y no cuando elige el propio bien.
En el caso de que hubiera conflicto en una elección, tiene la prioridad el propio bien, y por ello uno puede poner en segundo lugar –o incluso decir que no- a lo que le pidan los demás.
Estudiar las horas previstas es bueno. Es bueno porque aprendo y me enriquezco, porque asimilo conocimiento. Y eso requiere dedicar un tiempo. De ahí que defender ese tiempo ante interrupciones del móvil o de los amigos no nos hace egoístas, siempre y cuando uno les atienda una vez haya terminado de estudiar.
Por ello en nuestra tarea de educadores debemos ayudar a descubrir qué es lo bueno. Hoy se habla muy poco de lo bueno. Esta tarea viene a ser como una aventura: cada persona es distinta y, por tanto, no hay una fórmula de éxito. No es tanto una técnica como un arte.
La cuestión del por qué se hacen las cosas es muy importante a la hora de educar. Hoy existe la receta fácil de hablar en términos de correcto o incorrecto. Se habla de “lo políticamente correcto” como si hubiera un patrón de conducta al que uno debiera ajustarse para no desentonar políticamente.
Otros explican el motor de nuestro comportamiento en términos de interés. Uno hace algo para obtener otra cosa. Lo que cuenta es el resultado tangible, aunque sea un simple agradecimiento o un efímero reconocimiento.
Si alguien propone trascender el propio interés, la fórmula que se le ofrece suele invocar el propio sentimiento. Alguien puede hacer algo desinteresadamente porque lo siente. El problema viene cuando uno deja de sentirlo: en ese caso, dejará de hacerlo puesto que tampoco sirve para nada.
Como ponerse a estudiar cuesta esfuerzo –no suele apetecer- y los resultados se ven a medio plazo –me refiero a las notas-, adquirir hábitos de estudio es una tarea que se ve seriamente amenazada.
Lo que de verdad ha de movernos a actuar es lo bueno. Tanto para estudiar como para otras actividades. Sin duda que podemos hacer cosas por un interés o porque simplemente las sintamos, pero lo bueno moviliza a la persona de un modo más hondo y permanente. Ahora bien, queda por resolver el problema de fondo: ¿en qué consiste lo bueno? ¿Puede decirse algo razonable sobre lo bueno sin caer en un sentimentalismo vacío?
¿Qué será, pues, lo bueno? Lo bueno es aquello que nos transforma en personas dignas de ser amadas. Así la libertad adquiere un sentido, una dirección: estamos en disposición de superar la lógica de lo útil y la veleta del sentimiento. Podemos hacer cosas, aunque sea desinteresadamente y no las sintamos: las hacemos porque son buenas en sí mismas. Esto también nos permite diferenciar lo que es una muestra de egoísmo de lo que es verdadera generosidad.
Como lo que predomina hoy en día es la mentalidad utilitarista, muchas personas son incapaces de entender que puedan hacerse las cosas por sí mismas, creen que siempre hay un interés. Esa sospecha hacia la bondad del hombre aumenta con las malas experiencias de cada uno.
Las personas que tenemos la suerte de ser creyentes tenemos una ventaja: aunque siempre nos quede la sospecha sobre la sinceridad de alguien, aunque el hombre pueda hacer acciones indignas o incluso abominables, aunque el hombre pueda ser rechazado por el propio hombre, Dios nunca rechaza al hombre.
El hombre es capaz de actuar movido por el bien porque fundamenta su propia bondad en Otro que lo trasciende. Sin haberlo merecido, somos destinatarios de un amor gratuito y fiel de Aquel que no nos necesita, y que ha salido a buscarnos en la persona de Jesucristo para revelarnos la misericordia divina. Por eso el hombre es bueno y capaz de bondad: a pesar de todos sus errores, Dios lo considera digno de ser amado.
Barbara Marina Martens

Barbara Marina Martens dijo...

CUANDO LAS VIRTUDES SE VUELVEN LOCAS
Chesterton hace, en su libro Ortodoxia, una reflexión que nos viene “al pelo” para lo que estamos viendo en esta asignatura:
“La gente de hoy no es perversa; en cierto sentido aun pudiera decirse que es demasiado buena: está llena de absurdas virtudes supervivientes. Cuando alguna teoría religiosa es sacudida, como lo fue el cristianismo en la reforma, no sólo los vicios quedan sueltos. Claro que los vicios quedan sueltos y vagan causando daños por todas partes; pero también quedan sueltas las virtudes, y éstas vagan con mayor desorden y causan todavía mayores daños. Pudiéramos decir que el mundo moderno está poblado por las viejas virtudes cristianas que se han vuelto locas. Y se han vuelto locas, de sentirse aisladas y de verse vagando a solas.”
Chesterton se da cuenta de la confusión moral actual. Curiosamente, más que detenerse en los vicios y en el desastre que producen, subraya el estado enloquecido en el que se hayan las virtudes. Quizá por ver a las virtudes como algo abstracto, lo cierto es que da la impresión de que se han desquiciado.
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Mª Isabel Jiménez Domecq dijo...

¡Hola de nuevo a todos!
Esta vez no soy de las últimas, y por lo que leído, este tema de la serenidad, puede ser un buen colofón para rematar el libro.
Estoy de acuerdo con vosotros en que, en cada simple acto u omisión, en mayor o menor medida, estamos concretando el camino que nos lleva a uno u otro destino. De nada sirve abstenerse de tomar partido y decidir no ejercitar nuestra influencia para cambiar la realidad dada, porque esa postura de inhibición, también está modificando, aunque sea perpetuando, tal situación real.
Decíamos al respecto, que el hombre es capaz de sustraerse a la imitación de sus congéneres y poner en juego su creatividad, para, con los recursos a su alcance, hallar nuevas soluciones, nuevos modos de hacer, pensar y enfocar un asunto que le preocupa. También hemos visto, que es imposible aprender cuando no se confía, cuando no se cree, cuando no hay tranquilidad, porque un turbulento mar de emociones no nos deja pensar con claridad, tomar distancia respecto de los problemas y verlos desde una perspectiva más objetiva, menos teñida de frustración y de rechazo. En definitiva, en esos momentos en los que, es harto difícil contemplar las cosas desde un interés más universal y más solidario con todos.
Pues bien, en mi modesta opinión, el vertiginoso tren de vida que llevamos hoy día los padres y profesores, como principales educadores, nos empaña la visión del mensaje realmente importante que deberíamos transmitir a nuestros niños: La alegría de vivir, un tesoro de valores conectados a la realidad, fehaciente pero siempre inacabada y por tanto susceptible de ser mejorada. Unos valores no meramente predicados, sino vividos con coherencia y honestidad. Un equipaje no muy abultado, pero sí consistente, e imprescindible para afrontar las dificultades del camino. ¿No creéis que los niños tienen cada vez más rabietas y menos tolerancia a las minúsculas frustraciones diarias? No están acostumbrados a oír la palabra no, con los consecuentes límites que ésta implica. Tampoco tenemos, con frecuencia, la suficiente paciencia, serenidad y esperanza (asimilables a la tres famosas virtudes teologales de toda la vida: fe, esperanza y caridad o amor), para esperar los cambios positivos, los queremos ya y ahora.
Otras veces, nos cuesta, por lo menos a mí, proponer alternativas de conducta a nuestros alumnos, y así focalizar la atención en otra opción mejor (vaso medio lleno), sin culpabilizar, lo que desanima para el cambio. Con esta falta de delicadeza, sólo conseguimos que el niño se concentre en los errores o fracasos, más que en los aciertos.
.....

Mª Isabel Jiménez Domecq dijo...

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Coincido con Marta, en que no somos meros espectadores de nuestra vida, y en que, hemos de aprender de nuestros fallos. Sin embargo, tengo que disentir con Eva, cuando afirma con rotundidad que estamos repasando una película ya filmada, como condenados a sufrir pasivamente un determinismo alienante, dictado desde el inicio de la existencia. Más bien, uno puede, y debe decidir, de qué forma van a afectarle las experiencias, no siempre positivas de su vida. Cada cual será el único responsable de elegir, si va permitir que el abatimiento y la desidia tomen las riendas de su caballo, o si por el contrario, va a procurar edificar su carácter apoyándose tanto en los peldaños tropezados como en los subidos con éxito.
Desde luego, la victoria se logra desde el dominio sobre propio yo, para poder dedicarlo a otros, el llamado señorío de sí. Hemos de ser constantes en utilizar los fallos como Thomas Edison, como una oportunidad o catapulta, no como un freno, y seguir en la buena dirección, y acabar acertando.
En este sentido, he leído recientemente que, por cada insulto o descalificación, un individuo deberá recibir cinco elogios para reparar el auto-concepto dañado. Puede ser, pero lo cierto es que, ese elogio, debe ser auténtico y basado en lo real igualmente, y no una simple adulación.
El verdadero cambio de actitud empieza con el uso cuidado de nuestras expresiones, la famosa asertividad, que tan de moda está: la capacidad de exponer nuestras ideas de forma comprensiva, autónoma y respetuosa, pero más aún, sin invadir, ni lesionar la legítima pluralidad de opiniones. Los educadores modificar y modelar conductas, pero no así las actitudes.
Una persona fanática radical, no puede aprender, porque, como no respeta más que su propio punto de vista, y el resto lo ignora y no lo reconoce, no existe comunicación ni diálogo o intercambio.
La persona cínica tampoco está abierta al aprendizaje, porque niega la realidad que existe, aunque tú no quieras. Es incapaz de creer en nada ni en nadie, porque carece d sentido creer.
La serenidad es propiedad de hombre feliz, sabio y razonador, que permanece firme a sus fines o ideales ser unitario, un todo con sentido. No obstante, este hombre sereno, conserva la flexibilidad suficiente, y la sensatez madura de no quemarse en batallas perdidas, (pues escapan a su potencia). Ha de ir modificando el itinerario de su ruta, conforme a las exigencias de las dificultades que se va encontrado. No debe claudicar ante las propias flaquezas, o ante las debilidades ajenas, dado que, no tienen porqué ser definitivas. Y si finalmente demuestran serlo, es que nunca estuvieron a su alcance, porque no le son inasequibles. Depende de nuestra determinación, perseverar o abandonarnos, para que las corrientes nos lleven arrastrados a su ritmo inclemente.
Un presidente fundador de U.S.A. rezaba de este modo cada día: Señor, concédeme valor para cambiar las cosas que puedo, humildad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, y sabiduría para reconocer la diferencia.
Buenas noches a todos y un saludo.

Paula Rodríguez Estaún dijo...

¡Buenos días a todos!

SERENIDA O ACTITUD ANTE LO QUE PODEMOS CAMBIAR.

La dignidad del actuar humano reside en que no forma parte de un acontecer más amplio, un simple elemento inconsciente. Cada vida humana es más bien un todo de sentido. Es el individuo quien responde de su comportamiento en un sentido absoluto.
Si en tendemos la libertad como simple independencia, entonces no nos queda mas que una cosa: suicidarnos sustrayendo así a la marcha del mundo.
No solo la realidad es como es, sin nosotros, sino que, en alguna medida nosotros mismos somos como somos sin poderlo modificar. Sin duda constatar, simplemente es que yo soy así, cuando uno se ha comportado injustamente, es una mala excusa. Nuestro ser- así no es una magnitud fija que determina nuestra actividad.
El fantástico es aquel que está afincado en la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos.
Fanático es el revolucionario que no reconoce límites morales a su poder. Lo contrario de fanático es el cínico, aunque muy parecidos, incluso pueden llegar a confundirse.
El cínico no adopta el partido del sentido contra la realidad, sino el de realidad contra el sentido; renuncia al sentido.
Quien no acepta el destino, no puede aceptarse a sí mismo. La resignación ante lo inevitable es verdaderamente humana sólo si lo inevitable se muestra como tal.
La persona serena actúa con firmeza, pero ha aceptado la marcha de las cosas, que posibilita a la vez su actividad y su posible fracaso ya que sabe que no es por el y por su actividad por lo que el sentido penetra en el mundo.
No existe sustitutivo alguno para la serenidad, nunca bajo ninguna circunstancia.

Buen fin de semana a todos.

Paula Rodríguez Estaún.

María Crespí (Infantil) dijo...

Buenos días,

Me gustaría resaltar ciertos aspectos de este último capítulo:

- El hombre, al actuar, modifica las condiciones que enmarcan su comportamiento. A esto lo llamos historia.

-Nuestro "ser-así" no es una magnitud fija que determina nuestra actividad, si no al contrario. Nustras acciones nos hacer "ser-así".

- Podemos abrir nuevos caminos. Al elegir, dejaremos otros de lado.

- El fanático es aquel que está afincado en la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos.

- El cínico renuncia al sentido de la realidad.

- La serenidad es la actitud de aquel que acepta voluntariamente, como un límite lleno de sentido,lo que no puede cambiar, la actitud de quien acepta los límites.

- Quien no acepta el destino, no puede aceptarse a sí mismo.

- La resignación ante lo inevitable es verdaderamente humana si lo inevitable se muestra realmente como tal.

- La serenidad no significa pasividad, si no afirmación de la realidad que se merece que se le ayude modificándola.

- La serena aceptación de la realidad es condición para que el hombre pueda vivir amistosamente consigo mismo y sus semejantes.

"Señor, dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que puedo y sabiduría para poder diferenciarlas."
REINHOLD NIEBUHR

¡Hasta mañana!

ANA BELEN SORIANO dijo...

Hola a todos.
En este último tema vemos la relación del individuo con la realidad, cómo su actuar o su no actuar forma parte de su propia historia. Hemos de asumir, para poder disfrutar de cierta madurez, que todo lo que hacemos o no hacemos modifica a su vez las condiciones de nuestro comportamiento, nos modela de manera irrevocable.
Tenemos tres posibilidades ante este hecho: el fanatismo, el cinismo y la serenidad. El primero adopta el partido del sentido contra la realidad y el segundo a la inversa, es decir, renuncia al sentido. En el fondo ambos están de acuerdo en negar el sentido de la realidad. Por contra, la serenidad nos ayuda a aceptar los límites de la realidad, y por ello, el destino y a nosotros mismos. Serenidad no significa pasividad sino afirmación de una realidad que merece la pena que se le ayude modificándola. Esta serenidad y lo que ella conlleva es la que puede ayudarnos a actuar con sentido y a ayudar a otros a hacerlo también. Esta serenidad es , a pesar de las dificultades que llevarla a cabo implica, condición para una vida feliz.

Un saludo a todos muy grande. Consuelo muchas gracias por ayudarnos a pensar y a descubrir o despertar muchas sensaciones que quizás teníamos (o ni siquera teníamos) dormidas.

Ana González Vázquez Lengua Extranjera dijo...

Buenas noches a todos. Me gustaría comentar varias ideas interesantes de este último capítulo "serenidad o actitud ante lo que podemos cambiar". Los mayores tienen la tarea de introducir a los jóvenes en su mundo de valores hasta que puedan comprenderlo, de modo que desarrollen sus capacidades de identificación, y puedan entender su actividad independiente como un proseguir la tarea de los anteriores. Los jóvenes sólo pueden actuar con sentido si se situan en una relación positiva con la realidad inacabada con que se encuentran.
Podemos adoptar tres posturas diferentes:
1. El fanático, no reconoce límites morales a su proceder.
2. El cínico: Cree en el derecho del más fuerte.
3. La serenidad: es la actitud razonable del hombre frente al destino.

No existe sustitutivo alguno para la serenidad, nunca y bajo ninguna circunstancia, sobre todo bajo las malas, pero existen muchas circunstancias que dificultan vivirla.
Un saludo.

DOLORES IGLESIAS- TITULADOS MADRID-INFANTIL dijo...

!Buenos días! Ultimo comentario, ultimo libro:
Para el hombre no existe acción alguna que no tenga presupuestos, que venga de la nada o que conduzca a la nada. Cada una de nuestras acciones ejerce un influjo indirecto sobre nosotros mismos, configurándonos. Pertenece a una vida justa tener la clara conciencia de que todo lo que hacemos, cada palabra, gesto, cada lectura, cada omisión, nos modela de forma irrevocable. La propia actividad a lo largo del tiempo adopta la forma de destino. No sabemos lo que a la larga se sigue de nuestras acciones, confiamos que los que vienen detrás de nosotros acepten y prosigan de alguna manera nuestras intenciones, nosotros pasamos a ser para ellos destino igual que ellos para nosotros.
Ante lo que nos sucede podemos actuar de tres formas distintas:
-Fanatismo: es aquel que esta afincado en la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos o ponemos. Fanático es el revolucionario que no reconoce límites morales a su proceder, porque parte de la idea de que gracias a él adquiere sentido el mundo.
-Cinismo: cínico es aquel que al contrario del fanático, renuncia al sentido. Considera la acción bajo el aspecto del acontecer mecánico, cree en el derecho del más fuerte. A veces el fanático se acaba convirtiendo en cínico, ya que experimenta el poder de la realidad que él mismo combate. El cinismo es una enfermedad que priva al hombre del sentido de la vida.
-Serenidad: actitud razonable del hombre frente al destino. Con “serenidad” entendemos la actitud de aquel que acepta voluntariamente, como un límite lleno de sentido, lo que él no puede cambiar, es la actitud de quien acepta los limites. Lo que no podemos modificar ocurre de todos modos, lo aceptemos o no. Quien no acepta el destino, no puede aceptarse a sí mismo, y sin amistad consigo mismo, no puede darse una vida recta.
Debemos tener confianza en que el bien lleva al bien, al menos en general y a largo plazo. Solamente entonces tiene sentido la acción buena. La persona serena actúa con firmeza, pero ha aceptado la marcha de las cosas, que posibilita a la vez su actividad y su posible fracaso, ya que sabe que no es por él y por su actividad por lo que el sentido penetra en el mundo, es la afirmación de una realidad que merece la pena que le ayude modificándola.
No existe sustitutivo alguno para la serenidad, nunca y bajo ninguna circunstancia, pero si existen circunstancias que dificultan vivirla.
La persona feliz tiene la necesidad natural de comunicar su felicidad, y la alegría compartida y participada es doble alegría, doble felicidad. La serenidad es una propiedad del hombre feliz.
Como punto y final una frase importante que han reflejado ya alguno de mis compañeros: Espinosa dijo:”La felicidad no es el premio de la virtud, sino la virtud misma”
Gracias por todo.
¡Suerte!

Antonia Jiménez Ramírez dijo...

ANTONIA JIMÉNEZ RAMÍREZ

La persona que actúa no tiene posibilidad de elegir entre relacionarse o no con la realidad. Al comenzar a actuar acepta el destino, es decir el pasado y el futuro.
Los hombres, al actuar, modifican las condiciones que enmarcan su comportamiento. A esas condiciones pertenecen nuestra historia, nuestra naturaleza, nuestra biografía. En el transcurso de nuestras vidas, descubrimos las fronteras que nuestra naturaleza nos traza. Cad auna de nuestras acciones ejerce un influjo indirecto sobre nosotros mismos. Puede cambiar la valoración de lo sucedido pero nunca será como antes. La actividad a lo largo del tiempo se convierte en destino. Es algo inevitable porque el no actuar también se convierte en destino. Actuar significa despreocuparse de uno mismo y de las intenciones. No se puede separar actuar de sufrir, porque el sufrimiento es un aforma de actuar.
El fanático es aquel que piensa que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos. Si conoce que el que actúa se enfrenta al destino, lo niega. No reconoce límites morales a su forma de actuar, porque piensa que gracias a sus acciones adquiere sentido el mundo.
El cínico es lo contrario del fanático, aunque su forma de actuar sea muy parecida. Renuncia al sentido porque adopta la realidad contra el sentido. Considera la acción bajo el aspecto del acontecer mecánico. Cree en el derecho del más fuerte. El cínico es inaferrable porque ha tomado de antemano el partido de la realidad y la falta de sentido.
El fanático acaba convirtiéndose en cínico cuando descubre el poder de la realidad. Ambos están de acuerdo en que la realidad que rodea nuestras acciones no tiene sentido. Sólo puede darse una acción con sentido si nos situamos en una relación positiva con la realidad. Al fanático se le puede explicar el sentido, pero al cínico no. Es mejor dejarle a un lado y combatirle cuando otros se convierten en sus víctimas.
La serenidad es la actividad razonable del hombre frente al destino. Es la actitud que la persona acepta voluntariamente lo que él no puede cambiar. Hay que aceptar el destino para aceptarse a sí mismo. La aceptación de la serenidad es la condición para que el hombre pueda vivir amistosamente con sus semejantes y consigo mismo. La condición de una vida feliz.

Lucía Asenjo Mota dijo...

Voy a exponer las ideas que considero más importantes de este último capítulo:
Con las actuaciones de los hombres nos relacionamos con la realidad, puesto que hemos de haber aceptado unas condiciones dadas y estas actuaciones modifican, a la vez, las condiciones que enmarcar nuestros comportamientos. “Nuestro -ser así- no es una magnitud fija que determina nuestra actividad, si no que, al contrario, viene configurado continuamente por nuestras acciones”. Es por esto que Spaemann afirma que tenemos que tener claro que todas nuestras acciones marcan nuestra configuración y adoptan la forma de nuestro destino que no podemos negar, pero estas consecuencias a largo plazo derivadas de nuestra actividad no las podemos controlar y tenemos que estas dispuestos a someternos al dolor. Así pues, el autor nos cuenta que nos encontramos en una expresa relación con lo que sucede y lo incorporamos al sentido de nuestra vida en tres formas: fanatismo, cinismo y serenidad:
- “El fanático es aquel que está afincado en la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos”. El fanático cree que sólo el destino se construye con su proceder, sin embargo, desde el punto de vista moral, el destino es algo que ya está desde nuestra existencia.
- El cínico es el contrario al fanático, “no adopta el partido del sentido contra la realidad, sino el de realidad contra el sentido; renuncia al sentido”. Defiende los derechos del más fuerte puesto que defiende la realidad como un proceder mecánico.
Ambos están de acuerdo en que la realidad no tiene sentido, por tanto, dice Spaemann que para que una acción tenga sentido sólo puede darse si nos situamos en una relación positiva con la realidad que nos deparan nuestras acciones. Al cínico hay que combatirlo si hace daño, se le puede ayudar, propone el autor, a través del amor para que sea consciente del sentido de la vida.
- Denominamos la serenidad como la actitud razonable y voluntaria del hombre de aceptar los límites del destino, aceptar lo que lo que los hombres no podemos cambiar. Porque las cosas más relevantes de nuestra vida no son “elegidas” si no que “nos las encontramos”, ya que aparecen circunstancias no elegidas, incontrolables. Y para estar bien con nosotros mismos, tenemos que aceptar este destino. Algunos filósofos afirmaron la aceptación del destino como la liberación definitiva del hombre.
Volviendo al relevante tema de lo bueno y lo malo, Spaemann finaliza este capítulo afirmando que “la confianza en que el bien lleva al bien, al menos en general y a largo plazo. Solamente entonces tiene sentido la acción buena”. Y esto sólo ocurre cuando pensamos que es el bien el que se impone al mal. La persona que es serena actúa con firmeza, aceptando su posible fracaso para poder modificarlo. Una persona serena puede vivir amistosamente consigo mismo y con sus semejantes. Por último, Spaemman dice: “aceptamos el mundo tal y como nos los entregaron los mayores [...] prosiguen nuestros propósitos [...] para que el destino no se muestre como algo enemigo".
Sin duda, ¡muy interesante libro!. Suerte a todos en los exámenes.

Elvira Navalpotro dijo...

Para acabar el libro, hago un resumen del último capítulo sobre la serenidad:

Nosotros somos como somos sin poderlo modificar, igual que la realidad, es como es. Nuestro "ser-así" no es algo fijo que determina nuestra actividad, sino que nuestro actuar viene configurado continuamente por nuestras acciones. Nuestra actividad no comienza de cero y en el transcurso de la vida es donde descubrimos las fronteras que nuestra naturaleza nos traza de antemano. También hay que considerar que cada una de nuestras acciones ejerce un influjo indirecto sobre nosotros mismos configurándonos, por eso tenemos que ser conscientes de que todo lo que hacemos nos modela de manera irrevocable. La propia actividad a lo largo del tiempo adopta la forma de destino. Quien no desee esto no podrá actuar ya que solo se puede obrar si se está dispuesto a someterse al dolor del destino que viene de no poder controlar las consecuencias a largo plazo de nuestra actividad.
¿En qué relación podemos situarnos con lo que sucede? Caben tres posibilidades:
- fanatismo: el fanático es aquel que está afincado en la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos.
- cinismo: el cínico considera la acción bajo el aspecto del acometer mecánico
- serenidad: actitud de aquel que acepta voluntariamente lo que él no puede cambiar; la actitud de quien acepta los límites. La persona serena actúa con firmeza, pero ha aceptado la marcha de las cosas, que posibilita a su vez su actividad y su posible fracaso, ya que sabe que no es por él y por su actividad por lo que el sentido penetra en el mundo. La serena aceptación de la realidad es la condición para que el hombre pueda vivir armoniosamente con sus semejantes y consigo mismo; la condición de una vida feliz y para que el sentido subjetivo de la vida no sea desmentido por la realidad. La serenidad es una propiedad del hombre feliz y la persona feliz tiene la necesidad natural de comunicar su felicidad y la alegría participada es doble felicidad.

Acaba el libro con una frase lapidaria que no quería dejar de escribir: “La felicidad, no es el premio de la virtud, sino la virtud misma”

Victoria Benayas dijo...

Victoria Benayas. Ed. Infantil


Buenas tardes a tod@s!!!última semana para el blog. Bueno en relación al capítulo VIII titulado Srenidad o actitud ante lo que podemos, voy a resaltar lo principal de dicho tema.

La ética tiene que ver con los actos que depnden de nosotros. Cada vida humana es más bien un todo de sentido, es el mismo individuo quien tiene que responder de su comportamiento. El que actúa no tiene la posibilidad de elegir entre relacionarse o no con la realidad. Lo hace al actuar. Es por ello, que los hombres al actuar modifican a la vez las condiciones que enmarcan su comportamiento. Esto es lo que lamamos historia. Pero sólo lo pueden hacer a candición de que acepten previamente determinado marco de su actividad. A esas condiones dadas de antemano pertenece no sólo el cuadro exterior de nuestra actividad, sino también nuestro modo de ser, nuestra naturaleza, nuestra biografía.
Y si es cierto que cada una de nuestra accones ejerce un influjo indirecto sobre nosotros mismos configurándonos, eso sognifica también nuestra actividad anterior reviste para nosotros el carácter de destino. Debemos seguir aceptando que la vida de cada hombre es un todo de sentido, es sólo porque lo contario también es verdad, es decir, porque el mismo sufrimiento es también una forma de acción. Y nos preguntamos cómo sucede esto y caben tres posibilidades que son: fnatismo, cinismo y serenidad.
El fanático es aquel que está afincado en la idea de que no existe más sentido que el nosotros damos y ponemos.
Lo contrario del fanático es el cínico, ya que éste no adopta el partido del sentido contra la realidad, sino el de la realidad contra sentido; renuncia al sentido. Considera la acción bajo el aspecto del acontecer mecánico. En el fondo ambos están de acuerdo, desde el principio en que la realidad que rodea nuestras acciones, que les sirve de presupuesto y en la que desenbocan, no tiene sentido.
La actitud razonable del hombre frente al destino, la deniminamos serenidad. Con la palabra serenidad entendenmos la actitud de aquel que acepta voluntariamente como un límitelleno de sentido, lo que él no puede cambiar; la actitud de quien acepta los límites.
La serena aceptación de la realidad es, como vimos, la condición para que el hombre pueda vivir amistosamente con sus semejantes y consigom mismo; la condicón para que el sentido subjetivo de la vida no sea desmentido por la realidad.

Os deseo mucha suerte a tod@s en el examen!!!

Un saludo, Victoria.

Anónimo dijo...

Elena Esteves Santamaría (Titulada)
2º Lengua Extranjera.

Pasaré a hablar sobre el tema de la serenidad.

Es importante que el hombre mantenga una correcta relación con aquello que sin su intervención es como es.Hegel escribió y, que el principio de la ciencia moral es el respeto que debemos tener al destino.

La dignidad del actuar humano reside en que no forma parte de un acontecer más amplio como si fuese un simple elemento inconsciente. Es el mismo individuo quien tiene que responder de su comportamiento en un sentido absoluto.

Quien actúa , no tiene posibilidad de elegir entre relacionarse o no con la realidad, sino que al estar actuando acepta ya el destino.

A diferencia de los animales, el hombre al actuar modifica a la vez las condiciones que enmarcan su comportamiento: esto es a lo que llamamos historia. Pero eso sólo lo pueden hacer a condición de que acepten previamente determinado amrco de su actividad. A estas determinadas condiciones, pertenece nuestra biografía.

La realidad es como es sin nosotros, y en alguna medida nosotros somos como somos sin poderlo modificar. Nuestro ser así no es algo fijo que determina nuestra actividad, sino que se configura con nuestras continuas acciones unque tampoco nuestra contínua actividad comienza de cero.

Cada uno de nosotros somos destino para otros, lo mismo que otros son destino para nosotros y no tenemos en la mano ese destino. Por so actuar significa desairarse de si.

Como la vida de cada hombre es un todo de sentido, tenemos que situarnos en una consciente relación con lo que sucede e incorporarlo al sentido de nuestra vida.
Hay tres posturas:
- Fanatísmo: Fanático es aquel que está afincado en la idea de que no existe más sentido que el que nosotras damos y ponemos. Fanático es el revolucionario que no reconoce límites morales a su proceder.
- Cinismo: El cínico no adopta el partido del sentido contra la realidad, sino el de la realidad contra el sentido. Cree en el derecho del más fuerte. Se parece tanto al fanático que en la práctica se confunden.
- Serenidad: Actitud razonable del hombre frente al destino; la actitud ed aquel que acepta voluntariamente, como un límite lleno de sentido, lo que él no puede cambiar. La persona serena actúa con firmeza, pero ha aceptado la marcha de las cosas, que posibilita a la vez su actividad y su posible fracaso.

Que tengais mucha suerte todos con los exámenes.
Saludos!!

Anónimo dijo...

Rocio Royo Medina Titulada LE
El libro a lo largo de toda su lectura nos ha llevado a las cuestiones principales que encontramos de ética práctica. Hemos tratado de la conciencia que dicta lo bueno y lo malo; la justicia; la verdad… y la felicidad
Este último capítulo nos habla de los actos de cada uno y de cómo debemos responder ante ellos. Cada cosa que hacemos tiene una consecuencia nos deja una huella, va creando nuestra biografía lo mismo si actuamos como si no. Nosotros con nuestro comportamiento vamos haciendo nuestra historia. ¿Pero qué actitud debemos adoptar ante la adversidad que no podemos cambiar y que muchas veces nos encontramos en el camino? Fanatismo, cinismo y serenidad. La serenidad puede ser llamada resignación cristiana.

gloria dijo...

GLORIA GEMA SÁNCHEZ RODRÍGUEZ
(Lengua Extranjera)
Hola a tod@s. Voy a comentar este último capítulo.
SERENIDAD O ACTITUD ANTE LO QUE PODEMOS CAMBIAR
Este último capítulo trata de cuál es la actitud más idónea de una persona ante la vida.
Durante nuestra vida, cada uno de nosotros tenemos la posibilidad de elegir entre relacionarnos o no con la realidad y esto lo hacemos cuando actuamos. Cuando el hombre comienza a actuar ha aceptado ya el destino, tanto el pasado como el futuro, es decir, ha aceptado unas condiciones dadas. Pero el hombre, con su actuar, modifica a la vez las condiciones que rodean su comportamiento, es decir, hace historia.
En el transcurso de nuestra vida, vamos descubriendo que cada una de nuestras acciones ejercen un influjo indirecto sobre nosotros mismos, nos configuran. Para llevar una vida justa hay que tener claro que todo lo que hacemos nos modela de manera irrevocable. Nuestra propia actividad es una forma de destino. Aunque también nos irrite pensar no saber las consecuencias de nuestras acciones a largo plazo. Por lo tanto, o nuestra actividad es absorbida por la exterioridad del destino o nos situamos de forma consciente con lo que sucede y lo incorporamos al destino de nuestra vida.
Hay tres formas de relacionarnos con lo que sucede en nuestra existencia: fanatismo, cinismo y serenidad.
Fanatismo: No existe más sentido en nuestras acciones que el que nosotros les damos.
Cinismo: Cree en el derecho del más fuerte. Considera la acción bajo el aspecto del acontecer mecánico.
Serenidad: Es la actitud razonable del hombre frente al destino
Con la palabra serenidad entendemos la actitud de aquel que acepta voluntariamente, como un límite lleno de sentido, lo que él no puede cambiar.
Si vivimos en un mundo donde ocurren cosas que no podemos modificar, lo aceptemos o no, debemos estar en buena relación con él, porque de lo contrario tampoco podríamos estar en paz con nosotros mismos y sin amistad con nosotros mismos, no puede darse una vida recta.
El cristianismo enseña la serenidad ante el destino de una manera realista. Dios, para los creyentes, es el Señor de la Historia y garante de las exigencias morales. La fe en Dios incluye la idea de que hay que colaborar con el bien, de que las malas intenciones deben convertirse en lo contrario.
Una persona serena es la que actúa con firmeza pero aceptando la marcha de las cosas. No significa pasividad y renuncia a cambiar el mundo, sino afirmación de una realidad que merece que se le ayude modificándola. Y la mayor ayuda que podemos dar a nuestra realidad es ayudar a descubrir a los hombres que merece la pena vivir, porque hay situaciones que es difícil descubrir esto.
Si aceptamos serenamente la realidad, podremos vivir amistosamente con nuestros semejantes y con nosotros mismos, lo cual es condición para una vida feliz.
Las distintas generaciones han sido destino unas de otras. Si creemos esto, sabremos que la mayores tienen la tarea de introducir a los jóvenes en su mundo de valores hasta que puedan comprenderlos y luego, con su actividad independiente proseguir la tarea. A su vez, los jóvenes, tienen la misión de dejar a los que vengan después un mundo donde ellos puedan comenzar con esa herencia y no que vean el mundo como algo a lo que no se puedan acomodar.
En resumen, la serenidad se da cuando se acepta el destino, por eso es tarea fundamental del hombre el facilitárselo a sus semejantes, porque la serenidad es una propiedad del hombre feliz.
UN SALUDO.

natalia dijo...

Natalia Naveda Campos, titulada 2º de Infantil.
¡Hola a todos!
Me gustaría comentar la pregunta ¿qué postura adoptar ante lo que sucede? Se habla de tres posturas: fanatismo, cinismo y serenidad. El fanático está afincado en la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos. El cínico cree en el derecho del más fuerte.
La actitud razonable del hombre frente al destino la denominamos serenidad. Es la actitud del que acepta voluntariamente, como un límite lleno de sentido, lo que él no puede cambiar; la actitud de quien acepta los límites. La persona serena actúa con firmeza, pero ha aceptado la marcha de las cosas, que posibilita a la vez su actividad y su posible fracaso, ya que sabe que no es por él y por su actividad por lo que el sentido penetra en el mundo. Serenidad no significa pasividad, renuncia a cambiar el mundo sino afirmación de una realidad que merece que se le ayude modificándola. La serena aceptación de la vida es la condición para que el hombre pueda vivir amistosamente con sus semejantes y consigo mismo; la condición de una vida feliz y la condición para que el sentido subjetivo de la vida no sea desmentido por la realidad.

Paola dijo...

Paola Recio Zaapata
Alumna titulada

Hola a todos!!

¿Cómo podemos afrontar la realidad y nuestra vida?

De tres formas distintas según el autor:

1. De manera fanática: El fanático no acepta que la realidad que nos rodea está ahí. No es Realista. El fanático piensa que todo depende de él. La realidad sólo tiene el sentido que nosotros le damos. ünicamente a través de su proceder, de su actuar, el mundo adquiere sentido.

2. De manera cínica: La persona cínica es lo contrario a la fanática. Toma como base que la realidad está falta de sentido. Consecuentemente actúa de manera mecánica.

Ambas formas de vivir y afrontar la realidad no nos pueden permitir ser felices.

La única forma de lograrlo es dar sentido a esa realidad que nos rodea de manera positiva:

3. De manera serena: La persona serena acepta positivamente el hecho de que hay aspectos de la realidad que no se pueden modificar. Acepta los límites. La persona serena no actúa pasivamente sino que como cita el autor, "lleva a cabo una afirmación de una realidad que merece que se le ayude modificándola"
Solo una persona serena en este sentido puede ser feliz y puede tener ganas de vivir.
"La serenidad es una propiedad del hombre feliz"

Un saludo a todos,

Paola

Anónimo dijo...

Tras ojear los comentarios de mis compañeros, me gustaría simplemente hacer una pequeña aportación para rematar la lectura del libro.

Si bien este último capítulo comienza por decirnos que la ética tiene que ver con los actos que dependen de nosotros, debería ser lógico entonces y atendiendo a esto ser cada sujeto capaz de aceptarse a sí mismo, aceptando su destino y pudiendo así lograr una vida recta.

La disposición de todas estas aceptaciones presupone en quien actúa, el aceptar también sus fracasos como llenos de sentido, como una virtud más en sí misma.

Un saludo y suerte!
Ya queda menos, xD!

Unknown dijo...

Se pueden tomar tres posturas ante lo que sucede:
Fanático: aquel que considera que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos
Cínico: aquel que renuncia al sentido, adopta el partido de la realidad contra el sentido.
La serenidad: actitud razonable del hombre hacia el destino, con la que acepta voluntariamente lo que no puede cambiar. Esto es realmente importante pues quien no acepta el destino, no puede aceptarse a sí mismo, y esto es clave para llevar una vida feliz. Aunque no hay que olvidar que con cada decisión que tomemos o acción que realizamos estamos influyendo en el futuro.
Ana Alonso Irurzun

Anónimo dijo...

Buenas tardes a todos, a continuación comentaré el último capítulo de Spaemann sobre la serenidad.
Al comienzo de este capítulo, se afirma que es el propio individuo quien tiene que responder de su comportamiento en un sentido absoluto, cada individuo es responsable de sus actos y lo que ha hecho o ha dejado de hacer es algo irrevocable y ya forma parte de su vida. Sin embargo, surge la pregunta de cómo podemos responder de nuestros actos en un mundo tan amplio en el que no todo puede estar a nuestro alcance.
La persona que actúa se relaciona con la realidad y acepta el destino.
El hombre al actuar , modifica las condiciones que enmarcan su comportamiento, es decir, las personas que actúan de una manera y dicen “yo soy así” eso no es real, es así por como actúa en cada momento , por sus acciones no porque sea así naturalmente. Cada acción ejerce un influjo sobre nosotros configurándonos.
Podemos hablar de tres términos: fanatismo, cinismo y serenidad.
Fanatismo: es la persona revolucionaria que no reconoce límites morales a su proceder.
Cínico: es el término contrario al fanatismo, renuncia al sentido, considera la acción bajo el aspecto del acontecer mecánico.
Serenidad: actitud razonable del hombre frente al destino. El hombre acepta voluntariamente lo que él no puede cambiar.
No existe sustituto alguno para la serenidad, sin embargo existen muchas circunstancias que dificultan vivirla.

Anónimo dijo...

Gemma Barreda Marina
2º Primaria
Hemos ido descubriendo en este libro la importancia de la realidad para el individuo. Esté en ella tiene una parte importante que puede y está modificando en cada momento y otra parte que le viene determinada o impuesta por su entorno y características, que también podrá modificar en cierta medida pero siempre condicionada por el destino, ya que no podemos controlar las consecuencias a largo plazo de nuestra actividad. Lo podemos ejemplificar en la acción del buen profesor. Esté enseña a sus alumnos en la medida de sus capacidades pero las consecuencias de su labor y sus palabras en el futuro es bastante incontrolable.
Como decía Ortega y Gasset “Yo soy yo y mis circunstancias y si no la salvo a ella no me salvo yo”
En la relación en la que nos situemos con lo que sucede, dice el autor, surgen tres posibilidades:
Fanático se aferra a la idea de que solo existe el sentido que él da y pone a la realidad.
El cínico renuncia al sentido de la realidad. El acontecer es una acción mecánica.
El sereno que acepta la realidad como un límite lleno de sentido. Lo que no se puede cambiar se acepta voluntariamente, con la disposición de asumir como llenos de sentido los fracasos, pues se entremezcla nuestra actividad y la realidad.
La serena aceptación de la realidad es la condición para que el hombre pueda vivir amistosamente con sus semejantes y consigo mismo; vinculándose a la cadena de la vida de una forma amistosa, es decir, el joven acepta y es introducido en el mundo que han dejado sus mayores, situándose en una relación positiva con la realidad inacabada que se encuentre. Este es el camino único del hombre feliz.
Mucho ánimo para los exámenes

Goyo dijo...

Si hubiese que destacar una palabra de este último tema, esta claro que sería destino (incluso por encima de serenidad).

Pero sin embargo, hay cosas que se me escapan. El autor empieza diciendo que solo por el mero hecho de actuar ya aceptas el destino. Y yo me me pregunto: ¿Qué es exactamente el destino?

Según el autor parece que sencillamente es el futuro mismo de cada persona.

Pero hay un momento, en el que Spaemann parece que dice que el destino es un futuro ya escrito y que nuestras acciones y nuestras elecciones no son libres, que no lo hacemos por voluntad propia si no por que sencillamente nació así y esta ya a sido predeterminado y es ajeno al malhechor o bienhechor.

Es en ese punto en el que empieza a describir al fanático, al cínico y al sereno.

Desde ese momento, parece que el autor basándose en las ética kantiana, clasifica al hombre según la naturaleza de sus acciones.

Gregorio Galiana Rojas
Lengua Extranjera

Miriam dijo...

Miriam Puertas (Ed. Infantil titulados)

Buenas noches,

En este último comentario voy a definir los términos clave de este capítulo: fanático, cínico y serenidad.

Fanático: Es aquella persona que está afincada en la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos. Si conoce el hecho de quien actúa se enfrenta a la hegemonía del destino y se niega a aceptarlo. Es el revolucionario que no reconoce límites morales a su proceder, porque parte de la idea de que sólo gracias a éste adquiere sentido el mundo.

Cínico: es lo contrario de fanático. No adopta el partido del sentido contra la realidad, sino el de realidad contra sentido; renuncia al sentido.

Serenidad: es una actitud de aquel que acepta voluntariamente, como un límite lleno de sentido, lo que él no puede cambiar, la actitud de quién acepta los límites . En definitiva es la actitud razonable del hombre frente al destino.

Un saludo y suerte.

Mª José Gasque Donaire (Titulados Educación Infantil) dijo...

Buenas noches,

Para mí la pasión puede reforzar más aún tu convicción en aquello en lo que crees o que crees que debes hacer. La pasión es inherente al ser humano.

La resignación es algo bueno, una vez que has intentado hacer algo con todas tus fuerzas, y por lo que sea no lo has conseguido, pero tienes la tranquilidad de haberlo intentado.

La persona serena, quizás actúe de forma más acertada, porque no se deja influenciar por los arrebatos o por los impulsos del momento o de las pasiones. La serenidad, te permite ver las cosas con mayor nitidez y claridad. El sentir que has hecho lo correcto, te da una sensación de paz y felicidad.

Beatriz López Marcos dijo...

Hoy en día se pretende que todo tenga una solución, incluso lo que no se puede cambiar. El que pesa algo más de lo normal, el que tiene ya unas cuantas arrugas, el que se está quedando sin pelo, todos quieren ser lo que no son, se empeñan en hacer dietas milagrosas, echarse potingues en el pelo, hacerse operaciones de cirujía estética,etc. No aceptan lo que son, no se aceptan a sí mismos. No tienen serenidad porque no se aceptan como son, buscan cambiar lo que no pueden, y eso les tiene frustrados.
Pero¿cómo conseguir esa serenidad de la que estamos hablando?La respuesta la encontramos saliendo de nosotros y mirando hacia arriba. Es el Espíritu Santo quien puede concedernos serenidad para aceptar lo que no podemos cambiar, El es quien da sentido a todos los acontecimientos de nuestra vida,El es quien nos puede dar esa paz interior que necesitamos para hacer frente a las circunstancias adversas, El es el sentido de nuestra vida.
Lo importante es darnos cuenta de lo que podemos y lo que no podemos cambiar. Porque empeñarnos en cambiar lo que es imposible es una pérdida de tiempo y de energías.
La oración del hombre nuevo dice así:
Señor, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar lo que puedo; sabiduría para conocer la diferencia.

Maria José Gasque Donaire (Titulados Educación Infantil) dijo...

Buenas noches,

Para mí la pasión puede reforzar tu convicción más aún, es decir ayudarte a mantener más firmemente aquello en lo que crees, con más fuerza si cabe. La pasión es inherente al ser humano.

La resignación es algo bueno, una vez que has intentado hacer algo con todas tus fuerzas, y por lo que sea no lo has conseguido, pero tienes la tranquilidad de haberlo intentado.

La persona serena, quizás actúe de forma más acertada, porque no se deja influenciar por los arrebatos o por los impulsos del momento o de las pasiones. Te permite ver las cosas con mayor nitidez y claridad. El sentir que has hecho lo correcto, te da una sensación de paz y felicidad.