El capítulo quinto es especialmente interesante -aunque creo que los anteriores también lo han sido....-
El planteamiento es sencillo: "Hay que seguir la propia conciencia" y acto seguido: "La respuesta es correcta y, a la vez, conduce a error en su misma simplicidad"
Os planteo que desarrolléis los argumentos por los que la sentencia puede conducir a error, por qué no es suficiente, por qué puede llevar a actuar injustamente. Tal vez a alguno este problema le resulte insólito ¿Acaso no hay que seguir la propia conciencia? Pero ¿Qué es la conciencia? ¿Qué es la "buena voluntad"? ¿Basta decir que tengo buena voluntad para acertar? ¿Es lo mismo que no me dejen actuar en conciencia a que me obliguen a actuar contra la propia conciencia? ¿Actuaba Hitler según su conciencia? La dificultad conduce a la solución: como siempre, al principio de solución, porque siguen quedando puertas abiertas.
Tras el gran debate del capítulo anterior, la conclusión de Spaemann es la siguiente:
"Hemos visto que nada de lo que se haga contra la conciencia puede ser bueno,
aunque vimos también que no todo lo que se hace en conciencia es bueno; la
conciencia, en efecto, no es un oráculo, sino un órgano. Y como tal puede estar
mal orientada".
Parece que la propuesta kantiana se dirige hacia la "buena voluntad", pero no es suficiente. En todo caso, aparece una clara referencia a qué sea actual mal -asunto nada desdeñable, por otra parte- y por otro lado una explicitación interesante sobre a qué podemos llamar realmente buena voluntad. Con esto, cerramos algo más lo dicho hasta el momento. Ahora parece que nos aproximamos al núcleo de todo el libro:
¿Qué hace a una acción buena?
¿Qué es lo bueno, qué es el bien?
¿Es el bien un "ideal"?
¿Qué relación hay entre bien y "realidad" y "dignidad"?
¿La obligación moral de "hacer el bien" y "hacer lo mejor" se identifican?
Es decir, el límite superior e inferior relativo a lo bueno ¿qué criterios sigue?
Una sentencia clásica os hará, seguro, reflexionar "operatur sequitur esse", esto es, "el obrar sigue al ser".
No os "atosigo" con más preguntas. Seguro que vosotros véis muchas más cosas. Un cordial saludo.

64 comentarios:
Hola a todos, parece mentira como pasa el tiempo, estamos llegando al final del curso...
En el capítulo 6 Spaemann trata el tema de la conciencia y de la conveniencia de seguirla siempre o no. La conciencia implica la dignidad humana, puesto que nosotros somos capaces de actuar expresamente y libremente sabiendo la razón de por qué lo hacemos. La conciencia es una autoexigencia: nos hacemos daño a nosotros mismo cuando causamos daño a otro.
La conciencia debe ser descrita como un movimiento espiritual doble: un primer movimiento que lleva al hombre por encima de sí mismo para así conocer razones y contrarrazones, de hecho, no hay conciencia sin disposición a formarla e informarla; y un segundo movimiento de vuelta a uno mismo para finalmente poner fin, con convicción, al discurso y actuar; esta convicción la denominamos conciencia.
La conciencia no es sin más un producto de la educación (como ejemplo tenemos la común oposición a las normas dominantes) ni un producto innato (puesto que no es un instinto sino un producto del actuar consciente y libremente). La conciencia delicada y sensible es característica de un hombre interiormente libre y sincero. El arrepentimiento, la mala conciencia nos ayuda a variar conscientemente una mala actitud.
La conciencia no siempre tiene razón, nos marca la dirección pero para poder verla necesita una idea recta de la jerarquía de valores que no esté deformada por la ideología.
Finalmente llegamos a la conclusión de que no hay un criterio que nos ayude a distinguir una conciencia verdadera de una errónea, ya que si lo hubiera nadie se equivocaría. Pero ello no es óbice para que nos impida seguir nuestra conciencia, siempre que con ella no se lesione los derechos de los otros.
Por último, el autor nos hace reflexionar sobre la diferencia que hay entre impedir a uno que haga lo que su conciencia le manda (ya que cae fuera de su responsabilidad) y obligar a uno a actuar contra su propia conciencia (a través de la tortura), lo cual es atentar contra la dignidad del ser humano.
Si la conciencia puede estar equivocada, qué convierte una acción en buena ? Para no extenderme mucho, señalaré frases que me han parecido decisivas del siguiente capítulo y que son claras por sí misma: "La acción buena es la que hace justicia, tiene en cuenta a la realidad", "Para que una actividad sea buena es decisivo que se comporte uno de acuerdo a su propio valor", "el ámbito en el que tenemos verdadera responsabilidad no está fijado de una vez por todas", "todos necesitamos indulgencia, incluso perdón. Pero solo puede exigirlo quien, sin cerrar los ojos a la injusticia, está dispuesto a perdonar sin reservas". Y finalmente: "Indulgencia, perdón y reconciliación son algo más alto que la justicia"
Saludos y buena semana.
Buenas tardes a todos. Soy Lourdes Marcos (Primaria)
Como continuación al capítulo anterior (Cap. V) y en relación a las acciones objetivamente buenas o malas y a la justicia, corresponde ahora hablar de la conciencia. La conciencia dice a cada uno lo que debe hacer. Esta afirmación, aún siendo correcta, conduce a error por su propia simplicidad.
Llamamos conciencia a algo sagrado existente en todo hombre y que debe respetarse incondicionalmente. Hablar de conciencia es hablar de la dignidad del hombre.
La conciencia es una exigencia de nosotros mismos a nosotros mismos (al causar daño a otro, nos dañamos a nosotros mismos: tenemos una mala conciencia).
La conciencia es la presencia de un criterio absoluto en un ser finito (la vida del hombre es finita). No hay bien, ni sentido ni justificación para el hombre si lo objetivamente bueno y recto no se le muestra como tal en la conciencia.
La conciencia es un movimiento espiritual doble:
- El 1er. movimiento lleva al hombre por encima de sí, permitiéndole relativizar sus intereses y deseos, y permitiéndole preguntarse por lo bueno y recto en sí mismo (no hay conciencia sin disposición a formarla e informarla).
- Por el 2º movimiento vuelve de nuevo al individuo, a sí mismo (el individuo no puede abdicar en otros su responsabilidad, ni en las costumbres del tiempo, ni en el anonimato de un intercambio de razones o contrarrazones).
Pero la conciencia no siempre tiene la certeza de hacer objetivamente lo mejor, aunque podemos decir que basta para una conciencia cierta con haber tomado la mejor solución posible en ese momento y de acuerdo con sus conocimientos.
Este “compás que nos guía”, que es la conciencia, entra en nosotros en la niñez, siendo nuestros padres quienes nos inculcan las normas que debemos obedecer y que más tarde interiorizamos. El hombre necesita de la ayuda de otros para llegar a ser lo que es.
Es importante destacar que es realmente libre y sincero quien actúa en conciencia. El “sentido de la culpabilidad” es a veces tomado como una enfermedad, pero la enfermedad está en realidad en no tener mala conciencia (sentimiento de culpabilidad) cuando realmente se tiene culpa. Este dolor o sentido de culpabilidad ha de ir ligado al arrepentimiento o necesidad de variar conscientemente una mala actitud. Este cambio será racional y emocional al mismo tiempo.
Como se apuntaba antes, la conciencia no siempre tiene razón. La conciencia es, en el hombre, como el órgano del bien y del mal que nos marca la dirección hacia lo universal, lo recto en sí mismo. Para ser capaz de ver esto, la conciencia necesita de las reflexión y de un conocimiento moral (jerarquía real de valores). En ocasiones se da la conciencia errónea, cuando es guiada por algo que no es objetivamente bueno.
No hay un criterio único que nos permita obrar en conciencia verdadera (si fuera así no nos equivocaríamos nunca), aunque sí nos ayuda sopesar el juicio con el de los demás, teniendo en cuenta que los demás también pueden tener la conciencia errónea.
Para terminar:
La conciencia no es herida si se le impide a uno hacer lo que ella manda, ya que ese obstáculo no cae bajo su responsabilidad. En cambio, cuando a uno se le obliga a actuar en contra de su conciencia, se está lesionando la dignidad del hombre.
Séneca escribió: “Habita en nosotros un espíritu santo como espectador y guardián de nuestras buenas y malas acciones”.
Un saludo
No sabemos si Hitler actuaba según su conciencia. Existen dos posibilidades:
- Que actuase contra su conciencia: en este caso, creo que un hombre que actuase así, debería acabar irremediablemente loco. Actuar constantemente contra la propia conciencia, cargando con la muerte de miles y miles de personas, no es propio de una persona que esté en su sano juicio, por lo menos después de haber actuado así. Pero a veces me pregunto ¿cómo sería Hitler antes de meterse en política? Porque el ser humano, ya vimos el año pasado, siempre tiene la posibilidad de elegir su camino, de rechazar el camino bueno, el que le conduce a la felicidad. Me imagino que, como la canción de Cantajuegos “ladrillo a ladrillo”, injusticia tras injusticia, omisión culpable tras omisión culpable, mala actuación tras mala actuación, le llevarían a tomar las decisiones que luego tomó. Por eso he dicho en algún otro comentario, que nos vamos haciendo con nuestras acciones: con ellas o construimos el hombre bueno que debemos ser, o nos vamos cargando de porquería, hasta que estamos tan cubiertos, que no sabemos por dónde está el camino.
- Que actuase en conciencia: pero era una conciencia mal formada. Y tenemos la responsabilidad de orientar, formar e informar la propia conciencia, porque la ignorancia de las leyes no exime de su cumplimiento y si no la formamos seremos ignorantes culpables.
Si alguien realiza una acción contra su propia conciencia, nada bueno puede salir de ahí. Siempre hay que seguir la propia conciencia, pero tenemos la obligación de tenerla bien formada. Para ello, tenemos la obligación y el deber de ver que es lo bueno, lo recto, necesitamos de una idea recta de la jerarquía de valores que no esté deformada por la ideología; tenemos que salir de nosotros y mirar a lo universal. Si con nuestra acción conforme a nuestra conciencia, lesionamos los derechos de otros, entonces podremos ser impedidos de hacerlo.
Por tanto, no es suficiente con seguir la propia conciencia. Esta debe estar bien formada. Si todos los hombres pudiesen hacer aquello que su conciencia les permite, habría un porcentaje de hombres sin conciencia que harían lo que les conviniera. La conciencia no siempre tiene razón; a veces se equivoca.
La conciencia es la presencia de un criterio absoluto en un ser finito que nos dice a cada uno lo que debe hacer. Son aquellas normas que nos inculcaron de pequeños y que ahora son órdenes que nos damos a nosotros mismos.
“Buena voluntad” es algo así como aquella voluntad que desea el bien, pero el bien no es la buena voluntad, ya que muchas malas acciones e injusticias se han justificado alegando buena voluntad. Si un acto se ha hecho mal, la buena intención no cambia la injusticia del acto. Es el caso “Robin Hood”.
No basta con tener buena voluntad para convertir en buena una acción, pero para que una acción sea buena, es requisito imprescindible la buena voluntad.
Es distinto que a uno no le dejen actuar en conciencia y que le obliguen a actuar contra la propia conciencia. Si a uno no le dejan actuar en conciencia, no deja de ser fiel a su conciencia, pero la responsabilidad de que no pueda actuar en conciencia cae en aquel otro individuo que no le permite actuar conforme a ella. Por otro lado, el individuo que es obligado a actuar contra su propia conciencia, tiene un problema: si actúa contra ella, aún siendo obligado, actuará mal, porque traicionará a su conciencia. No se le puede obligar a nadie a actuar contra su conciencia, ni siquiera con la amenaza de muerte, ya que a uno le pueden despojar de todo, pero nunca de su libertad de decidir el camino (Estos son los posos de Víktor Frankl). Ejemplo de ello son los mártires. Otro tema es la tortura, medio por el que se puede forzar la actuación de un hombre que ya no tiene voluntad y es simple instrumento de otro.
Hola a tod@s, ¿hay que seguir siempre la conciencia?
La conciencia dice a cada uno lo que debe hacer; hablar de conciencia es hablar de la dignidad del hombre, hablar de que no es un caso particular de algo general, ni el ejemplar de un género, sino que cada individuo como tal es ya una totalidad, es ya “lo universal”.
La conciencia debe ser descrita como un movimiento espiritual doble:
1. lleva al hombre por encima de sí, permitiéndole relativizar sus intereses y deseos, y permitiéndole preguntarse por lo bueno y recto en sí mismo; para lo que hay que intercambiar un diálogo con los demás sobre lo bueno y lo justo.
2. el individuo vuelve de nuevo a sí mismo, como es potencialmente lo universal no puede abdicar en otros su responsabilidad, ni en las costumbres del tiempo, ni el anonimato de un discurso o de un intercambio de razones y de contrarrazones.
Conciencia es el órgano del bien y del mal, nos marca la dirección, nos permite superar las perspectivas de nuestro egoísmo y mirar lo universal, lo que recto en sí mismo; pero para poder verlo necesita de la reflexión de un conocimiento real, una idea recta de la jerarquía de valores que no esté deformada por la ideología.
Un saludo.
Hola a todos,
Voy a intentar argumentar por qué el seguir los dictados de nuestra conciencia nos puede llevar a error. Para ello Spaemann se detiene en entender qué es la conciencia. Según sus palabras es “la presencia de un criterio absoluto en un ser finito; el anclaje de ese criterio en su estructura original” pero ¿cómo hemos conseguido ese criterio? ¿Es resultado de la educación de nuestros padres? ¿Es innato? El autor responde que en los niños hay un germen de conciencia pero, como en todo lo que atañe al hombre, es necesaria la ayuda de los demás para poder desarrollarla. Por tanto, la conciencia, que no es otra cosa que el órgano del bien y del mal, como todos los ámbitos del crecimiento humano, puede ser mal orientada. Así, existen conciencias que son erróneas y conciencias que son más delicadas, lo que no quiere decir que éstas últimas siempre lleven razón porque no son un oráculo sino un órgano. Por último, decir que para estar seguros de saber si nuestra conciencia ha dictaminado de manera adecuada o no es aconsejable cotejar nuestro conciencia con el criterio externo (y yo añado a ser posible cotejarlo con personas de reconocida conciencia recta y cierta).
Saludos cordiales,
Mayte Beltrán
Hola a todos y todas. Después de leer los anteriores capítulos, parece que ya muchas preguntas que quedaban sin contestar empiezan a tener respuestas en estos dos . Podemos no saber a ciencia a cierta lo que es una o buena acción, pero parece ser, que para saber si es bueno o malo lo que hacemos, basta saber lo que nos dicta nuestra conciencia. Esta, es una expresión que me resulta familiar, pero es verdad que no sé muy bien lo que es la conciencia. En este capítulo se puede sacar alguna conclusión. La conciencia tiene que ver con la dignidad del ser humano, cosa que no tienen los animales, estos cuando actúan, no saben la repercusión de sus actos, el ser humano, sí es consciente de ello. Cuando una persona hace algo que no está bien, principalmente al que se daña es así mismo y como consecuencia también al otro. La conciencia ayuda al hombre preguntarse por lo que es bueno o malo, y para que no se equivoque tiene que pedir opinión al los demás sobre lo que es justo o no. Nadie puede saber lo que es bueno o malo. Pero es el hombre el que tiene la última palabra, es él el que debe responder a su obediencia. La conciencia es algo que se aprende, como el lenguaje, pero también desde pequeños tenemos una actitud para saber lo qué está bien o mal. Me parece muy importante la idea que dice Robert Spaemann sobre que los niños tienen un gran sentido de justica, saben lo que es bueno y lo que no, no utilizan las palabras para mentir. Si esto es así, no podemos estropearlo, mantengamos esta buena predisposición que parece tener los niños. Es necesario tener mala conciencia, eso significa que nos arrepentimos, no siempre somos capaces de hacer las cosas bien, actuar justamente, muchas veces nos equivocamos, para no volver a repetir esa acción, lo primero que tenemos que hacer es admitir que nos hemos equivocado (algo que no es fácil) y después hay que ser capaces de corregir y cambiar esa mala actitud. No siempre lo que dicta nuestra conciencia es lo que se debe hacer, en ocasiones la conciencia no tiene razón. Debemos siempre reflexionar sobre las cosas, jerarquizar los valores y actuar lo más objetivamente posible. No siempre la buena voluntad implica una buena acción, aunque todo el que actúa bien, tiene una buena intención. La conciencia es una llamada de atención sobre lo que está bien. La moralidad, tiene que ver con la realidad, algo es bueno si se hace justicia con la realidad. El respeto hacia los demás debe de empezar por uno mismo, si uno no es capaz de respetarse, difícilmente respetará a su semejante y está muy relacionado con la dignidad humana. Totalmente de acuerdo con que siempre podemos hacer las cosas mejor, y con que no siempre tenemos que hacerlo lo mejor posible, pero sí hay unos mínimos que hay que cumplir, ya hemos hablado de esto, hay cosas que tienen que ver con la dignidad de las personas y que debemos respetar. Hay acciones universalmente indignas. Hay gente que tiene más disposición para hacer el bien que otras, esto se debe a que están más atentos. Me gustaría destacar la reflexión que se hace al final del capítulo: “Todos necesitamos indulgencia, e incluso, quizás, perdón. Pero sólo puede exigirlo quien, sin cerrar los ojos a la injustica (esto es fundamental), está dispuesto a perdonar sin reservas.” Muy bonita. Un saludo
Hola!
Me parece interesante comentar por qué es posible que la conciencia se equivoque. En primer lugar debemos comenzar afirmando que sí es real que la conciencia pueda equivocarse, que la conciencia pueda ser errónea. Para el hombre, seguir su conciencia significa hacer lo que tiene por objetivamente bueno. Y ahí está el problema, para el hombre no existe nada que sea objetivamente bueno, pues puede serlo para unos pero para otros no, por eso se hace necesario e imprescindible la jerarquía de valores, que trata de ser lo más objetiva posible. Sin embargo, hay un criterio que el hombre puede emplear para distinguir la conciencia errónea de la verdadera: “es la disposición a controlar y confiar el propio juicio sopesándolo con los demás”. Por ello, es imprescindible el doble movimiento de la conciencia: 1) permite al hombre realizar sus intereses, contratándolos en diálogo con los demás (sobre lo bueno y lo justo), y 2) como el hombre es universal, un todo de sentido, no pude delegar en otros su responsabilidad.
Por último, conviene hacer referencia al respeto de la conciencia de los demás: “ante sí mismo uno tiene el deber de seguir su conciencia, pero si con ella lesiona los derechos de otros, éstos tienen el derecho de impedírselo.
Un saludo!
Ana I. Guijarro Prieto (Ed. Infantil)
Continuando con las aportaciones de mis compañeras, voy a intentar concretar un poco más todo lo que concierne a la conciencia. Podemos afirmar que la conciencia es algo sagrado existente en todo hombre y que debe respetar incondicionalmente. Es un hablar de la dignidad del hombre, es algo general, cada individuo como tal es ya una totalidad, es ya “lo universal”. Los hombres conocemos la razón de por qué se hacen las cosas, y es que cuando obramos de una determinada manera u otra, podemos obrar con una conciencia recta, equivocada, cierta… podríamos decir que la conciencia es una exigencia de nosotros a nosotros mismos, pues siempre actuamos o deberíamos de actuar en función de ella, en base a esta, pues es el criterio absoluto en un ser finito. Pero hemos de preguntarnos qué cosas son las buenas, así como llevar a cabo un diálogo que nos permita conocer los puntos de vista de los demás, las diversas aportaciones, para así formarla e informarla, ya que el hombre necesita de la ayuda de los otros para llegar a ser lo que es. Esto no significa que siempre la conciencia nos lleve a hacer lo mejor. Así por ejemplo, un sin techo, que no tiene que comer y decide robar, su conciencia le marca que actúe así para poder alimentarse, pero sin embargo no esta bien hecho, pues podría acudir a los múltiples comedores sociales que le facilitarían el alimento. Aspecto que nos pone de manifiesto la aportación al inicio de esta publicación, “la conciencia no siempre tiene razón, no nos preserva de todo los errores, no es un oráculo”.
Dicho aspecto nos corrobora lo argumentado en el siguiente tema, que nada de lo que se haga contra la conciencia puede ser bueno, aunque no todo lo que se hace en conciencia es bueno. En el ejemplo que hemos puesto de el si techo podría argumentar su actitud de “lo he hecho con toda mi mejor intención para poder comer” pero no es justificado, no sabe lo que hace, y tampoco tiene ninguna intención de conocerla. Y es que dicha acción es mala, enturbiada por la sensibilidad y el sentimiento momentáneo, en lugar de ver con una mirada limpia la realidad. Y es que una acción buena es la que hace justicia a la realidad, aquella que la tiene en cuenta.
Un saludo a todos
Un caso de actuar según la propia conciencia es el de los terroristas islámicos. En conciencia, se creen auténticos mártires y creen que así ganarán el Paraíso. Actúan según su conciencia, pero su conciencia está deformada por la ideología, está mal formada y lesiona los derechos de otros: el derecho a la vida y a la integridad física, el derecho a la libertad de las conciencias, el derecho de libertad religiosa, etc
Continuando con mi comentario anterior, los terroristas islámicos tienen una conciencia contaminada; contaminada por una ideología basada en la intolerancia que han creado unos que o actuaron en contra de su conciencia o no tenían conciencia. Es decir, para tener una conciencia bien formada, tenemos que tener un juicio recto, una idea recta de la jerarquía de valores, lo que podemos conseguir acudiendo a personas que sabemos que tienen ese juicio recto que necesitamos, personas que nos puedan dar buenos consejos.
Buenas días a todos. Como siempre antes de empezar mi comentario me gustaría hacer una reflexión sobre estos capítulos. Y es que con lo que me ha costado la lectura de los cinco primeros, este quinto y sexto me han parecido bastantes más claros que los anteriores (les encontraba muy espesos) y creo que por ello me han gustado mucho más. Espero que la progresión siga con el siguiente y último capítulo.
Del capítulo VI destacaría lo siguiente:
- Denominamos conciencia a algo sagrado existente en todo hombre y que debe respetarse incondicionalmente.
- Unos tienen la conciencia por la voz de Dios en el hombre, otros como producto de la educación, como interiorización de las normas dominantes, originariamente exteriores.
- Hablar de conciencia es hablar de dignidad del hombre.
- La conciencia es una exigencia de nosotros a nosotros mismos.
- La conciencia es la presencia de un criterio absoluto en un ser finito.
- Sigmund Freud: “super ego”, “ello” y “yo”.
- Tomás Moro: “un fiel servidor de mi rey, pero primero de Dios”.
- El hombre libre (amigo de sí mismo): No quiero otra cosa, no quiero querer otra cosa y tampoco quiero poder otra cosa. Me gustaría hacer un inciso en este punto y relacionarlo con el libro de Polo y con la vida del mundo real. Por ejemplo cuando una pareja se casa y ese matrimonio decide tener hijos y llevar una vida familiar en común ¿no ha actuado libremente y de acuerdo con lo que dice su conciencia?. Es decir, si realmente es esto lo que quiero y no quiero otra cosa ¿cómo puedo decir que es difícil la convivencia o el adaptarse al nacimiento de los hijos? Si eso es realmente lo que quiero ¿qué sacrificios voy a tener que hacer o de qué cosas me voy a tener que privar o qué va a cortar mi libertad? Pues no es eso lo que realmente quiero y no quiero querer otra cosa. Entonces no es gratificante el esfuerzo que haces. Creo que merece la pene ¿no?, si realmente quieres eso, claro está.
- El hombre: ser que necesita la ayuda de otros para llegar a ser lo que propiamente es.
- Los niños tienen un agudo sentido para la justicia, y se revelan cuando la ven lesionada.
- La conciencia es en el hombre el órgano del bien y del mal.
- Séneca: “habita en nosotros un espíritu santo como espectador y guardián de nuestras buenas y malas acciones”.
Hola a todos. Estas son, bajo mi punto de vista, las ideas importantes del capítulo 6 y 7.
-¿Qué es la conciencia? “Hablar de conciencia es hablar de la dignidad del hombre”. Los hombres actúan expresamente y en libertad con respecto al sentido de su acción. “La conciencia es una exigencia de nosotros a nosotros mismos”, la presencia de un criterio absoluto en un ser finito. No hay conciencia sin disposición a formarla e informarla.
-El hombre tiene el deber de seguir su conciencia, pero eso no quiere decir que deba hacer siempre lo que le manda su conciencia. Porque hay que tener en cuenta que la conciencia no siempre posee la certeza de hacer objetivamente lo mejor. Así vemos que la conciencia no siempre lleva razón. Y puede estar mal orientada.
-Nada de lo que se haga contra la conciencia puede ser bueno. La conciencia es una llamada de atención. El mal se puede definir como la renuncia a prestar atención. Así, la bondad también tiene que ver con la atención. Entonces, ¿qué es lo que hace que una acción sea buena? La acción buena es la que hace justicia a la realidad. El problema viene cuando entran en juego nuestros intereses. Para que una acción sea buena también es necesario: que cada uno se comporte con su propio valor. Que nos respetemos a nosotros mismos. Además de hacer justicia a la realidad, una buena acción debe tener en cuenta la realidad.
-El obrar sigue al ser.
Hola. Soy Lourdes Marcos (Primaria)
Quería deciros que me da mucha pena que ya lleguemos al final del libro, porque cada capítulo que leo me está resulta más y más interesante. Además, ya se acerca el dia del exámen !que nervios!. Bueno, ahí va mi resúmen del cap. VII de "ETICA" (Spaemann)
Nada de lo que se haga contra la conciencia puede ser bueno, pero no todo lo que se hace en conciencia es siempre bueno: la conciencia puede estar mal orientada.
La conciencia es la mirada que el hombre dirige al bien, pero “el ojo no puede verse a sí mismo” (en realidad seguimos aquello que nos parece bien).
Kant escribió que no se puede tener por bueno, a no ser una buena voluntad. Y ¿qué es una buena voluntad? Aquella que desea el bien. Pero si aceptamos esto literalmente, la buena intención se podría convertir en justificación del mal o de la injusticia. Platón afirmaba que nadie puede obrar si no es por amor de un bien. El mal consiste en que al perseguir ese bien de una manera que no se pueda justificar, se cause un mal. La buena intención no cambia la injusticia del acto.
Es verdad que no queremos el mal por el mal (normalmente, claro está), sino que a veces lo hacemos como precio para conseguir un fin que puede no ser malo en si mismo. La conciencia nos recuerda el conjunto de los aspectos de nuestra acción; es una llamada de atención. Sólo se puede llamar buena la voluntad que se deja obligar por la conciencia, y considera la realidad total de su proceder (la que no se engaña a si misma refugiándose en la buena intención). El mal, por tanto, se podría definir como la renuncia a prestar esa atención. Quién actúa mal no sabe lo que hace o no quiere saberlo, y es ahí donde realmente está el mal y no en una intención mala.
¿Qué hace que una acción sea buena? La bondad de un acto tiene que ver con la intención, con una mirada limpia a la realidad. Esta mirada puede ser enturbiada por un sentimiento momentáneo, la ambición o los ideales (un buen ejemplo estaría en el terrorista que es capaz de quitar vidas por su ideal). Pero, ¿es el bien como un ideal? Y si lo es, ¿en qué consiste? Platón decía que el buen comportamiento es bueno gracias a la bondad. Pero esto es una tautología (aunque en cierto modo inevitable).
Moore, por su parte, se ocupó del intento de significar lo que nosotros pensamos cuando llamamos a algo bueno. Denominó a estos intentos como “falacia naturalista” (son engañosos). Ni la salud, ni la patria, ni siquiera el altruismo son simplemente el bien. La “falacia naturalista” consiste en sustituir el bien por otro contenido cualquiera: esto no funciona porque el punto de vista moral, el punto de vista del bien es absoluto, no es accidental. El bien no puede ni debe dejar paso a otras cosas, en cambio cualquier valor o contenido debe dejar paso a otros valores más altos.
La acción buena es la que hace justicia a la realidad. Esto hace referencia al sentido de los valores que ha desarrollado en nosotros el proceso educativo y los conocimientos que hemos adquirido desde la niñez. El mayor obstáculo cuando se trata de juzgar objetivamente lo que tenemos que hacer, está en la falta de disposición para poner entre paréntesis nuestros propios intereses. El Evangelio nos dice: “debéis hacer a los demás lo que queráis que los demás os hagan a vosotros”.
(Sigue del anterior porque no cabía todo):
Para que una actividad sea buena, es decisivo que se comporte de acuerdo con su valor propio, o lo que es lo mismo, que hagamos justicia a la realidad (como ya se ha dicho reiteradamente). Esto es que tratemos ante todo a cada hombre como un ser que, como nosotros, es un fin en si mismo, aunque, lógicamente nosotros necesitemos constantemente de los demás como medios para otros fines.
Kant decía que el hombre no tiene valor sino dignidad, porque cualquier valor se puede entrar en un cálculo comparativo, mientras que la dignidad es propiedad merced a la cual un ser es excluido de cualquier cálculo, porque él mismo es medida de cálculo. La dignidad del hombre es lo universal (la persona merece un respeto incondicional, por ello debemos respetarnos también a nosotros mismos).
Si lo que hace buena a una acción es precisamente que tenga en cuanta la realidad, lo que tendremos que hacer, se deduce en la mayoría de los casos, de la “propia naturaleza de las cosas”. Ocurre a veces, que se dan casos conflictivos, conflictos de deberes. A una persona con capacidad de juicio y de recto pensamiento, le resulta fácil la jerarquía de importancias.
Hay acciones que lesionan la dignidad del hombre, que afectan a su carácter de fin, y que no pueden ser justificadas por deberes o responsabilidades más altas. La persona no es meramente un ser espiritual, sino que también se manifiesta a través de su lenguaje y de su cuerpo. Las fronteras inferiores de lo permitido, no defienden el buen proceder. Por ejemplo, no todo el que dice la verdad, actúa ya por eso bien, ya que puede decirla con amor (benevolencia) y buena intención, o puede utilizarla como arma, con mala intención. Pero recordemos que la buena intención no basta para hacer buena una acción, aunque la buena acción nunca es posible si no hay buena intención.
Decían los filósofos antiguos que el obrar sigue al ser. No hay hombre buenos sino acciones buenas. Lo que hace a un hombre bueno es el amor. Para poder vivir bien es necesario habérselas bien con uno mismo. Hay hombres que tienen más altura moral que otros (tienen más luz) y por tanto tienen más obligaciones porque entienden más que los otros (pero también, por tener más luz, en ellos se destacan más las sombras). Aunque todos tenemos nuestros puntos débiles. De todas formas, lo que está claro es que cada uno es deudor de su prójimo.
Además de la justicia, existe la reconciliación y el perdón: el hombre puede reconocer la culpa de su propia limitación, apunte la de los demás a su ignorancia, y los perdone. Todos necesitamos indulgencia y perdón, pero sólo podrá exigirlo quien sea capaz de perdonar sin reservas (aún sin cerrar los ojos a la realidad). Y para terminar, decir que indulgencia, perdón y reconciliación están más alto que la justicia.
Un saludo a todos.
(Sigue del anterior porque no cabía):
Para que una actividad sea buena, es decisivo que se comporte de acuerdo con su valor propio, o lo que es lo mismo, que hagamos justicia a la realidad (como ya se ha dicho reiteradamente). Esto es que tratemos ante todo a cada hombre como un ser que, como nosotros, es un fin en si mismo, aunque, lógicamente nosotros necesitemos constantemente de los demás como medios para otros fines.
Kant decía que el hombre no tiene valor sino dignidad, porque cualquier valor se puede entrar en un cálculo comparativo, mientras que la dignidad es propiedad merced a la cual un ser es excluido de cualquier cálculo, porque él mismo es medida de cálculo. La dignidad del hombre es lo universal (la persona merece un respeto incondicional, por ello debemos respetarnos también a nosotros mismos).
Si lo que hace buena a una acción es precisamente que tenga en cuanta la realidad, lo que tendremos que hacer, se deduce en la mayoría de los casos, de la “propia naturaleza de las cosas”. Ocurre a veces, que se dan casos conflictivos, conflictos de deberes. A una persona con capacidad de juicio y de recto pensamiento, le resulta fácil la jerarquía de importancias.
Hay acciones que lesionan la dignidad del hombre, que afectan a su carácter de fin, y que no pueden ser justificadas por deberes o responsabilidades más altas. La persona no es meramente un ser espiritual, sino que también se manifiesta a través de su lenguaje y de su cuerpo. Las fronteras inferiores de lo permitido, no defienden el buen proceder. Por ejemplo, no todo el que dice la verdad, actúa ya por eso bien, ya que puede decirla con amor (benevolencia) y buena intención, o puede utilizarla como arma, con mala intención. Pero recordemos que la buena intención no basta para hacer buena una acción, aunque la buena acción nunca es posible si no hay buena intención.
Decían los filósofos antiguos que el obrar sigue al ser. No hay hombre buenos sino acciones buenas. Lo que hace a un hombre bueno es el amor. Para poder vivir bien es necesario habérselas bien con uno mismo. Hay hombres que tienen más altura moral que otros (tienen más luz) y por tanto tienen más obligaciones porque entienden más que los otros (pero también, por tener más luz, en ellos se destacan más las sombras). Aunque todos tenemos nuestros puntos débiles. De todas formas, lo que está claro es que cada uno es deudor de su prójimo.
Además de la justicia, existe la reconciliación y el perdón: el hombre puede reconocer la culpa de su propia limitación, apunte la de los demás a su ignorancia, y los perdone. Todos necesitamos indulgencia y perdón, pero sólo podrá exigirlo quien sea capaz de perdonar sin reservas (aún sin cerrar los ojos a la realidad). Y para terminar, decir que indulgencia, perdón y reconciliación están más alto que la justicia.
Un saludo a todos.
Capítulo VII
Sergio Francisco Arribas
2º Magisterio L. E. Titulados
Nadie quiere el mal como tal, todo el mundo desea algo positivo, aunque sea mero placer para él cuando actúa. El mal consiste en que, al pretender conseguir ese algo positivo, se cause o acepte a cambio un mal o daño. Ahí la conciencia es una llamada de atención, en ese momento quien para y no actúa causando mal, quien por tanto renuncia a ese algo positivo, actúa con buena voluntad. Por lo tanto la bondad de un acto tiene que ver con la atención, con esa mirada limpia a la realidad.
Esta parte me parece un gran resumen de algo que ya vimos anteriormente, el egoísmo, los intereses propios frente a lo bueno, razonable, justo o moral.
Quizás perdamos demasiado tiempo discutiendo sobre qué es lo bueno y qué lo malo (especialmente yo), cuando realmente los conflictos o dudas son escasísimos, y no empleemos el suficiente en esa otra cuestión. ¿Por qué se actúa con maldad? ¿Quién lo hace? ¿Por qué lo hacemos muchas veces? ¿Por qué le damos importancia a unos actos malos y no a otros? En la vida cotidiana se cometen multitud de actos “contra la realidad”. Muchos son pequeños, similares al ejemplo de acompañar a un viandante por la calle que ponía Spaemann, mas al revés. Pero muchos otros son de mayor relevancia. Sin embargo, creo que es habitual ponerse una venda colectiva ante algunos pequeños actos que cometemos contra nuestra conciencia, porque de hecho, a menudo ni los confrontamos con ella. La costumbre, la colectividad o el no ser los únicos tontos quizás nos empujan a actuar así. Por no hablar de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio (tema corrupción por ejemplo)
Por último, interesante la reflexión sobre la altura moral de los hombres. Quienes son más perspicaces, tienen más educado su sentido de los valores, poseen mayor responsabilidad, tienen más obligaciones porque pueden, ven y entienden más que los demás. La discrepancia entre lo que ven y lo que hacen es tan grande que más bien les hace sufrir. Su conciencia es delicada. Aunque también yo añadiría que tienen un mayor abanico de posibilidades de gozar haciendo lo que consideran objetivamente bueno.
Sergio Francisco Arribas
2º Magisterio L. E. Titulados
A mí también me han parecido estos dos capítulos más entendibles de primeras que alguno de los anteriores.
Si tuviera que decir rápidamente qué es la conciencia, tras leer el capítulo VI, diría que es la interiorización de todo lo que hemos visto hasta ahora. Y así me lo parece, para lo bueno y para lo malo. Es decir, con el poso que me va dejando la lectura: muy buena para pensar, pero sin llegar conclusiones o siendo discutibles estas.
Los hombres, dice Spaemann pueden saber la razón de lo que hacen (tienen inteligencia). Y además tienen presente esa jerarquía de valores de la que hemos hablado. Por ello, el hombre, como no actúa guiado por los instintos, sino que piensa. Constantemente se encuentra ante una disyuntiva: ¿qué hago? ¿Lo que me apetece, o lo que debería? ¿Lo que me viene bien egoístamente o lo que le diría que haga a otra persona? Etcétera.
Por eso digo, que al ser la conciencia esa interiorización de la jerarquía de valores, de lo que entendemos por malo y bueno, etc., no deja de ser para mí un espejo de lo anterior, con sus máximas y sus imperfecciones o dudas.
La conciencia es la presencia de un criterio absoluto en un ser finito. Esta frase no me cuadra con que la conciencia de uno se pueda equivocar, o con que debamos chequear la nuestra con la de los demás, o dudar de la de la mayoría y pensar por nosotros mismos, o con que debamos actuar antes de que se produzca un acuerdo mundial sobre lo recto y lo justo, o con que debamos actuar a sabiendas de no saber si obramos con certeza acertadamente. Tal vez esté equivocado, pero a mí me parece contradictorio.
Bueno para el hombre es sólo lo que tanto objetiva como subjetivamente es bueno, si no reconoce algo como bueno, entonces justamente no es bueno apara él. Debe seguir su conciencia. Pero por otro lado, tenemos que es demencial que cada uno deba resolver en su conciencia. De ello yo extraigo, que uno debe actuar en su propia conciencia solo cuando esta acierte, cuando coincida con lo bueno objetivamente. El problema vuelve a ser qué es de verdad objetivamente bueno, pues hemos visto que es harto difícil saberlo en algunas ocasiones. Esto lo veo en sintonía con lo que sugiere el autor sobre no actuar en contra de tu conciencia ni en situaciones extremas como amenaza de muerte. Sobre el papel está claro, pero en la vida real, donde se debe actuar de acuerdo a lo bueno, pero también a las circunstancias, yo no me atrevería a negar categóricamente una conducta. O si no, pensemos en la defensa propia o la guerra. El ejemplo también sirve para aquellas acciones que en teoría nunca pueden ser llevadas a cabo (cap. VII)
Del capítulo VII destacaría:
- Nada de lo que se haga contra la conciencia puede ser bueno y no todo lo que se hace en conciencia es bueno.
- La conciencia es la mirada que el hombre dirige al bien, pero el ojo no puede verse así mismo.
- Platón: “nadie puede obrar si no es por el amor de un bien, de un valor. El mal consiste en que, al perseguir ese bien de una manera que no se puede justificar, se cause o se acepte a cambio un mal.
- La conciencia es una llamada de atención (y que razón tiene, ya que cuando la conciencia no está tranquila…).
- La bondad de un acto tiene que ver con la atención, con la mirada limpia a la realidad.
- Platón: el buen comportamiento es bueno gracias a su bondad.
- Moore: la falacia naturalista es significar con otros contenidos lo que nosotros pensamos cuando llamamos a algo bueno.
- Ama a tu prójimo como a ti mismo: no hagas diferencia entre el amor a ti mismo y al prójimo.
- Hengstemberg: la acción buena es la que hace justicia a la realidad.
- Bernard Shaw: no hagas a otro lo que quieres que se te haga a ti, pues podría ser que tuviera un gusto distinto del suyo.
- ¿qué es lo que hace buena una acción? Que tenga en cuenta la realidad.
- A la naturaleza de una promesa pertenece el deber de mantenerla.
- Hay acciones que lesionan la dignidad del hombre, que afectan a su carácter de fin, y que no pueden ser justificadas por deberes más altos o responsabilidades más amplias. Esto se debe a que la persona no es meramente un ser espiritual, sino que se manifiesta gracias a su cuerpo y a su lenguaje.
- El cristianismo ha acrecentado el sentido de los valores, nos ha hecho más perspicaces para la realidad y con ello ha limitado las posibilidades de hacer algo injusto o de omitir algo bueno. Donde hay más luz se destaca también más claridad.
- Hegel: las heridas del espíritu curan sin dejar cicatriz.
Mil gracias y un saludo. ¡Nos queda nada para acabar este libro!.
Hola a todos. Voy a comentar algunos puntos interesantes de estos capítulos auque veo que todos lo captamos prácticamente igual. Luego hay tantos matices y las circunstancias son tan variadas, que surgen las diferencias y y los juicios sobre los actos.
Si obramos siguiendo a nuestra conciencia, ¿por qué seguimos después con tantas dudas sobre lo que hemos hecho?
Nunca podremos evitar que las cosas no salgan como esperamos, pero obrar con intención de hacer el bien,con sensibilidad y usando los valores morales que rigen nuestro conocimiento de manera útil hacia el prójimo, es realmente hacer las cosas lo mejor posible para éste y para nosotros. A pesar de todo, también la conciencia nos lleva al error y tendríamos que buscar un tiempo para "trabajar" nuestra conciencia y seguir mejorándola.
El obrar sigue al ser.Entendemos que las buenas acciones nos hablan en conciencia y nos indican cómo es la persona. El hombre,como hijo, es digno de ser amado y quiere amar, sus obras nos dirán si la conciencia le impulsa a obrar según este critero.Soy totalmente partidaria de obrar según la antigua regal moral de no hacer al otro lo que no quieras que te hagan a tí.Hacer a los demás lo que queremos que los demás nos hagan a nosotros.Conciencia de respeto al hombre como ser digno y fin en sí mismo.
En cuanto al capítulo 7, Kant escribe: “No se puede pensar que exista algo, dentro o fuera del mundo, que pueda ser tenido sin limitación por bueno, a no ser una buena voluntad”. Pero esta afirmación resulta insuficiente porque todo el que actúa tiene una intención buena. El mal se produce al perseguir el bien, cuando se causa o se acepta a cambio de un mal, pero sigue la buena intención. Ahora bien, no todos los actos se pueden justificar por su buena intención porque sólo se puede llamar buena voluntad la que obedece a la conciencia y considera la realidad total de su proceder. El mal es no prestar atención, quien actúa mal no sabe ni quiere saber lo que hace. “La bondad de un acto tiene que ver con la atención, con una mirada limpia a la realidad”, dice Spaemman que lo que puede mancharla son los ideales, el sentimiento momentáneo, la ambición. El punto de vista del bien es absoluto, no puede dejar paso a otras cosas, pero esto sí ocurre con los valores cuando se da paso a tareas más urgentes. De ahí que la moralidad no sea un punto de vista accidental, “es ciertamente lo mismo que realidad [...] la acción buena es la que hace justicia a la realidad”. Lo más difícil de juzgar objetivamente lo que tenemos que hacer es dejar a un lado nuestro propios intereses, tenemos que seguir con el principio de “debéis hacer a los demás lo que queréis que os hagan a vosotros”, se debe tratar a las personas como fines en sí mismos, porque esto es la dignidad del hombre. De ahí que también tengamos que respetarnos a nosotros mismos y además “hacer justicia a la realidad extrahumana”. La propiedad de algo deja en manos del propietario la decisión sobre su uso pero este uso puede ser moral o inmoral. Llega Spaemman a afirmar entonces, que una acción es buena cuando tiene en cuenta la realidad, pero esto no nos permite saber qué tenemos que hacer, aunque en la mayoría de las veces lo sabemos de antemano, ”lo que hemos de hacer se deduce en la mayoría de los casos de la naturaleza de las cosas”. Aún así, las situaciones que se nos presentan son mayoritariamente complejas y las exigencias y responsabilidades de cada uno se superponen. De manera que no se puede fijar el límite definitivo superior de lo que hace buena una acción, casi siempre hay algo mejor que uno puede hacer, pero sí se puede dar un límite inferior ya que hay acciones que dañan la dignidad del hombre y que no pueden ser justificadas (muerte intencionada, tortura, violación, engaño). A fin de cuentas “ lo que hay son buenos hombres y no buenas acciones” por eso, los filósofos dicen que “el obrar sigue al ser”. Y esto es así porque las personas tenemos amor, nos sentimos bien con uno mismo y realizamos acciones buenas. No se puede decir que todos los hombres son iguales, hay hombres con más moral que otros, y éstos han de tener más obligaciones por ser capaces de ello.
Saludos a todos.
Voy a destacar las ideas más importantes de ambos capítulos:
En cuanto al capítulo 6, Spaemman nos habla de la conciencia ya que muchas veces se ha afirmado que “la conciencia dice a cada uno lo que debe hacer”. Denominamos la conciencia como “algo sagrado existente en todo hombre y que debe respetarse incondicionalmente”. Está relacionada con la dignidad del hombre por estar presente en él, ya sabemos que el hombre es una totalidad y conoce la razón de sus actos. En la conciencia, la jerarquía objetiva de nuestros bienes sirve como nuestra propia voluntad. Así, nos exigimos a nosotros mismos y si provocamos un daño se refleja inmediatamente en la conciencia, se dice que se tiene “mala conciencia”. Dice Spaemman que la conciencia debe ser descrita como un movimiento espiritual doble: el primero que permite relativizar al hombre sus intereses y preguntarse qué es lo bueno en un diálogo con los demás a través del conocimiento de razones y contrarrazones, y el segundo por el cual vuelve el individuo a sí mismo ya que es él quien debe responder de su obediencia y, con convicción, actuar. Esta convicción es la conciencia, nunca se sabe si hacemos lo mejor pero sí sabemos que es la mejor solución en ese momento, y estamos muy influenciados por nuestros padres que nos inculcaron normas. Relacionado con esto Freud estableció el concepto de “super yo” con el de conciencia, pero esto no puede ser exacto porque en ocasiones los hombres se rebelan contra las normas dominantes. Vemos que la conciencia no es sin más producto de la educación ni del “super yo”, tampoco es algo innato o un instinto porque hay una gran diferencia entre la conciencia de los que actúan por instinto de los que actúan con conciencia, éste último actúa en libertad. Spaemman nos dice que la conciencia es el órgano del bien y del mal, la conciencia sensible corresponde a un hombre libre y sincero y se atrofia si esto no ocurre, pierde su brillo. Hablamos de la mala conciencia que muchas personas tienen por “enfermedad”, corresponde al “sentimiento de culpabilidad”, pero realmente la enfermedad es no poder sentir esa culpa, un comportamiento que se opone al ser y a la realidad. Entonces aparece el “arrepentimiento” para tratar de hacerlo mejor en el futuro. Pero la “conciencia no siempre tiene razón”: no es un oráculo, nos marca la dirección y nos enseña lo universal, permitiendo superar el egoísmo. Y para esto, necesita la jerarquía de valores no deformada por una ideología. Entonces, debemos seguir nuestra conciencia y si lesionamos los derechos de los otros, éstos tienen el derecho de impedírnoslo. “Hemos visto que nada de lo que se haga contra la conciencia puede ser bueno,
aunque vimos también que no todo lo que se hace en conciencia es bueno; la
conciencia, en efecto, no es un oráculo, sino un órgano. Y como tal puede estar
mal orientada".
Buenas tardes a todod,
Kiki, completamente de acuerdo contigo, gracias por lanzar las ideas principales del capítulo.
Voy a intentar exponer parte de lo que me llevo de este capítulo.
El hombre a diferencia del resto de animales, obra con un saber, es decir, puede saber la rezón con la que hace las cosas. Actúa “expresamente y en libertad con respecto al sentido de su acción” dice Spaemann. Creo que esto es el principio de lo que llamamos conciencia. Gracias a esto, podemos hablar de intención al actuar.
Entonces, la conciencia, ¿es algo innato en el hombre? Habrá que tener en cuenta que la conciencia deber formarse e informarse. Es como la posibilidad de lenguaje articulado que posee el hombre. Es una capacidad innata, pero deberá darse la oportunidad de aprendizaje para que se desarrolle.
Aunque tengamos “conciencia” no quiere decir que nuestra conciencia siempre tenga razón y nos guie correctamente. La conciencia es un órgano. Necesitará de una idea recta de jerarquía de valores para formarse. A veces nuestra conciencia será verdadera y otras, errónea. Habrá que sopesarla con la de los demás, respetando la conciencia del otro.
La buena voluntad será la que desee el bien, la justicia, la felicidad. La conciencia se convierte en una llamada de atención. Nos hace ver el conjunto de los aspectos de nuestra acción. Por lo que debemos ser capaces de respetarnos a nosotros mismos y poder dejar a un lado nuestro spropios intereses, antes de actuar.
El obrar sigue al ser, se refiere a que no hay buenas acciones, si no buenos hombre y es por esto que ocurren dichas acciones. La acción buena es la que procede del amor. Y de ahí deriva el perdón que necesitaremos del otro, o que el otro necesitará de nosotros.
Ánimo con la semana!!!
El tema de la conciencia y de que si hay que seguirla o no me parece muy interesante, puesto que en principio se podría pensar que si, que la conciencia es la que nos debe marcar nuestras actuaciones. Pero ¿qué pasa si esa conciencia esta equivocada?
A lo mejor la conciencia no te lleva a hacer buenas acciones, a hacer “justicia”, depende de la escala de valores que tengas, es algo subjetivo. Por ello se intenta marcar una jerarquía de valores más o menos universal, y objetiva, para que todos la puedan compartir y respetar.
Algo que puede ayudar a distinguir si lo que estas haciendo es adecuado o no, es pensar si a ti te gustaría que te lo hicieran, que pensarías si fuera otra persona la que actuara de esa forma. Es más sencillo justificar tus actuaciones que las de los otros. Si al hacer, algo la conciencia llama tu atención, será porque algo no estará del todo bien.
Ana Alonso Irurzun
Beatriz Martínez Gallego
¡¡Hola a todos!!
Me ha parecido muy interesante el tema de la conciencia y voy a basar mi aportación a dicho tema.
Cuando nos referimos a conciencia estamos refiriéndonos a algo sagrado existente en todo hombre y que debe respetarse incondicionalmente, hay personas que tienen por conciencia la voz de Dios, otros como producto de la educación, como interiorización de las normas dominantes… Hablar de conciencia es en pocas palabras habar de la dignidad del hombre, este actúa expresamente y en libertad con respecto al sentido de la acción, pero también podemos decir que la conciencia es una exigencia de nosotros a nosotros mismos, si actuamos guiados por nuestra conciencia y hacemos daño u ofendemos a otra persona tiene una repercusión, esa ofensa actúa de manera recíproca, es decir nos hacemos daño a nosotros mismos dando lugar al sentimiento de culpabilidad y al arrepentimiento, por eso nos preguntamos ¿ hay que seguir siempre nuestra conciencia? Debemos tener presente que la conciencia no siempre tiene la razón, en el hombre la conciencia ocupa el órgano del bien y del mal, pero no es un oráculo, por esto necesitamos de la reflexión de un conocimiento, si se puede decir que sea también moral, es decir necesitamos de una idea recta de la jerarquía de valores que no esté deformada por una ideología.
Pero después de plantearnos esta cuestión surge otra, ¿También hay que respetar siempre la conciencia de los demás? lo primero es saber, que entendemos nosotros por respetar. En ningún caso se puede decir que podemos hacer lo que nos permita la conciencia ya que por esta regla también el hombre sin conciencia podría hacerlo todo, lo que si es cierto es que ante uno mismo tenemos el deber de seguir nuestra conciencia, pero sin con esto lesionamos a los demás, el Estado tiene el derecho de impedir es forma de actuar. Pero esto no va a herir a nuestra conciencia, ya que ese obstáculo no cae bajo su responsabilidad, pero si estaríamos hablando de una lesión ante la dignidad de un hombre.
Hasta aquí mi aportación que me gustaría terminar con la frase que aparece en el capítulo de Séneca “ Habita en nosotros un espíritu santo como espectador y guardián de nuestras buenas y malas acciones”
Un saludo
Hola soy Carolina García Abel del grupo de titulados de Madrid de E. Primaria.
Me gustaría hablar de qué es la conciencia. La conciencia implica la dignidad humana, puesto que nosotros somos capaces de actuar expresamente y libremente sabiendo la razón de por qué lo hacemos. La conciencia es una exigencia a nosotros mismos y cuando causamos daño a otros nos dañamos nosotros.
Spaemann sostiene que en nosotros hay un germen de conciencia, como en todo lo que concierne al hombre, y es necesaria la ayuda de los demás para poder desarrollarla, ya que en sí misma no es producto de la educación, ni un producto innato.
Por tanto, la conciencia, que no es otra cosa que el órgano del bien y del mal, como todos los ámbitos del crecimiento humano, puede ser mal orientada. Por esto el interaccionar con lo que te rodea es tan importante. ¿Puedes formar tu conciencia comparándola con la de los demás?¿la conciencia de la mayoría es la acertada?¿tu conciencia entiende el bien de manera más acertada que tu amigo?¿qué es realmente el bien y qué el mal?¿quién tiene la conciencia más acertada? ¿hay algún criterio que nos ayude a distinguir la conciencia verdadera de la conciencia errónea?
La conciencia es un órgano que puede ser manipulado y torturado, pero sería actuar contra la dignidad humana de las personas.
Como la conciencia es la que nos dice a cada uno lo que debemos de hacer, tenemos que tener claro qué es lo que entendemos por bien y mal y actuar en consecuencia, ya que si no actuaremos en contra de nuestra conciencia, en contra de nosotros mismos y sin querer nos causaremos daño.
El cómo saber que está bien y mal debemos de irlo construyendo mediante la educación, la interacción con los otros, la comprensión del mundo y este crecimiento nos hará que nuestra conciencia se vaya formando. Lo que en un momento dado no parecía bueno y actuábamos en consecuencia, puede cambiar por haber realizado diferentes aprendizajes, es decir la conciencia va creciendo a medida que vamos aprendiendo.
La buena voluntad debe dirigir nuestros actos para que nuestras actuaciones sean correctas. La buena voluntad debe ser educada desde diferentes valores, respetando y teniendo presente a los que nos rodean y de esta forma nuestros actos, de acuerdo con nuestra conciencia, no serán erróneos o dañinos.
Un saludo
Como los comentarios acerca de estos dos capítulos ya los he hecho, paso a exponer las que creo que son las ideas principales:
-La conciencia dice a cada uno lo que debe hacer.
-No es verdad que lo que en el fondo deseamos esté en contradicción con lo que es objetivamente bueno y correcto.
-Al causar un daño a otro me daño a mí mismo. Tengo una mala conciencia.
-La conciencia es la presencia de un criterio absoluto en un ser finito.
-No hay conciencia sin disposición a formarla e informarla.
-La justificación de una acción ni está ni puede estar en el conjunto de sus consecuencias.
-Las normas que nos inculcaron de pequeños se han trocado, ahora, en órdenes que nos damos a nosotros mismos.
-Los hombres que obran o se niegan a hacer algo en conciencia son aquellos para los que la convicción de “no me es lícito” se convierte en un “no puedo”.
-El hombre necesita de la ayuda de otros para llegar a ser lo que propiamente es.
-En todos los hombres hay un órgano del bien y del mal: un germen de conciencia. Pero este órgano se puede atrofiar.
-Es falsa la equiparación de mala conciencia a enfermedad, pero sí es enfermedad no tener una mala conciencia o sentimiento de culpabilidad cuando se tiene realmente una culpa.
-Si el dolor por el pasado no cambia a uno, seguirá siendo el que era.
-La conciencia no siempre tiene razón. La conciencia nos permite mirar lo universal, lo recto en sí mismo, nos da una idea recta de la jerarquía de valores que no está deformada por la ideología.
-Tiene una conciencia errónea aquel que actuando en conciencia causa claramente a otros una grave injusticia. Pero estos también deben seguir su conciencia.
- Uno no puede hacer lo que le permite su conciencia ya que entonces el hombre sin conciencia podría hacerlo todo. Si al seguir su conciencia, lesiona los derechos de otros, éstos y el Estado tienen el derecho de impedírselo.
-Cuando se obliga a alguien a actuar en contra de su conciencia, lesiona la dignidad del hombre; pero aún en este caso, no se puede obligar, ni siquiera bajo amenaza de muerte. Solamente existe un modo de forzar la actuación contra conciencia: con la tortura, pero aquí el hombre actúa sin voluntad, como mero instrumento.
-Nada de lo que se haga contra conciencia puede ser bueno y no todo lo que se hace en conciencia es bueno, ya que la conciencia puede estar mal formada.
-La buena intención no cambia la injusticia del acto, no basta para hacer buena una acción, aunque ésta no es posible si no hay buena intención.
-El obrar sigue al ser (Agere sequitur esse): Lo que hay son hombres buenos y no buenas acciones.
-Quien actúa mal no quiere saber lo que hace. Ahí está el mal.
-La bondad de un acto es una mirada limpia a la realidad, y consiste en tratar a cada hombre como un ser que es un fin en sí mismo.
-El mayor obstáculo para juzgar objetivamente lo que tenemos que hacer reside en la falta de disposición para poner entre paréntesis nuestros intereses.
-Hay casos conflictivos en los que se duda acerca de lo que hay que hacer. Son los casos de conflictos de deberes.
Como los comentarios acerca de estos dos capítulos ya los he hecho, paso a exponer las que creo que son las ideas principales:
-La conciencia dice a cada uno lo que debe hacer.
-No es verdad que lo que en el fondo deseamos esté en contradicción con lo que es objetivamente bueno y correcto.
-Al causar un daño a otro me daño a mí mismo. Tengo una mala conciencia.
-La conciencia es la presencia de un criterio absoluto en un ser finito.
-No hay conciencia sin disposición a formarla e informarla.
-La justificación de una acción ni está ni puede estar en el conjunto de sus consecuencias.
-Las normas que nos inculcaron de pequeños se han trocado, ahora, en órdenes que nos damos a nosotros mismos.
-Los hombres que obran o se niegan a hacer algo en conciencia son aquellos para los que la convicción de “no me es lícito” se convierte en un “no puedo”.
-El hombre necesita de la ayuda de otros para llegar a ser lo que propiamente es.
-En todos los hombres hay un órgano del bien y del mal: un germen de conciencia. Pero este órgano se puede atrofiar.
-Es falsa la equiparación de mala conciencia a enfermedad, pero sí es enfermedad no tener una mala conciencia o sentimiento de culpabilidad cuando se tiene realmente una culpa.
-Si el dolor por el pasado no cambia a uno, seguirá siendo el que era.
-La conciencia no siempre tiene razón. La conciencia nos permite mirar lo universal, lo recto en sí mismo, nos da una idea recta de la jerarquía de valores que no está deformada por la ideología.
-Tiene una conciencia errónea aquel que actuando en conciencia causa claramente a otros una grave injusticia. Pero estos también deben seguir su conciencia.
- Uno no puede hacer lo que le permite su conciencia ya que entonces el hombre sin conciencia podría hacerlo todo. Si al seguir su conciencia, lesiona los derechos de otros, éstos y el Estado tienen el derecho de impedírselo.
-Cuando se obliga a alguien a actuar en contra de su conciencia, lesiona la dignidad del hombre; pero aún en este caso, no se puede obligar, ni siquiera bajo amenaza de muerte. Solamente existe un modo de forzar la actuación contra conciencia: con la tortura, pero aquí el hombre actúa sin voluntad, como mero instrumento.
-Nada de lo que se haga contra conciencia puede ser bueno y no todo lo que se hace en conciencia es bueno, ya que la conciencia puede estar mal formada.
-La buena intención no cambia la injusticia del acto, no basta para hacer buena una acción, aunque ésta no es posible si no hay buena intención.
-El obrar sigue al ser (Agere sequitur esse): Lo que hay son hombres buenos y no buenas acciones.
-Quien actúa mal no quiere saber lo que hace. Ahí está el mal.
-La bondad de un acto es una mirada limpia a la realidad, y consiste en tratar a cada hombre como un ser que es un fin en sí mismo.
-El mayor obstáculo para juzgar objetivamente lo que tenemos que hacer reside en la falta de disposición para poner entre paréntesis nuestros intereses.
-Hay casos conflictivos en los que se duda acerca de lo que hay que hacer. Son los casos de conflictos de deberes.
Hola a todos!
Voy a escribir los putos o frases que he entendido y que me han llamado la atención o me han gustado.
-La conciencia dice a cada uno lo que debe hacer.
-Denominamos conciencia a algo sagrado existente en todo hombre y que debe respetarse incondicionalmente ;algo que es definido también por la Constitución, aunque condenemos a fuertes penas a los que actúan en conciencia.
-Hablar de conciencia es hablar de la dignidad del hombre.
-La conciencia es una exigencia de nosotros a nosotros mismos.
-La conciencia es la presencia de un criterio absoluto en un ser infinito.
-Es el individuo quien goza de responsabilidad.
-Es él quien a la postre debe responder de su obediencia.
-Es necesario actuar antes de que se produzca un acuerdo mundial sobre lo recto y lo falso.
-La convicción con la que termina nuestro discurso la denominamos conciencia.
-Poseemos interiorizadas las normas que se nos inculcaron en la niñez y que tuvimos que obedecer.Las órdenes que nos dieron se han trocado en órdenes que nos damos a nosotros mismos.
-En todo hombre hay como un germen de conciencia, un órgano del bien y del mal.
-La conciencia no siempre tiene razón.
-Pertenece a los derechos del hombre el que no dependan del juicio de conciencia de otro hombre.
-La conciencia no es herida si se le impide hacer lo que ella manda , ya que ese obstáculo no cae bajo su responsabilidad.
-Existe un modo de forzar la actuación contra conciencia:la tortura.
-Nada de lo que se haga contra la conciencia puede ser bueno, aunque también que no todo lo que se hace en conciencia es bueno.
-La buena intención se podría convertir fácilmente en justificación de todo tipo de injusticias y maldades.
-La conciencia es una llamada de atención.
-El mal se puede definir como renuncia a prestar atención.Quien actúa mal, se podría decir, no sabe lo que hace.Lo que ocurre sencillamente es que no quiere saberlo.
-El bien es precisamente lo que no debe ni puede nunca dejar paso a otras cosas.
-El mayor obstáculo cuando se trata de juzgar objetivamente lo que tenemos que hacer reside en la falta de disposición para poner entre paréntesis nuestros propios intereses.
- NO HAGAS A OTRO LO QUE NO QUIERES QUE TE HAGAN A TI.
-¿qué es lo que hace buena una acción?Que tenga en cuenta la realidad.
Vanessa Lucas Barrado
Lengua extranjera
titulados Madrid
Hola a todos, yo voy a comentar el tema de la conciencia.
En principio la conciencia es lo que le dice a uno como actuar, es algo que existe en todos los hombres y que debe respetarse por eso se habla de dignidad del hombre si hace caso a su de su conciencia, ya que se respeta a sí mismo y a los demás al no ofenderlos ni dañarlos.
La conciencia es aquello que lleva al hombre a preguntarse por lo bueno y lo malo y no puede delegar en otras cosas su responsabilidad, ni en costumbres ni en el anonimato. Nos dice y nos da la convicción de cómo actuar, qué es lo mejor en cada momento y si no lo hace estará en discordia consigo mismo.
Hay personas que tienen sentimiento de culpabilidad, y a eso se le llama "mala conciencia", y esto se puede solucionar con el arrepentimiento.
Pero también hay que preguntarse si la conciencia tiene siempre razón, ya que no es un oráculo y necesita una jerarquía de valores que no esté deformada. Ya que que puede haber hombres que no la tienen bien y al hacerla caso causar daño, con lo cual no simpre se debería hacer lo que la conciencia permitiese.
Después de todo es bueno sólo lo que objetivamente es bueno.
En la sociedad del “culto al cuerpo”, nos preocupamos por entrenar los músculos, en la sociedad del “niño tienes que ser el nº 1” nos preocupamos de adquirir unos conocimientos (sobre todo de asignaturas que no tengan que ver con las humanidades, ya que estas no dan pasta), pero estamos dejando a un lado el “entrenamiento” de la CONCIENCIA MORAL.
La educación de la conciencia moral, exige un esfuerzo mayor que el de levantar pesas en un gimnasio, ya que exige llevar una vida coherente (cosa harto difícil), leer buenos libros, ver cosas bellas, etc. Si nos rodeamos de cosas “feas”, es decir obscenas, groseras…nuestra conciencia se irá embotando y nuestra sensibilidad se irá apagando.
Tenemos que elegir: si actuamos como animalitos, acabaremos siéndolo. Si no decimos la verdad acabaremos siendo unos falsos, si actuamos con los demás con crueldad, acabaremos siendo unos monstruos. Si no elegimos los principios y valores que queremos que rijan nuestra vida, esos “huecos” los llenarán otras cosas que conseguirán debilitar la voz de nuestra conciencia, pero no lograrán acallarla del todo y resultará bastante difícil ser feliz. Al final es siempre lo mismo: recogemos lo que sembramos.
Un saludo,
Barbara Marina
Hola a todos,
En primer lugar me gustaría señalar que el capítulo- 6 y 7 del libro de Spaemann, me han parecido bastante interesantes, fáciles de entender y sobre todo, señalar que el tema de la conciencia y la delimitación de lo que convierte una acción en buena, son temas en los que TODOS deberíamos saber ,involucrarnos un poquito, leyendo y documentándonos, sobre todo en los tiempos que corren, y las noticias que escuchamos actualmente.
Pues bien, si observamos lo que ocurre en el mundo, a nuestro alrededor podemos ver todos los días hechos de violencia, agresividad y muerte . Y es difícil pensar que no exista la maldad en forma absoluta.
Por el contrario, nos preguntamos, y ¿qué es el bien?, porque lo que es bueno para uno puede ser malo para otro. ¿Es acaso el bien algo relativo a las circunstancias o el bien es absoluto?.
Platón dice que el Bien es la idea suprema y que el mal es la ignorancia.
En el capítulo 6, Spaemann trata el tema de la conciencia y de la conveniencia de seguirla siempre o no. La conciencia implica la dignidad humana, puesto que nosotros somos capaces de actuar expresamente y libremente sabiendo la razón de por qué lo hacemos.
Como bien afirma Spaemann, no todo lo que se hace en conciencia es bueno, y no todo lo que se haga contra la conciencia puede ser bueno.Y yo me pregunto, pero que es realmente la conciencia, pues bien yo creo que la conciencia no es más que cuando nosotros mismos juzgamos sobre la bondad o la maldad de nuestros propios actos, es decir, cuando asumimos la responsabilidad de los actos realizados.
El hombre tiene el derecho de actuar en conciencia y en libertad a fin de tomar personalmente las decisiones morales. No debe ser obligado a actuar contra su voluntad. Ni se le debe impedir que actúe según su conciencia.
Es una capacidad de elegir el bien, pero que en cada momento estamos en riesgo, pues cabe la posibilidad de no elegirlo. Y el campo en el que cada uno de nosotros decidimos si elegir el bien o no, con total libertad es, en la conciencia.
Pero es necesario formar una recta conciencia, por medio de una adecuada educación.
Y por último, me gustaría hacer un breve comentario sobre la pregunta que lanza Consuelo a cerca de que si la obligación moral de hacer el bien y hacer lo mejor se identifican, pues bien, yo creo que la obligación moral está lejos de ser una presión originada en la autoridad, o en la sociedad, o en el miedo al castigo. La obligación moral no es la obligación que se siente por la presión externa, sino que nace de los valores que tiene la propia persona,de hacer el bien y hacer lo mejor.
Cuando una persona capta un valor , se ve solicitada por dicho valor, y entonces la inteligencia propone la realización de tal valor, es decir,” hacer el bien”. Pero la inteligencia presiona suavemente, sin suprimir el libre albedrío, “hacer lo mejor”. Se trata pues, de una exigencia nacida en lo más íntimo de cada hombre: su propia razón. Por lo tanto la obligación moral de hacer el bien y hacer lo mejor si se identifican.
Un saludo a todos, y buena semana,
EVA
Hola
Voy a centrarme en el capítulo siete que se titula “lo absoluto ¿o qué convierte una acción en buena?”.
Nos habla sobre la conciencia, la voluntad, la realidad, la dignidad...todas ellas referidas a nuestras acciones, las de los hombres. Me pregunto que relación tienen todas estas palabras, ya que nunca antes lo había pensado, para saber si una acción es buena o no. A lo largo del texto el autor intenta explicarlo.
Dice que “la conciencia es la mirada que el hombre dirige al bien, una llamada de atención”. Entonces ¿actuar en conciencia es siempre bueno? Spaemann dice que no, ya que la conciencia puede estar mal orientada.
Kant dice que “no se puede pensar que exista algo, dentro o fuera del mundo, que pueda ser tenido sin limitación por bueno, a no ser una buena voluntad”. Aquí entra en juego “buena voluntad”, aquella voluntad que desea el bien. Por tanto, toda acción hecha con buena voluntad seria una acción buena.
Se dice que no, ya que la buena intención se podría convertir fácilmente en justificación para todo tipo de injusticias y maldades. De manera que si al perseguir el bien aceptamos a cambio un mal esta acción se convierte en mala. No quiere ver la realidad del hecho y por lo tanto la buena intención no cambia la injusticia del acto.
La acción buena es la que hace justicia a la realidad. Siempre tiene que tener en cuenta la realidad, sin dejarla de lado. Según Spaemann los ideales pueden enturbiar la mirada a la realidad y se niegan a dirigir la atención a lo que la acción significa para los afectados. Por ejemplo enseñar una educación en el respeto, la empatía, compartir pensamientos, aunque esto no implique tener que pensar igual sino admitir o respetar que hay diferentes opiniones sobre mismos temas. Por otra parte, tampoco es bueno el altruismo, interés por conseguir el bien de los demás aún a costa del propio.
Hay situaciones en las que es obligatorio posponer los deseos de los demás a los propios. No hay que hacer a los otros lo que no quieres que te hagan a ti.
Para que una actividad sea buena es decisiva otra cosa: que se comporte uno de acuerdo con su valor propio, que hagamos justicia a la realidad. Significa tratar a los hombres como fines y no como medios. Nosotros necesitamos a los demás como medios para otros fines.
La dignidad es aquella propiedad merced a la cual un ser es excluido de cualquier cálculo, por ser él mismo medida de cálculo. La persona merece un respeto incondicional, no hay que utilizar al hombre como medio para alcanzar otra cosa. No se puede engañar, porque separas al otro de la realidad.
Pero no todo el que dice la verdad actúa ya por eso bien. La buena intención no basta para hacer buena una acción, aunque esta no es posible si no hay buena intención.
Al final según Spaemann lo que hay son hombres buenos y no buenas acciones.
Indulgencia, perdón y reconciliación son algo más alto que la justicia. Todos necesitamos el perdón, la indulgencia y la reconciliación.
En definitiva ayudarles a que tengan un criterio propio y que sean responsables de sus actos.
Un saludo.
Juan A Moliner, alumno titulado de Lengua Extranjera.
Buenos días a todos!
Voy a exponer las ideas más claras con las que me he quedado de este capítulo.
Tradicionalmente se define a la conciencia como algo que todos tenemos y nos dice a cada uno lo que debemos hacer.
La conciencia de algún modo nos exige obrar bien.
Por ejemplo, cuando debemos cumplir con nuestras obligaciones y no lo hacemos, al cabo de poco tiempo, nos sentimos mal, es decir, tenemos mala conciencia.
Por lo que de alguna forma a la conciencia hay que seguirla, hay que intentar seguirla siempre. Pero para ello, tenemos que diferenciar lo que es bueno de lo que es malo, lo justo de lo injusto (relacionándolo con el capítulo anterior) para poder seguir nuestra conciencia de modo correcto.
Ya que hablar de conciencia es hablar de la dignidad del hombre, intentar respetar esta dignidad en todas las acciones que tomemos.
La conciencia es una exigencia de nosotros a nosotros mismos.
La conciencia se puede definir como: “la presencia de un criterio absoluto en un ser finito que nos dice lo que se debe hacer” ó “algo sagrado existente en todo hombre y que debe respetarse incondicionalmente”.
Hay que formar la conciencia, forjando buenos valores que nos ayuden a tomar buenas decisiones, pudiendo tomar como punto de referencia los valores universales que respetan la dignidad del hombre.
Un saludo!!
Buenas tardes a todos!
En primer lugar quiero definir la conciencia como el conocimiento interior del bien y del mal, siendo esta un conocimiento reflexivo que esta supeditado a nuestra cultura, nuestra sociedad y a nuestra educación. También es el modo en el que nos percibimos a nosotros mismos en el mundo.
Debemos seguir nuestra buena conciencia para actuar, pero, ¿que conciencia es buena y cual no? ¿porque una es mejor que otra?
yo creo que ,como en todo, esto depende de una misma cosa, de la educación. Dependiendo de la educación que unos padres den a sus hijos dentro del contexto social en el que vivan estos niño verán un acto como bueno o como malo. Por ejemplo, en un poblado gitano chabolista los niños ven a la policía como los malos y la ley como el agente opresor, ven bien conducir sin carnet, etc. Sin embargo en una familia vegetariana tendrían mala conciencia por comer carne algo normal para el resto de la gente.. Es un tema complicado que creo que se tiene que solucionar con el sentido común de la opinión que lleven la mayoría de las persnas de una sociedad.
También quiero decir que la conciencia es otro signo mas de que somos un ser único,ya que, ningún otro animal posee conciencia, ni se siente mal por matar para comer, ni nada de eso. La conciencia es un estado racional por lo tanto que, creo, nos hace ser mejores personas aunque también podemos tener una conciencia equivocada.
Un saludo a todos!!
Elena Esteves Santamaría. Titulada 2º Lengua Extranjera.
A continuación hablaré sobre el capítulo seis.
La conciencia implica la dignidad humana, puesto que nosotros somos capaces de actuar expresamente y libremente la razón de por qué lo hacemos.
La conciencia es autoexigencia; por eso cuando hacemos daño a otra persona a la vez nos lo hacemos a nosotros mismos.
La conciencia debe ser descrita como un movimiento espiritual doble: un primer movimiento que lleva al hombre por encima de sí mismo, para asi conocer razones y contrarrazones, y otro movimiento de vuelta a uno mismo para finalmente poner fin, con convicción al discurso y actuar; esta convicción es lo que llamamos conciencia.
La conciencia no es sin más un producto de la educación, ni un producto innato. La conciencia delicada y sensible es característica de una persona interiormente libre y sincera. El arrepentimiento, la mala conciencia nos ayuda a variar conscientemete una mala actitud.
Por último llegamos a la conclusión de que no hay un criterio que nos ayude a distinguir una conciencia verdadera de una errónea, ya que de haberlo, nadie se equivocaría.
Finalmente, tenemos una reflexión sobre la diferencia que hay entre impedir a una persona que haga lo que su conciencia le manda y obligar a una a actuar contra su propia conciencia, lo cual es atentar contra la dignidad del ser humano.
Bueno, aquñi termino mi exposición sobre el tema.
Un saludo.
Vanessa Yebes.
Lengua extranjera.
Dentro del tema VII me ha parecido muy interesante la idea de la importancia que tiene la mala conciencia, lo que llama sentimiento de culpabilidad.
Cuando una persona actúa según los dictados de su conciencia, está actuando según cree que en ese momento es correcto de acuerdo con sus conocimientos, sus vivencias dentro de la sociedad. Tenemos el derecho como hombres libres de actuar de este modo pero es cierto que aún actuando de acuerdo a nuestra conciencia podemos cometer errores y es ahí donde debe aparecer lo que llama mala conciencia o arrepentimiento. Es importante darse cuenta de los errores del pasado y siendo consciente de ello podremos analizar los hechos y cambiar la manera de actuar en situaciones futuras ya que las pasadas no se pueden cambiar, solo nos ofrecen la posibilidad de aprendizaje.
Por último; no tengo muy claro si en cualquier caso en el que actuemos según nuestra conciencia y el resultado no sea el esperado estaremos hablando de una conciencia errónea o solo hablaremos de esta en el caso de que aunque la intención sea positiva causemos un daño a otro.
La palabra conciencia se utiliza en muchos contextos, la conciencia es algo sagrado que esta en todo hombre y que debe respetarse incondicionalmente, cuando una persona cumple con todos sus deberes diarios hablamos de personas concienzudas…
Los hombres actúan libremente, y lo harán en razón a su conciencia, para unos será la conciencia de Dios, para otros por educación… pero al final de todo, la conciencia es una exigencia de nosotros a nosotros mismos y para ello hay que tener en cuenta la voluntad.
Cuando hacemos daño al alguien y pensamos sobre ello, tenemos mala conciencia, aunque lo que hayamos hecho haya sido sin quererlo.
Los individuos tenemos interiorizadas unas normas de conducta que son las que nos hacen actuar de una manera u otra, las ordenes que nos dieron son las que nos damos ahora a nosotros mismos.
No es cierto que la conciencia del hombre sea producto puro de la educación que el hombre recibe, los hombre a veces se vuelven contra las normas dominantes, contra las normas en medio de las cuales han crecido…, y en el fondo lo que sucede es que el hombre quiere ser el mismo y no el reflejo de las personas que le han educado.
El hombre es un ser que necesita de la ayuda de otros para llegar a ser lo que propiamente es, se le tiene que ayudar a crecer. En todo hombre hay un germen, un órgano del bien y del mal. El niño tiene un gran sentido de la conciencia, pero según va creciendo y va viendo el comportamiento de los mayores que le rodean puede ir modificando este sentido de la justicia e incluso atrofiarla. Una persona que al realizar algo mal siente dolor, son personas con conciencia, piensan no solo en ellos, sino también en los demás, y en el mal que pueden causarles.
La conciencia no siempre tiene razón, lo mismo que nuestros cinco sentidos a veces nos traicionan, nuestra razón no nos preserva de los errores, la conciencia es en el hombre el órgano del bien y del mal ero no es un oráculo, nos marca la dirección nos permite superar las perspectivas de nuestro egoísmo, pero para poder verlo se necesita de la reflexión de un conocimiento real, moral, necesita una jerarquía de valores que le lleve a actuar de una manera y no de otra.
Muchas persona actuando en conciencia, causan claramente una injusticia sobre otros, por ello no podemos decir que aquel que obra en razón de su conciencia esta actuando bien porque las personas que no tienen conciencia también podría hacerlo todo. Se puede actuar siguiendo la conciencia pero siempre teniendo en cuenta que no se pueden dañar los derechos de los demás.
Actuar en conciencia no nos asegura que lo que estamos haciendo este bien hecho, lo que a nosotros nos parece que es lo que debemos hacer, puede que dañe a los que mas queremos y a los que tenemos mas cerca, en mi opinión debemos actuar en conciencia pero siempre sopesando las consecuencias de nuestra actuación y tener presente si con ella podemos dañar a los que nos rodean. El hombre no puede tener la conciencia a medida de sus necesidades, fabricarse su conducta de forma egoísta porque esto puede afectar negativamente a los demás.
GLORIA GEMA SÁNCHEZ RODRÍGUEZ
CAPÍTULO VII
LO ABSOLUTO O ¿QUÉ CONVIERTE UNA ACCIÓN EN BUENA?
Como el mismo título indica, este capítulo nos ayuda a reflexionar sobre qué es una buena acción.
Decía Kant:”No se puede pensar que exista algo dentro o fuera del mundo que pueda ser tenido sin limitación por bueno, a no ser una buena voluntad”. Siguiendo con este pensamiento una buena voluntad sería la que desea el bien aunque podríamos caer en el error y justificar cualquier tipo de justicia o maldad, sólo porque se ha hecho con buena intención. Sólo se puede llamar buena a la voluntad que se deja obligar por la conciencia, porque es la conciencia la que nos recuerda el conjunto de los aspectos de nuestras acciones y considera la realidad total de su proceder. Por lo tanto, será necesario tener una buena conciencia para hacer una buena acción.
Otra cualidad de un buen acto es hacer justicia a la realidad y hacer justicia a la realidad quiere decir que tratemos a cada hombre como a un ser que, como nosotros mismos, es un fin en sí mismo, porque aunque todos necesitamos de los demás como medio para otros fines, nadie deber ser solamente medio sin ser al mismo tiempo un fin.
También hace buena a una acción el que ésta tenga en cuenta la realidad, y aunque pensemos que tener en cuenta la realidad no nos permite saber qué es lo que debemos hacer, tampoco es que sea muy necesario porque la mayoría de las veces lo sabemos de antemano ya que se deduce de la naturaleza misma de las cosas.
Si no se puede fijar el límite superior de lo que hace buena a una acción porque casi siempre es posible hacer algo mejor de lo que lo hacemos, sí se puede dar un límite inferior. Una acción no es buena cuando se lesiona la dignidad del hombre, que es la cualidad que hace que la persona merezca un respeto incondicional o cuando se utiliza al ser humano como medio para alcanzar otras cosas. Por eso, siempre son acciones malas: la muerte intencionada de un hombre, la tortura, la violación…
En resumen, aunque una buena intención no baste para hacer buena una acción, esta buena acción no es posible si no hay buena intención. Además, cuando una persona obra bien, es porque es buena. No hay buenas acciones sino hombres buenos y lo que hace bueno al hombre es el amor. El obrar sigue al ser. Se obra según se es.
Si se obra según se es, hay hombres que tienen más altura moral que otros, es decir, que pueden, ven y entienden más que los demás. Son los que tienen una conciencia delicada. Y en este aspecto tiene mucho que ver el cristianismo porque no sólo ha inculcado en el hombre el sentido de culpa, sino que ha acrecentado en él el sentido de los valores, nos ha hecho más perspicaces para la realidad y con ello ha limitado las posibilidades de hacer algo injusto o de dejar de hacer algo bueno.
Afortunadamente se dan muchas buenas acciones y no sólo actos heroicos, sino pequeños detalles que facilitran y mejoran la vida de los demás y cada uno de estos comportamientos justifica la existencia del mundo, aunque ni todos las buenas acciones juntas pueden cambiar el hecho de que no haya una sola vida humana que meezca como un todo, ser considerada sin más como buena.
UN SALUDO.
GLORIA GEMA SÁNCHEZ RODRÍGUEZ
TITULADOS. LENGUA EXTRANJERA.
Hola a todos. Voy a comentar las ideas más importantes de los capítulos 6 y 7.
CAPÍTULO VI
EL INDIVIDUO O¿HAY QUE SEGUIR SIEMPRE LA CONCIENCIA?
En este capítulo se nos hace reflexionar acerca de qué es la conciencia, qué hace la conciencia, si siempre tiene razón, si debemos seguirla siempre o si hay que respetar siempre la conciencia de los demás.
Oímos decir:”La conciencia dice a cada uno lo que debe hacer”. Si esto fuera así de sencillo, se solucionarían todas las dudas que vimos en el capítulo anterior acerca de lo que es o no es una buena conducta. Pero no es así de simple.
En general, se denomina conciencia a algo sagrado que existe en todo hombre. Sin embargo, el origen de la llamada conciencia no es igual para todos. Unos dicen que la conciencia es la voz de Dios en el hombre y para otros, la conciencia es un producto de la educación que nos ha hecho interiorizar las normas dominantes. Lo que está claro es que hablar de conciencia es hablar de la dignidad del hombre y saber que el hombre actúa sabiendo la razón por la que lo hace.
Hay que tener en cuenta, que el hombre, ante una actuación, podemos estar sopesando los pros y los contras de la misma, pero que en algún momento hay que decidir. A esta convicción la llamamos conciencia y a pesar de eso, no siempre se tiene la certeza de hacer objetivamente lo mejor, porque la conciencia es el órgano del bien y del mal, pero no es un oráculo. La conciencia nos marca la dirección a seguir, nos permite superar las perspectivas de nuestro egoísmo y mirar lo universal, lo que es recto en sí mismo. Pero para poder verlo hace falta una reflexión y un conocimiento de una justa jerarquía de valores. Si no fuera así, nos equivocaríamos al seguir la conciencia, porque sería una conciencia errónea.
No hay ningún criterio que nos permita distinguir una conciencia verdadera de una errónea, aunque lo más aproximado para distinguir si seguimos la conciencia verdadera o seguimos un capricho es confrontar nuestro propio juicio con el de los demás. Aún así, podría ser no del todo seguro.
También hay que tener claro que tenemos el deber de seguir nuestra conciencia si con ella no lesionamos los derechos de los demás, porque es un derecho de todo hombre, no depender del juicio de conciencia de otro hombre.
En resumen, si tenemos interiorizados una justa escala de los valores e interiorizados los mismos en nuestra conciencia, tenemos que seguirla a la hora de nuestras actuaciones. Ante las dudas que podamos tener, deberemos confrontar nuestras ideas con las de los demás, asegurarnos de que no quitamos derechos a nadie y estar en disposición de atenernos a una desagradable alternativa. Y recordar que la única forma de forzar la actuación contra conciencia es la tortura, porque convierte al hombre en instrumento sin voluntad de otro. Y hablar de conciencia es hablar de dignidad que es lo más sagrado que tiene el ser humano.
¡Buenas noches a todos! En el capítulo VI destacaría los siguientes puntos: Hablar de conciencia es hablar de la dignidad del hombre, hablar de que no es un caso particular de algo general, ni el ejemplar de un género, sino que cada individuo como tal es ya una totalidad, es a lo universal. Los hombres, pueden saber la razón de lo que hacen. Actúan expresamente y en libertad. Con respecto al sentido de su acción si quiero hacer algo que se que puede dañar a otra persona puedo plantearme si es justo actuar así. La conciencia no siempre tiene razón se puede dar la conciencia errónea, hay personas que actuando en conciencia causan a otros una grave injusticia. No hay ningún criterio que nos permita distinguir una conciencia verdadera de una errónea, si lo hubiera nadie se equivocaría. Hay un modo de forzar la actuación contra la conciencia, es la tortura, pero esto está mal, no se debe actuar así. En el capítulo VII Spaemann sigue tratando el tema de la conciencia. La conciencia puede estar mal orientada, no todo lo que se hace en conciencia es bueno. El mayor obstáculo cuando se trata de juzgar objetivamente lo que tenemos que hacer reside en la falta de disposición para poner entre paréntesis nuestros propios intereses NO HAGAS LO QUE NO TE GUSTA QUE TE HAGAN. Un saludo a todos
¡Buenas tarsdes! Os dejo mi resumen del capitulo sexto:
La conciencia debe ser descrita como un movimiento espiritual doble. El primero lleva al hombre por encima de si, permitiéndole relativizar sus intereses y deseos, y permitiéndole preguntarse por lo bueno y recto en sí mismo, y, para estar seguro de que no se engaña, debe producirse un intercambio, un dialogo con los demás sobre lo bueno y lo justo. No hay conciencia sin disposición a formarla e informarla. El segundo movimiento pertenece a la conciencia: por él vuelva de nuevo el individuo a sí mismo. Es el individuo quien goza de responsabilidad, puede obedecer a una autoridad, y aun siendo esto lo correcto y lo razonable, a la postre es él quien debe responder de su obediencia.
El ser humano posee interiorizadas, las normas que nos inculcaron siendo niños y que tuvimos que obedecer, esas órdenes se han vuelto órdenes que nos damos a nosotros mismos.
El “aquí estoy yo, no puedo obrar de otro modo” del que actúa en conciencia es expresión de libertad. No puedo querer otra cosa y tampoco quiero querer otra cosa, es el pensamiento de un hombre libre.
Necesitamos la ayuda de otros para llegar a ser lo que somos, lo que vale también para la conciencia. En todo hombre hay como un germen de conciencia, un órgano del bien y el mal. La conciencia delicada y sensible es característica de un hombre libre y sincero, lo contrario del escrupuloso que tiene, sin que haya culpa mala conciencia, es un hombre enfermo. Para el que está sano, la mala conciencia es señal de culpa, de un comportamiento que se opone al propio ser y a la realidad. Aparece el arrepentimiento que según Max Scheler, no consiste en rebuscar sin sentido en el pasado cuando lo más adecuado sería simplemente tratar de hacerlo mejor en el futuro. Un cambio de actitud significa una especie de dolor por haber actuado injustamente.
La conciencia no siempre tiene razón, no siempre posee la certeza de hacer objetivamente lo mejor. Lo que sí se puede saber es que esa es la mejor solución posible en ese momento y de acuerdo con sus conocimientos, esto basta para una conciencia cierta. La conciencia necesita una idea recta de la jerarquía de valores que no esté deformada por la ideología. El hombre debe seguir su conciencia, lo cual no quiere solo decir que debe hacer lo que tiene por objetivamente bueno, ya que bueno es solo lo que tanto subjetiva como objetivamente es bueno. Hay que respetar la conciencia de los demás en cuanto que, siguiendo a nuestra conciencia, obremos lesionando los derechos de otros, entonces éstos tienen el derecho de impedírnoslo.
Ni siquiera la amenaza de muerte obliga a uno a actuar contra su conciencia, solo hay un modo de hacerlo y es a través de la tortura, que pertenece a los pocos modos de obrar que siempre y en toda circunstancia, son malos.
Saludos.
Paola Recio Zapata
Titulada Madrid
Hola a todos,
Quiero comentar dos reflexiones que hace el autor:
En primer lugar "La conciencia es la exigencia de nosotros a nosotros mismos.
Me parece muy interesante esta afirmación. La conciencia es algo que solo tiene el hombre, gracias a la cual podemos evaluar nuestros propios actos incluso nuestros propios pensamientos. Nos podemos intentar engañar a nosotros mismos. Podemos tratar de engañar a los demás. Sin embargo, la conciencia está presente y no nos engaña. Nos hace en muchas ocasiones chocar con la realidad y nos exige ser sinceros y objetivos con ella y con nosotros mismos.
Por otro lado me parece fundamental ser conscientes de la importancia que tiene la educación de la conciencia. Esta no se forma de manera independiente. Muchos son los factores de los que depende su desarrollo. Se va formando a través de la experiencia, de las vivencias, de las relaciones que vayamos forjando desde la infancia.
En una época en la que es muy complicado mantener una conciencia digna y realista con respecto a la realidad que nos rodea, nosotros como educadores, somos responsables de tan ardua tarea.
Un saludo
Rocío Royo Medina Titulada Lengua Extranjera
En el capítulo 6 Speaman trata de la conciencia y de si siempre se debe seguir lo que nos dicta. Es una continuación del tema anterior. Lo importante que intento destacar es lo que nos dice el autor en cuanto si se debe seguir siempre lo que nos dicta o si por el contrario “puede estar en algún momento equivocada” y así nosotros aunque actuamos según conciencia no tener la certeza de estar siempre haciendo lo mejor. Esto es lo que se llama conciencia errónea nos guía a algo que no es objetivamente bueno. Para ser capaz de discernir es importante tener un conocimiento moral, tener una jerarquía de valores. Es imprescindible una buena formación aparte del uso de la inteligencia
En cambio, cuando a uno se le obliga a actuar en contra de su conciencia, se está lesionando la dignidad del hombre Me gustaría responder a algunas de las preguntas que plantea Consuelo.
¿Qué hace a una acción buena? La acción buena es la que hace justicia a la realidad
¿Es el bien un "ideal"? Es una realidad el bien está en la naturaleza de las cosas
¿Qué relación hay entre bien y "realidad" y "dignidad"?
¿La obligación moral de "hacer el bien" y "hacer lo mejor" se identifican? No aunque a veces el menor mal es hacer lo mejor que se pueda
Una sentencia clásica os hará, seguro, reflexionar "operatur sequitur esse", esto es, "el obrar sigue al ser". Lo que hace a un hombre bueno es el amor con lo que un hombre bueno obrará en consecuencia
Nada de lo que se hace en contra de la conciencia, ni todo lo que se hace en conciencia es bueno; la conciencia no es un oráculo, sino un órgano.
Ni un juez, ni nosotros mismos somos capaces de decir si alguien esta actuando en conciencia. Todo el que actúa tiene, en cierto modo, una buena intención, nadie quiere el mal como tal, todo el mundo desea algo positivo, algún valor, nadie puede obrar si no es por amor de un bien, el mal consiste en la forma de obtener ese bien, y en mi opinión el propio bien en si mismo. No queremos el mal por el mal, pero lo que tampoco podemos hacer es justificar el mal con la buena intención que nos ha movido a ello.
Si todo acto se justifica por esa buena intención, entonces el más inocente seria el que lograse con mayor perfección expulsar de su conciencia los aspectos negativos de su comportamiento. La conciencia dificulta esa expulsión, es una llamada de atención.
Quien actúa mal, no es que no sepa lo que hace, lo que ocurre es que no quiere saberlo, ahí es donde esta el mal.
Lo que hace que una acción sea buena es la bondad y esta puede ser enturbiada por la fuerza del sentimiento momentáneo, la sensibilidad, la ambición, los ideales.
La acción buena es la que hace justicia a la realidad; para juzgar objetivamente lo que tenemos que hacer debemos dejar de lado nuestros propios intereses. Para que una actividad sea buena es decisiva otra cosa y es que hagamos justicia a la realidad y esto significa que debemos tratar al hombre como un fin en si mismo y no como un medio para obtener un fin.
Muchas veces nos quejamos de que los niños no saben apreciar lo que tienen, se aburren, no se distraen con nada…, en el fondo es que no saben apreciar todo lo que tienen porque tienen demasiadas cosas, y muchas veces, sobre todo a los mas pequeños le vemos jugando con una caja de zapatos, un palo que han recogido en la calle…
Podríamos decir que hay hombres buenos y no buenas acciones, lo que hace bueno al hombre es el amor, si enseñamos a nuestros hijos y alumnos a amar al prójimo, seguro que conseguiremos que las acciones que realicen serán mejores, deben aprender a que no deben hacer a los demás lo que no les gustan que les hagan a ellos, deben ponerse siempre en el lugar del otro, sentirse como se siente el otro cuando hacemos algo que les daña. El hombre debe reconocer su culpa y saber pedir perdón, la indulgencia, el perdón y la reconciliación le engrandece, de esta forma reconoce que no es perfecto y que puede seguir creciendo como hombre.
Os dejo mi resúmen del capitulo séptimo:
Todo el que actúa tiene, en cierto modo, una buena intención, nadie quiere el mal como tal. El mal consiste en que, al perseguir ese bien de una manera que no se puede justificar, se cause o se acepte a cambio un mal, la buena intención no cambia en nada la injusticia del acto. Solo se puede llamar buena la voluntad que se deja obligar por la conciencia y considera la realidad total de su proceder, la que no se engaña a si misma refugiándose en una pretendida buena intención.
H.E. Hengstemberg dice que moralidad es lo mismo que realidad, la acción buena es la que hace justicia a la realidad. El mayor obstáculo cuando se trata de juzgar objetivamente lo que tenemos que hacer reside en la falta de disposición para poner entre paréntesis nuestros propios intereses. Por eso, la regla moral más antigua y extendida dice:”No hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti”. Para que una actividad sea buena, además es necesario que en la relación con las cosas, los animales, las plantas y los hombres, e incluso con nosotros mismos se comporte uno de acuerdo con su valor propio, es decir, que hagamos justicia a la realidad
En algunas sencillas situaciones es fácil saber lo que tenemos que hacer, pero la mayoría de las situaciones no son sencillas, sino complicadas en las que las diferentes exigencias se superponen, lo mismo que las diferentes responsabilidades que uno tiene. Aquello de lo que realmente debemos dar cuenta depende de múltiples circunstancias. De manera que no se puede fijar definitivamente el límite superior de lo que hace buena una acción, casi siempre es posible hacer las cosas algo mejor, no podemos estar obligados siempre a hacer lo mejor de lo posible. Lo que sí se puede establecer es un límite inferior y están en las acciones que lesionan la dignidad del hombre, que afectan a su carácter de fin y que no pueden ser justificadas por deberes más altos o responsabilidades más amplias.
Todos tenemos puntos débiles y nadie puede trazar con claridad la línea entre la culpabilidad y la inocencia, porque la inadvertencia en que se fundamenta el mal descansa precisamente sobre la no consideración de algunos aspectos de nuestra acción. Pero existe la posibilidad de que el hombre reconozca la culpa de su propia limitación, apunte la de los demás a su ignorancia y los perdone.
Todas las buenas acciones juntas no pueden cambiar el que no haya una sola vida humana que merezca, como un todo, ser denominada sin más como buena.
Indulgencia, perdón y reconciliación son algo más alto que la justicia.
¡Nos vemos en el último capitulo!
Victoria Benayas.Ed. Infantil
Buenas tardes a tod@s!! En relación al capítulo VI, el autro comienza diciendo que la respuesta a todas las preguntas que nos estamos haciendo a lo largo de estos cinco capítulos, es: la conciencia dice a cada uno lo que debe hacer.
Ante ésta afirmación nos asaltan muchos interrogantes. El término conciencia se utliza en distintos contextos de manera muy diferente, pero cuando hablamos de conciencia es hablar de la dignidad del hombre.
En la conciencia, lo universal, la jerarquía objetiva de los bienes y la exigencia de tenerlos en cuenta vale como nuestra propia voluntad, ya que es una exigencia de nosotros a nosotros mismos.
La conciencia debe ser descrita como un movimiento espiritul doble:
- En primer lugar hace que el hombre esté por encima de sí, permitiéndole relativar sus intereses y deseos, preguntándose por lo bueno y recto en sí mismo. Debe producirse un diálogo con los demás, un intercambio. Porque sino lo que llama conciencia se considera un capricho.
- En segundo lugar hace que el hombre vuelva de nuevo individuo a sí mismo, porque es potencialmente lo universal. El individuo es el que debe decidir cuándo acaba el interminable sopesar y finaliza el discurso, y cuándo procede con convicción, actuar. Dicha convicción la denominamos conciencia.
Si la conciencia no es más que un producto de la educación ni se identifica con el "super yo" de Freud, ¿es quizas algo innato?, no es el caso, pero los hombres que obran por instinto porque no pueden actuar de otra forma de los hombre que obran en conciencia. El hombre es un ser que necesita de la ayuda de otros para llegar a ser lo que propiamente es. Esto vale también para la conciencia.
Me gustaría acabar con lo que escribió Séneca: "Habita en nosotros un espíritu santo como espectador y guardián de nuestras buenas y malas acciones".
Continuo el capítulo VII en el siguiente comentario.
En el capítulo VII, el autor hace referencia a Kanta que escribió: "No se puede pensar que exista algo, dentro o fueradel, que puede ser tenido sin limitación por bueno, a no ser una buena voluntad".
Todo lo que actúa tiene una buena inteciín, nadie quiere el mal como tal. Pero lo buena intención no cambia en nada la injusticia del acto.Pero si todo acto se justificara por esa buena intención, entonces el más inocente sería el que lograse con mayor perfección expulsar de su conciencia los aspectos negativos de su comportamiento. La conciencia es una llamada de atención. Sólo se puede llamar buena voluntad que se deja obligar por la conciencia y considera la realidad total de su proceder. El mal puede definirse como la renuncia a prestar atención. La bondad de un acto tiene que ver con la atención, con una mirada limpia a la realidad.El bien es precisamente lo que no debe ni puede nunca dejar paso a otras cosas.
Kant decía que el hombre no tiene valor sin dignidad , que es aquella propiedad merced a la cual un ser es excluido de cualquier cálculo, por ser él mismo medida de cálculo. Su dignidad radica en que no es una parte, junto a otras, de la realidad, sino que en su conciencia percibe que debe hacer justicia a la realidad como un todo.
Todas la buenas acciones juntas no pueden cambiar el que no haya una sola vida humana que merezca, como un todo, ser denominado sin más como buena. Todos necesitan indulgencia, e incluso, quizás perdón. Y esa indulgecnia, perdón son algo más alto que la justicia.
Nos vemos la semana que viene en el último capítulo.
Un saludo, Victoria.
Ideas principales del capitulo VI donde Spaeman trata el tema de la conciencia:
La conciencia implica la dignidad humana, pues los hombres, al contrario que los animales, pueden saber la razón de lo que hacen, actúan en libertad con respecto al sentido de su acción. ¿Que es la conciencia? ¿que es bueno o malo? La conciencia, debe ser descrita como movimiento espiritual doble, por un lado lleva al hombre por encima de sí, permitiéndole relativizar sus intereses y deseos, y permitiéndole preguntarse por lo bueno y recto y por otro lado debe buscar un dialogo con los demás sobre lo bueno y lo justo para no engañarse.
También es necesario formar la conciencia, sin esta disposición no se puede hablar de conciencia.
Se puede decir que la conciencia es fruto de la educación que nuestros padres nos han dado, poseemos ineriorizadas las normas que se nos inculcaron desde la niñez y que tuvimos que obedecer. Esas órdenes ahora son las que nos damos a nosotros mismos.
La conciencia es un producto del actuar consciente y libremente, no es un producto de la educación ni algo innato.
La conciencia no siempre tiene razon, es en el hombre el órgano del bien y el mal pero no es un oráculo, es decir, nos marca la dirección, nos permite mirar lo que es recto en sí mismo. Para poder verlo, necesita de la reflexión de un conocimiento real, necesita de la jerarquía de valores que no esté deformada por la ideología.
Todo el mundo debe seguir su conciencia, aunque ésta sea errónea. No hay ningún criterio que nos permita distinguir una conciencia verdadera de una errónea, porque si lo hubiera, nadie se equivocaría.
Hola a Tod@s!
Quisiera, a continuación, expresar mis anotaciones tras esta lectura.
Tomando la conciencia como aquello que nos dice a cada uno lo que debemos hacer, a pesar de caer en la simplicidad; si que es más oportuno quizá hablar de conciencia como dignidad del hombre, en cuya totalidad se entiende a cada individuo tal como es, como algo “universal”.
El hombre, como sujeto que sabe la razón de lo que hace y actúa en libertad, no queda a merced de un mero impulso que le haga actuar en base a su instinto. Quizá por eso sea la conciencia una exigencia de nosotros a nosotros mismos con la disposición creada para formarla e informarla, incluso sin hacer oídos sordos y apartar la vista de aquellas aportaciones de los otros que tal vez se fijen en aspectos que uno mismo no haya notado. De este modo, una acción no estará nunca y de ninguna manera justificada en el conjunto de sus consecuencias.
Aún siendo la conciencia innata o como producto de la educación recibida, nuestro obrar debe ser libre y carecer de arrastre, pero no por ello el hombre dejará de ser un individuo que precise de la ayuda de los otros para llegar a ser lo que propiamente es.
Si la conciencia es en nosotros el órgano del bien y del mal, nos guía en el camino pudiendo superar las perspectivas de nuestro egoísmo, mirando a lo universal para seguir la dirección de lo que es recto en sí mismo, porque lo realmente bueno es sólo lo que tanto objetiva como subjetivamente es bueno. Y nuestra conciencia no se verá dañada si a uno se le impide hacer lo que ella manda, puesto que ese ejercicio no está bajo su responsabilidad.
No es bueno nada de lo que se haga contra la conciencia, del mismo modo que no lo es todo aquello que se haga en conciencia, de tal manera que si el hombre se dirige al bien, sigue aquello que a él le parece bien pero sin estar libre de duda al respecto. En consecuencia todo el que actúa lo hace por una buena intención, intentando hacer justicia a la realidad y conservando su dignidad y el respeto hacia uno mismo sin quedarnos ciegos para apreciar el valor de las cosas.
Aunque al género humano se le hace en parte responsable de todas las consecuencias de sus actos y omisiones, siempre es posible algo mejor de lo que ya hace, pues bien es cierto que no todo aquel que dice la verdad actúa por eso bien, pues no basta la buena intención para lograr una buena acción, llegando a la máxima de que el obrar sigue al ser y deduciendo la necesidad de habérselas bien con uno mismo para poder vivir bien, de la misma forma que se expresa “Dónde hay más luz, se destacan también más claramente las sombras”.
Este final del capítulo 7 con su “agere sequitur esse” ha dado por cerradas mis dudas creadas a lo largo de dicha lectura, aclarando además puntos de capítulos anteriores con afirmaciones tales como “No sólo existe la justicia, existen también la reconciliación y el perdón” y “Las heridas del espíritu curan, sin dejar cicatrices”.
Un saludo.
María Moral.
Lengua Extranjera.77277
Natalia Naveda Campos, titulada 2º de Infantil.
Hola a todos! En el capítulo 6 Spaemann habla sobre la conciencia. Hacia el final, nos habla de la diferencia entre no dejar actuar en conciencia y obligara a actuar en contra de la conciencia. No es lo mismo. En el primer caso, la conciencia no es herida si se le impide a uno hacer lo que ella manda, ya que ese obstáculo no cae bajo su responsabilidad. Cuando a alguien se obliga a actuar contra su conciencia se lesiona la dignidad del hombre. Dice Spaemann que ni siquiera la amenaza de muerte puede obligar a alguien a actuar contra la conciencia. Nadie puede arrebatarme mi libertad interior. Pero se puede forzar a alguien a actuar contra su conciencia mediante la tortura, que convierte a un hombre en instrumento sin voluntad de otro.
Natalia Naveda Campos, Titulada 2º de Infantil.
Me gustaría responder a la pregunta de si Hitler actuaba en conciencia. Yo creo que sí, pero era una conciencia errónea que causó muchas injusticias, como los campos de exterminio. Lesionó los derechos de otros por tanto fue justo que los norteamericanos entraran en la guerra para ayudar a los aliados y así poder detener a Hitler.
Ideas principales del capitulo VII:
¿Qué es lo que hace que una acción sea buena? La bondad de un acto tiene que ver con la atención, con una mirada limpia a la realidad que puede ser enturbiada por la fuerza del sentimiento momentáneo, la sensibilidad, la ambición, los ideales.
El bien no debe ni puede dejar paso a otras cosas.
El mayor obstáculo cuando se trata de juzgar objetivamente lo que tenemos que hacer reside en la falta de disposición para poner entre paréntesis nuestros propio intereses. Por eso, la regla moral más antigua y extendida dice: "No hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti"
Otra cosa que hace que una actividad sea buena es que se comporte uno de acuerdo con su propio valor, que hagamos justicia a la realidad, es decir, tratar a cada hombre como un ser que es un fin en sí mismo.
Lo que hace buena una accion es que tenga en cuenta la realidad. Podemos pensar que tener en cuenta la realidad no nos permite saber qué es lo que debemos hacer, pero no es muy necesario porque la mayoría de las veces lo sabemos de antemano ya que se deduce de la naturaleza misma de las cosas.
Si no se puede fijar el límite superior de lo que hace buena a una acción porque casi siempre es posible hacer algo mejor de lo que lo hacemos, sí se puede dar un límite inferior. Y esque hay acciones que lesionan la dignidad del hombre, que afectan a su carácter de fin, y que no pueden ser justificadas. De ahí deriva que, son siempre malos la muerte intencionada de un hombre, la tortura, la violación…
Las fronteras inferiores de lo permitido no definen el proceder bueno. No todo el que dice la verdad actúa ya por eso bien, la buena intención no basta para hacer buena una acción. Se dan muchas buenas acciones, en cosas sencillas y cada uno de esos comportamientos son los que justifican la existencia del mundo.
Lo qu ha son hombre buenos y no buenas acciones. Lo que hace bueno a un hombre es el amor. Es una actitud de fundamental afirmacion de la realidad; de ahí brota una universal benevolencia.
Hay algunos hombres con una conciencia más delicada, la discrepancia entre lo que ven y lo que hacen es tan garnde que les hace sufrir.
El cristianismo ha acrecentado el sentido de los valores, nos ha hecho más perspicaces para la realidad, y con ello ha limitado las posibilidades de hacer algo injusto, o de omitir algo bueno. Donde hay más luz, destacan más las sombras. Unido al sentimiento de culpa está la reconciliación y el perdón.
Hola, buenas noches a todos.
Estos dos capítulos me han gustado mucho y me han parecido más accesibles, quizás si cabe, que otros anteriores.
Todo el capítulo VI, gira en torno a la idea de la conciencia del ser humano. En resumen en el libro, como idea general de este tema, aparece la idea de que la conciencia dice a cada uno lo que debe hacer, básicamente la considera como un órgano del bien y del mal, pero obviamente no es un oráculo.
Es decir. Según el libro, la conciencia nos marca la dirección a seguir, enfocada siempre hacia lo universal, hacía lo que es recto en sí mismo y basada en una reflexión de un conocimiento real y moral. De acuerdo con el autor, el hombre debe actuar siempre de acuerdo con su conciencia, según lo que sea bueno para él o lo que el tenga como objetivamente bueno.
Lo que ocurre es que a veces la conciencia es errónea, con lo cual, algunas personas que actúan en conciencia, están haciendo mal a otras e incluso lesionando sus derechos humanos.
El capítulo VII, aparecen varias ideas importantes que voy a comentar:
Cuando aparece la idea del mal, el autor expone que esa idea radica esencialmente cuando una persona actúa sin querer saber si realmente lo está haciendo mal o no. Sin embargo en contrapartida, el bien tiene que ver con un acto relacionado con la atención y con una mirada hacia la realidad.
También en el libro aparece la idea del bien como algo que no puede esperar, que no debe dejar paso a otras cosas. Entonces, cualquier valor o contenido, que en determinadas circunstancias se sitúe frente a valores más altos, debe dejar paso a las tareas más urgentes o fundamentales. De ahí que la moralidad no sea algo accidental, sino algo que debe ser, enfocado desde un punto de vista lógico o del sentido común.
En este sentido, la moralidad es lo mismo que realidad tal como describe el filósofo H.E. Hegnstemberg. "La acción buena es la que hace justicia a la realidad".
Seguidamente aparecería también la idea de la dignidad del ser humano, reflejada como: que la dignidad del hombre, radica en que no es una parte, junto a otras, de la realidad, sino que en su conciencia percibe que debe hacer justicia a la realidad como a un todo: como ser potencialmente moral, la persona merece un respeto incondicional.
Y continuando con la idea del bien y del mal, el autor expone que no habría límites superiores, en cuanto al tope de una buena acción porque, éste siempre es superable, sin embargo si los habría respecto a sus fronteras inferiores, porque hay acciones que nunca se deben hacer, porque lesionan la dignidad del ser humano y no estarían nunca justificadas ni por responsabilidades más amplias ni por deberes más altos.
Saludos.
ALICIA CORDOVILLA SANTIUSTE
MAGISTERIO EDUCACIÓN INFANTIL
Me ha resultado interesante leer sobre un tema tan sugestivo y tan “poco de moda” como el la conciencia. “La conciencia es una exigencia de. El hombre sabe la razón de lo que hace. Actúa en libertad y en consecuencia, en función de lo bueno y lo recto en sí mismo.
La conciencia no siempre posee la certeza de hacer objetivamente lo mejor. De esto sabemos mucho los padres y los educadores, hacemos, aconsejamos, actuamos, considerando que lo mejor que podemos hacer, aconsejar o actuar, lo hacemos en conciencia.
Del mismo modo tenemos un papel importante en la formación de la conciencia de los niños. Según se comenta en el libro, en “todo hombre hay un germen de conciencia”, los niños tienen un sentido muy afinado de la justicia. Pero es necesario que vean en los adultos de referencia los valores considerados como buenos y rectos. De ahí el papel tan importante que jugamos los educadores (familia, profesores…)
Y cuando, libremente, actuamos en contra de nuestra conciencia surge la “mala conciencia”, el “sentido de culpabilidad”. Por lo general buscamos excusas para desembarazarnos de estos sentimientos, sin embargo, si reconocemos nuestro error surge en nosotros el arrepentimiento. El arrepentimiento no implica un razonamiento puramente racional, sino que implica lo emocional, un cambio de actitud al reconocer haber actuado injustamente.
En el capítulo se hace una pregunta (entre otras muchas) muy interesante ¿Hay que seguir siempre la conciencia? La conciencia nos marca la dirección de lo que es recto (es en el hombre el órgano del bien y del mal”) pero no siempre tiene razón. Para poder descubrir lo que es recto en sí mismo se requiere de la reflexión de un conocimiento real, de un conocimiento moral, de una jerarquía de valores que esté deformada por la ideología.
A pesar de ello, en ocasiones, aunque se actúe según la conciencia podemos causar daños sobre otras personas (la conciencia puede estar mal orientada). Sapeman afirma que no existe un criterio para distinguir entre una conciencia verdadera de una errónea y que podemos saber si estamos actuando a conciencia siempre que estemos dispuestos a confrontar el propio juicio con el de los demás.
El capítulo VII comienza con la exposición de que todos buscamos algo positivo con nuestras actuaciones, nadie desea el mal por el mal. En ocasiones lo aceptamos como precio para conseguir un fin bueno. Sin embargo, quiero pensar que, cuando comprobamos que nuestras acciones, (aquellas que realizamos pensando que hemos actuado correctamente), han ocasionado daño o injusticia, somos capaces de reconocer ese error y rectificar. Estoy de acuerdo con el autor cuando manifiesta que aquel que actúa mal, no es que no sabe lo que hace, sino que simplemente no quiere saberlo (excluyendo, por supuesto, aquellos casos que por enfermedad no son capaces de distinguir entre lo bueno y lo malo), que se niega a dirigir la atención a las consecuencias que sobre otros tienen las acciones que realizamos.
Me hace pensar, por ejemplo, cuando como educadores buscamos que los niños aprendan y lo enfocamos únicamente a la adquisición de conceptos e impartimos una clase magistral en la que exponemos “todo” lo que el niño debe aprender. Por supuesto que nuestra acción tiene un fin bueno, sin embargo no estamos permitiendo que ellos adquieran los conocimientos por sí mismos. Esto puede provocar que los niños no “aprendan a aprender” y tener consecuencias negativas en sus aprendizajes futuros. Por supuesto que en el libro el autor propone ejemplos más drásticos, que con toda seguridad clarifican mejor los argumentos (como el ejemplo del terrorismo o la inquisición), pero me interesaba verlo desde la perspectiva de la educación.
Gemma Barreda Marina
2º Primaria
Cap. 6
Lo primero que plantea en el capítulo 6 es que se entiende como conciencia y se dice “La conciencia dice a cada uno lo que debe hacer”, como diría Pepito grillo en la película de “Pinocho” de Walt Disney”esa débil voz interior que nadie escucha, por eso el mundo va tan mal”. Más adelante leemos en el capítulo que hablar de conciencia es hablar de dignidad del hombre de una manera universal.
Como también vemos en la película “Pinocho” el hada transforma un muñeco de madera dotándolo de razón, debe aprender a distinguir el bien del mal; no ha alcanzado todavía su plenitud que será cuando sea un niño de verdad. Para ello Inmediatamente el hada le dota de una conciencia, un grillo, un amigo, para hacerle entender y discriminar lo bueno de lo malo para que pueda ser humano. El hada dice al grillo “Serás la conciencia de Pinocho señor guardián del bien y del mal, consejero en los momentos de tentación y guía en la estrecha senda del bien”.
En el cuento de Pinocho, no seguir su conciencia no solo hace daño a su padre, si no que por ello pierde su libertad; enjaulándolo, su dignidad; le crece la nariz al mentir, sino que se embrutece, acercándose más al ser animal, pues se va convirtiendo en burro y alejándose de su ideal de niño.
Son fundamentales las dos vertientes que señala el autor de la conciencia, la que lleva al hombre por encima de sí mismo, pudiendo relativizar sus gustos y deseos, preguntándose por lo bueno y lo recto en sí mismo. Y para no engañarse producir un dialogo con el “otro” sobre lo bueno y lo justo, sin abdicar de su propia responsabilidad.
Además la conciencia debe ser formada y ejercitada, escuchada y seguida para que no pierda finura y acierte; consiguiendo un hombre cada vez más libre, sincero y coherente. Por ello podemos afirmar que la conciencia no siempre tiene razón. Puede ocurrir, siguiendo con el paralelismo de Pinocho que al no seguirla o formarla el hombre se vaya transformando, Como Pinocho se deforma en burro.
Gemma Barreda Marina
2º Primaria
Cap. 6
Lo primero que plantea en el capítulo 6 es que se entiende como conciencia y se dice “La conciencia dice a cada uno lo que debe hacer”, como diría Pepito grillo en la película de “Pinocho” de Walt Disney”esa débil voz interior que nadie escucha, por eso el mundo va tan mal”. Más adelante leemos en el capítulo que hablar de conciencia es hablar de dignidad del hombre de una manera universal.
Como también vemos en la película “Pinocho” el hada transforma un muñeco de madera dotándolo de razón, debe aprender a distinguir el bien del mal; no ha alcanzado todavía su plenitud que será cuando sea un niño de verdad. Para ello Inmediatamente el hada le dota de una conciencia, un grillo, un amigo, para hacerle entender y discriminar lo bueno de lo malo para que pueda ser humano. El hada dice al grillo “Serás la conciencia de Pinocho señor guardián del bien y del mal, consejero en los momentos de tentación y guía en la estrecha senda del bien”.
En el cuento de Pinocho, no seguir su conciencia no solo hace daño a su padre, si no que por ello pierde su libertad; enjaulándolo, su dignidad; le crece la nariz al mentir, sino que se embrutece, acercándose más al ser animal, pues se va convirtiendo en burro y alejándose de su ideal de niño.
Son fundamentales las dos vertientes que señala el autor de la conciencia, la que lleva al hombre por encima de sí mismo, pudiendo relativizar sus gustos y deseos, preguntándose por lo bueno y lo recto en sí mismo. Y para no engañarse producir un dialogo con el “otro” sobre lo bueno y lo justo, sin abdicar de su propia responsabilidad.
Además la conciencia debe ser formada y ejercitada, escuchada y seguida para que no pierda finura y acierte; consiguiendo un hombre cada vez más libre, sincero y coherente. Por ello podemos afirmar que la conciencia no siempre tiene razón. Puede ocurrir, siguiendo con el paralelismo de Pinocho que al no seguirla o formarla el hombre se vaya transformando, Como Pinocho se deforma en burro.
Gemma Barreda Marina
2ºPrimaria
Cap 7
En el capítulo 7 el autor da un paso más y nos plantea ¿Qué convierte una acción en buena?
Para ello el hombre no solo se puede guiar con la buena intención o por la conciencia, sino que debe prestar verdadera ATENCION tener una verdadera mirada limpia sobre la realidad y en ella a los demás.
Una máxima que se lleva siguiendo desde años inmemoriales y que es infalible es “no hagas al otro lo que a ti no te gustaría que te hiciesen” haciendo justicia a la realidad; una gran regla para las posibles dudas de conciencia en lo referente al trato con el “otro”. Aun así hay algunos casos que existe conflicto entre nuestros intereses y los de los demás o que no están claros los límites. El autor nos introduce en una realidad más profunda afirmando:” lo que hay son buenos hombres no buenas acciones” o lo que decían los filósofos griegos “el obrar sigue al ser”, que en la tradición cristiana es el amor. Existiendo diferentes rangos en el ser humano según sepan sensibilizarse con el otro o sepan “mirar” la realidad.
Miriam Puertas (Ed. Infantil titulados)
Buenas noches:
Después de todo lo dicho por mis compañeros, quedan pocas cosas más que aportar, pero yo voy a centrarme en una pregunta que me llama la atención:
¿Basta con tener buena voluntad para acertar?
Opino que no siempre. Muchas veces se pueden realizar acciones con la mejor intención del mundo, pero que hieren y atentan contra alguien, no lo pretendíamos, es verdad, pero lo hemos provocado, con lo que nuestras buenas intenciones se han visto anuladas por las consecuencias que hemos propiciado.
Por otro lado, el pretexto de las buenas intenciones podría valer como "escudo" de verdaderas maldades o injusticias, ya que la/a persona/s que las cometiera podría aludir que el que tiene buenas intenciones siempre hace lo correcto, con lo que estaría amparado.
Sin embargo, en otras ocasiones pueden tenerse en cuenta, como atenuante, las intenciones que propiciaron el hecho: puede ser que una amiga coja unas fotos mías sin pedirme permiso (cosa que no me gusta nada) pero que lo haya hecho para hacerme un montaje por mi cumpleaños, con lo cual no me enfadaré porque no lo hizo con mala intención, sino al contrario.
Por último, hay que contemplar la opción de que muchas veces teniendo buena intención las cosas salen bien, acertamos.
Por eso, a modo de resumen, me gustaría decir, que en estas cuestiones no se puede ser tajante, no se puede decir o negro o blanco, sino, que hay una gran variedad de grises, dependiendo de cada situación concreta se podrá valorar si se acierta o no se acierta.
ANTONIA JIMÉNEZ RAMÍREZ
La conciencia es algo sagrado existente en todo hombre y que debe ser respetado. Los hombres pueden saber la razón de lo que hacen. Actúan en libertad y pueden preguntarse lo justos que son sus actos y si pueden responder de ellos. No es cierto que lo que deseamos esté en contradicción con lo bueno y lo correcto. La conciencia actúa como una propia exigencia para no realizar acciones malas. De esa forma se evitará dañarnos a nosostros mismos a través de la mala conciencia.
La mala conciencia puede suponer una enfermedad para aquel que no tiene sentido de culpabilidad. Para alguien sano, la mala conciencia es una señal de culpa, de un comportamiento que se opone al propio ser y a la realidad. A todo esto lo llamamos arrepentimiento. No podemos cambiar el pasado así que habrá que realizar un cambio consciente en nuestras malas actitudes. Ese cambio nos producirá dolor por haber actuado injustamente.
La conciencia no siempre tendrá razón. Puede que nos haga cometer una injusticia al tratar de actuar en conciencia. Es necesario disponer de un conocimiento de la jerarquía de valores para actuar de forma correcta y buena. Si existiese una conciencia verdadera nadie se equivocaría. Se puede respetar la conciencia de otras personas siempre que no lesione los derechos de los demás.
Nada de lo que se hga contra la conciencia es bueno, aunque no todo lo que se hace en conciencia es bueno. Todo el que actúa tiene una buena intención, porque nadie quiere el mal. Al perseguir el bien de una manera injustificada, se puede acabar aceptando el mal. La buena acción no hace que el acto deje de ser injusto. La conciencia dificulta la expulsión de los aspectos negativos de una acción y nos los recuerda como llamada de atención. Quien actúa mal lo hace porque no quiere saberlo. Es ahí donde se refugia el mal.
Una acción es buena si la bondad de un acto tiene que ver con una mirada limpia a la realidad. El bien es lo que no debe ni puede perderse dejando paso a otras cosas. El mayor obstáculo cuando se trata de juzgar lo que tenemos que hacer reside en la falta de disposición para dejar a un lado nuestros propios intereses.
Para que una actividad sea buena hay que tratar a cada hombre como un ser que es como nosotros. Hay que tener en cuenta que necesitamos de los demás para distribuir los trabajos en una correcta civilización.
La dignidad hace que debamos respetarnos a nosotros mismos. Este respeto exige hacer justicia a todo lo que nos rodea. Hay que respetar a los animales y a los objetos. Destruirlos debe tener una justificación.
Una buena acción debe tener en cuenta la realidad. Esta reflexión no nos permite saber qué es lo que tenemos que hacer, pero no es necesario ya que sabemos de antemano lo que tenemos que hacer. Se pueden dar casos conflictivos al encontrarnos con situaciones complejas. Por eso decimos que una buena acción es aquella situación en la que podemos hacer algo mejor que lo que uno hace. Si nembargo no estamos obligados siempre a hacer lo mejor de lo posible. Sí debe darse un límite inferior que delimite lo bueno de lo malo de una acción. Las fronteras inferiores de lo permitido no definene el proceder bueno.
Irene Sánchez. L.extranjera
Hola a todos, en las siguientes líneas comentaré el tema de la conciencia que es el que tratamos esta semana.
En los capítulos anteriores se habló de las acciones buenas y malas y de qué considerábamos bueno o malo, ahora trataremos el tema de la conciencia, de la cual, se podría decir que dice a cada uno lo que debe hacer.
Sin embargo, no es fácil definir esta palabra de una forma tan simple y sencilla, ya que se utiliza en contextos muy variados.
Me gustaría destacar, el siguiente enunciado que leemos en el capítulo: “ Hablar de conciencia es hablar de dignidad del hombre…cada individuo como tal es ya una totalidad, es ya lo universal” esto podríamos explicarlo, diciendo que la conciencia, lo universal, y la objetividad de los bienes y de tenerlos en cuenta, vale como nuestra voluntad.
Como se menciona en el texto y se expresa de forma sencilla, la conciencia es una exigencia de nosotros a nosotros mismos, y eso es totalmente verdad, nosotros nos exigimos y cuando hacemos algo mal, nuestra conciencia nos lo dice.
La conciencia se describe como un movimiento espiritual doble:
Primero: lleva al hombre por encima de sí, permitiéndole relativizar sus intereses.
Segundo:vuelve de nuevo el individuo a sí mismo, no puede abdicar en otros su responsabilidad.
Me gustaría finalizar el comentario, resaltando la siguiente frase de Séneca : “ Habita en nosotros un espíritu santo como espectador y guardián de nuestras buenas y malas acciones”.
Buenas noches a todos,
Coincido en general con vuestros resúmenes, pero me gustaría puntualizar algunas ideas propias. Si bien la conciencia, como instancia racional, que nos permite ver la naturaleza buena o mala de las acciones, no es un oráculo que nos guía en todo momento, de manera clara hacia un determinado sentido. La conciencia es propia de la dignidad del ser humano, conforme a su raciocinio y conocimiento objetivo de la verdad. La bondad y la justicia caminan de la mano, aunque lo bueno no lo es ilimitadamente para todo el mundo en todas las situaciones. El hombre ha de trascenderse a sí mismo, y pensar en los intereses ajenos, y la forma de conciliarlos con los propios, sin faltar a la dignidad, ni de ellos ni la propia. En caso de duda, lo común es buscar el mal menor, pero el mal menor sigue siendo un mal. Lo verdaderamente honesto, es buscar el bien posible, es decir, hacer justicia a la realidad de la forma más universal posible. Parece que, si estamos dispuestos a postergar nuestros intereses, es casi seguro que no estamos claudicando ante nuestros caprichos.
La buena intención no siempre es un buen indicador de la bondad de una acción, aunque no exista dolo, hemos de responsabilizarnos de nuestros actos, y de las consecuencias que se derivan de ellos, pero no hasta el infinito, pues no podemos responder eternamente de las consecuencias de nuestros errores. El obrar sigue al ser, podría identificarse con: por sus obras los conoceréis, y también con el principio evangélico que afirma que todo lo externo al hombre no es lo que le ensucia, son las malas intenciones las que malogran las acciones humanas. Nadie puede vivir en guerra con su conciencia por mucho tiempo sin perder la salud mental. Así que, si no vives como piensas, acabarás pensando como vives: acomodarás tu discurso y tu forma de actuar a la tendencia que te vienes marcando con tu proceder.
Coincido con Maite, en afirmar que contrastar tu conciencia con la de alguien ciertamente formado y de pública recta conciencia, puede ayudarnos a salir de dudas, pero no se trata de aceptar como dogma de fe, sus consejos sin contrastarlos con nuestra propia visión interior. Es responsabilidad de los educadores formar el germen de conciencia que compaña al niño desde su infancia, desde un discurso coherente y una actuar ejemplar, que sirva de referente para que él forme una recta jerarquía de valores, a los que adherir su voluntad.
Colocarnos en el lugar de otros antes de actuar o juzgar, practicar la indulgencia con las faltas ajenas y las propias, cuando no son fruto de la pura desidia y apatía, nos prepara para estar dispuestos a mejorar, y a esperar lo mejor de otros y de nosotros mismos.
Un saludo y hasta pronto
Paula Rodríguez Estaún.
Buenos días a todos!
-El individuo o ¿hay que seguir siempre a la conciencia?
Hablar de conciencia es hablar de la dignidad del hombre, cada individuo como tales ya una totalidad “lo universal”. Los hombres pueden saber la razón de lo que hace y porqué. Actúan expresamente y con libertad con respecto al sentido de su acción.
La conciencia es la presencia de un criterio absoluto en un ser finito. No hay conciencia sin disposición a formarla e informarla. El hombre es un ser que necesita la ayuda de otros para llegar a ser lo que es. En todos los hombres hay como un germen de conciencia, un órgano del bien y del mal.
La conciencia delicada y sensible se caracteriza por tener esa persona u interior libre y sincero, en lugar de contemplar lo bueno y lo recto, se observa siempre a si mismo y analiza siempre con angustia cada uno de sus propios pasos.
La conciencia no es herida si se le impide a uno hacer lo que ella manda ya que no cae bajo su responsabilidad. Se puede encerrar a un hombre que quiere mejorar el mundo por medio del crimen.
-Lo absoluto o ¿Quién convierte una acción en buena?.
Todo el que actúa, en cierto modo, lo hace con una buena intención, nadie quiere el mal como tal. Siempre se desea algo positivo.
Quien pretende hacer algo que no debería hacer ni quiere hacer, intenta desviar esa acción negativa y dirigirse a la positiva. ¿Qué es lo que hace que una acción sea buena? La bondad de un acto tiene que ver con la atención, con una mirada limpia.
El bien no debe dejar paso a otra cosa.
Que tengáis buen día.
¿Qué hace a una acción buena?
Aquella que acción que va en correspondencia con lo que dicta la conciencia y en la cual hay ausencia de mal.
¿Qué es lo bueno, qué es el bien?
La ausencia de mal. Aquello que no provoca una consecuencia que pueda ser mala en los demás. Así se transforma en algo que es bueno, porque es justo, me place y me interesa.
¿Es el bien un "ideal"?
Sí, porque el bien es algo heterogéneo y etéreo que es único y propia a la persona que se dicta por unos valores, que son inculcados de manera externa a dicha persona, en la mayoría de los casos, los padres.
Todo esto se parece un poco a la ética kantiana
1. " Obra sólo según una máxima tal, que puedas querer al mismo tiempo que se torne en ley universal."
2. " Obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin y nunca solamente como un medio."
3. "Obra como si por medio de tus máximas fueras siempre un miembro legislador en un reino universal de los fines".
4. "Obra de tal forma que seas digno de ser feliz."
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